Bill:
Durante el funeral no solté a mi pequeña angelito... y, aunque veía el cuerpo de la que había sido mi vida... ni una lágrima cayó por mis mejillas. Ni un sentimiento de tristeza ni desesperanza... nada. Sólo un vacío en el pecho... pero eso era normal: el lugar que había estado ocupando mi corazón estaba vacío, porque a ella se lo había obsequiado y se lo había llevado a la tumba.
Dejé a los chicos a media ceremonia, sin decir nada.
Si no podía demostrar lo destrozado que debería estar, no valía la pena quedarme.
Llevé a nuestra bebé conmigo y, ya en casa, paseé la mirada or las paredes, viendo las pocas fotografías que teníamos de Cristal... de la chica de mis sueños.
Ángel alargó su manita hasta tocar mi rostro. Le ví sin dibujar ningún gesto, hasta que balbuceó y clavó su dulce mirada en mis ojos. -¿Qué pasa, pequeña? ¿Extrañas a tu mamá?- como respuesta movió su mano, como si señalara una fotografía tomada a los pocos días que ella nació, donde los tres nos veíamos tan felices... -Sí... la extrañaremos demasiado, ¿verdad?- seguía viendo la fotografía. -Ya no la veremos, pero... siempre estará con nosotros, ¿no, cielo?
"Siempre."
Me parecia escuchar su voz a mis espaldas.
Me giré, sólo para descubrir que estábamos solos. -¿Lo ves, nena? Tu papá no llora, pero ya empieza a enloquecer.- Ángel rió, fijando la vista en uno de los muros, como si viera a alguien. -¿Qué ves, nena?- nada. Aunque no había nada, ella seguía riendo.
-Bien, vamos, ya empieza a anochecer... supongo que tienes sueño ¿verdad?- subí las escaleras, dejándola en su cuna, a un lado de mi cama... la que fuera nuestra cama.
Maldición. Extrañaba a Cristal... demasiado. Y yo sin poder llorarle.
Me recosté, clavando la vista en el techo. Recordando los momentos que vivimos juntos.
Los días pasaron: Yos llegó en cuanto pudo, dándome el pésame y haciéndose cargo de Ángel y de Cami, para mudarse a unas casas después y así, poder estar al tanto de nosotros.
Abii y su padre llegaron una semana después de ella. La pequeña monstruo de mi hermano estaba destrozada por la noticia... y no paraba de llorar en sus brazos.
Yo las veía: tan tristes sin ella... era extraño verlas.
Yo no pude sonreír en mucho tiempo... y las sonrisas para las entrevistas eran falsas.... tan falsas que hasta las fans lo notaban con demasiada facilidad.
David y los chicos trataron de hablar conmigo y hacerme salir de mi eterna melancolía, pero no lograron nada.
Parecía que sólo estando con mi pequeña, que era lo único que me quedaba de mi adorada Cristal, me sacaba un poco de eso.
Ella, nuestra pequeña angelito, tomaba la apariencia de su madre con el pasar del tiempo: hermosa y sonriente siempre...
EN TUS SUEÑOS
miércoles, 24 de agosto de 2011
sábado, 13 de agosto de 2011
"Adiós"
Bill:
Las cosas jamás puedes ir como quisieras. La vida es tan injusta, que te arrebata la poca felicidad que tenías en los momentos menos esperados. Yo lo sabía, pero... no quería aceptar que esa regla se aplicaba también a mí.
Después de haberle llevado las rosas... ya no le quedaban fuerzas para levantarse siquiera. Sus energías se habían acabado en un día... y me era tan triste verla así: abatida y derrotada.
No dijimos nada más. Nos acomodamos uno junto al otro y en todo el día, ninguno salió de la habitación.
Varias veces tocaron a la puerta, pero supe alejarlos diciéndoles que todo estaba bien... como me hubiese gustado que fuera verdad.
Incluso en esos momentos no teníamos a nuestra bebé cerca. Sólo éramos ella y yo. La que se había convertido en mi mundo... y yo: un tonto enamorado que se moriría sin ella.
-Cielo...- su voz apenas se oia. -... antes de que me... vaya...- sus palabras me erizaron la piel. -...tienes que prometerme algo.
-Lo... lo que sea, amor.- mi voz se quebraba... no quería hablar, sólo admirarla, pero... tenía que hablarle, para saber que seguía conmigo.
-Tienes que cuidar muy bien de nuestro angelito.- la ví: sonreía. A pesar del dolor y de que la vida se le escapaba, sonreia y estaba... tranquila. Cuánta fortaleza tenía... y yo, muriéndome por dentro junto con ella. -Y... Bill: no te quedes solo.
-No lo estaré. Tengo a mi hermano y a mi bebé.. ¿no?
-No me refiero a eso. Tendrás que buscar a alguien más.
-No. ¿Reemplazarte? Jamás.
-No puedes cuidar tú solo a nuestro angelito.- no dije nada. -Alguien entrará a tu vida... y serás feliz, como antes.
-No...
-Yo la eligiré con cuidado, tranquilo. No quiero que te quedes solo... no así.- hubo unos minutos de silencio. -Y, Bill... cuida de mi hermana.- Una lágrima resbaló por mi mejilla.
-Lo juro.- besé su cabeza.
Ya no hubo palabras de por medio; sólo silencio.
Nos quedamos dormidos, sin atender a nadie, yo aferrado al cuerpo de Cristal, como si así pudiera evitar el inminente final.
Al despertar en al mañana y sentir el frío de su cuerpo, le ví al rostro, admirando sus facciones y apreciar la sonrisa con la que había partido.
Estaba muerta, sí. Mi amada Cristal... la chica de mis sueños había fallecido en mis brazos, en completa calma.
¿Qué más podía decir? Habíamos tenido lo que muchas parejas no tienen: disfrutamos hasta los últimos momentos juntos.
-¿Bill?- La voz de Cami me obligó a abrir la boca. -Ángel quiere ver a su mamá. ¿Está despierta?
-¿Podrías llamar a Tom, por favor?- le pedí desde la cama, sin moverme.
-Está dormido todavía.
-Despiértalo.
-Se enfadará conmigo...
-Vamos, Cami, por favor... despiértalo. Dile que... lo necesito.
-¿Qué pasa?
-Sólo... sólo tráelo.
Se fue, regresando en seguida con mi hermano, que se escuchaba fastidiado, preguntándole por qué lo necesitaba.
-Pasen.- dije apagando la voz.
Cami venía con ángel entre los brazos, entrando primero. -Bill...- y clavando los ojos en una Cristal que palidecía cada vez más. -...mi hermana...
-¿Por qué me despiertas tan temprano, Bill? ¿Qué es tan importante como para...?- se quedó callado al verme aferrado al cuerpo de Cristal, triste... y al ver a Cami derramar un par de lágrimas.
-Mi hermana, Bill... no...
-Bill... ¿ella...? ¿ella está...?
-Murió en la madrugada.- le completé a Tom, con voz apagada.
Cami en seguida se echó a llorar en el pecho de mi hermano. Yo por más que queria, ni una lagrima salía de mis ojos.
-Será mejor que llamen a Abii y a Yos.
No dijeron nada. Salieron de ahí, dejándome solo de nuevo. -No puedo llorar... ¿por qué? Quizás soy tan ingrato que... no puedo demostrarte lo que te amé.. y lo que me duele perderte.- dije susurrándole.
Los chicos llegaron en unas horas, junto con los doctores y todo el personal que se encargaría de dictar el certificado de defunción y hacer los preparativos del funeral.
Me duché y estuve presente en toa la ceremonia en silencio, cargando a nuestra bebé, que estaba tranquila, a pesar del llanto de Cami y la tristeza que la rodeaba.
Ni una lágrima... ni un quejido. Nada. ¿Por qué no podía demostrar lo deshecho que estaba por dentro?
Mi mundo se había acabado... mi vida se había ido junto con ella... y no podía demostrarlo.
Las cosas jamás puedes ir como quisieras. La vida es tan injusta, que te arrebata la poca felicidad que tenías en los momentos menos esperados. Yo lo sabía, pero... no quería aceptar que esa regla se aplicaba también a mí.
Después de haberle llevado las rosas... ya no le quedaban fuerzas para levantarse siquiera. Sus energías se habían acabado en un día... y me era tan triste verla así: abatida y derrotada.
No dijimos nada más. Nos acomodamos uno junto al otro y en todo el día, ninguno salió de la habitación.
Varias veces tocaron a la puerta, pero supe alejarlos diciéndoles que todo estaba bien... como me hubiese gustado que fuera verdad.
Incluso en esos momentos no teníamos a nuestra bebé cerca. Sólo éramos ella y yo. La que se había convertido en mi mundo... y yo: un tonto enamorado que se moriría sin ella.
-Cielo...- su voz apenas se oia. -... antes de que me... vaya...- sus palabras me erizaron la piel. -...tienes que prometerme algo.
-Lo... lo que sea, amor.- mi voz se quebraba... no quería hablar, sólo admirarla, pero... tenía que hablarle, para saber que seguía conmigo.
-Tienes que cuidar muy bien de nuestro angelito.- la ví: sonreía. A pesar del dolor y de que la vida se le escapaba, sonreia y estaba... tranquila. Cuánta fortaleza tenía... y yo, muriéndome por dentro junto con ella. -Y... Bill: no te quedes solo.
-No lo estaré. Tengo a mi hermano y a mi bebé.. ¿no?
-No me refiero a eso. Tendrás que buscar a alguien más.
-No. ¿Reemplazarte? Jamás.
-No puedes cuidar tú solo a nuestro angelito.- no dije nada. -Alguien entrará a tu vida... y serás feliz, como antes.
-No...
-Yo la eligiré con cuidado, tranquilo. No quiero que te quedes solo... no así.- hubo unos minutos de silencio. -Y, Bill... cuida de mi hermana.- Una lágrima resbaló por mi mejilla.
-Lo juro.- besé su cabeza.
Ya no hubo palabras de por medio; sólo silencio.
Nos quedamos dormidos, sin atender a nadie, yo aferrado al cuerpo de Cristal, como si así pudiera evitar el inminente final.
Al despertar en al mañana y sentir el frío de su cuerpo, le ví al rostro, admirando sus facciones y apreciar la sonrisa con la que había partido.
Estaba muerta, sí. Mi amada Cristal... la chica de mis sueños había fallecido en mis brazos, en completa calma.
¿Qué más podía decir? Habíamos tenido lo que muchas parejas no tienen: disfrutamos hasta los últimos momentos juntos.
-¿Bill?- La voz de Cami me obligó a abrir la boca. -Ángel quiere ver a su mamá. ¿Está despierta?
-¿Podrías llamar a Tom, por favor?- le pedí desde la cama, sin moverme.
-Está dormido todavía.
-Despiértalo.
-Se enfadará conmigo...
-Vamos, Cami, por favor... despiértalo. Dile que... lo necesito.
-¿Qué pasa?
-Sólo... sólo tráelo.
Se fue, regresando en seguida con mi hermano, que se escuchaba fastidiado, preguntándole por qué lo necesitaba.
-Pasen.- dije apagando la voz.
Cami venía con ángel entre los brazos, entrando primero. -Bill...- y clavando los ojos en una Cristal que palidecía cada vez más. -...mi hermana...
-¿Por qué me despiertas tan temprano, Bill? ¿Qué es tan importante como para...?- se quedó callado al verme aferrado al cuerpo de Cristal, triste... y al ver a Cami derramar un par de lágrimas.
-Mi hermana, Bill... no...
-Bill... ¿ella...? ¿ella está...?
-Murió en la madrugada.- le completé a Tom, con voz apagada.
Cami en seguida se echó a llorar en el pecho de mi hermano. Yo por más que queria, ni una lagrima salía de mis ojos.
-Será mejor que llamen a Abii y a Yos.
No dijeron nada. Salieron de ahí, dejándome solo de nuevo. -No puedo llorar... ¿por qué? Quizás soy tan ingrato que... no puedo demostrarte lo que te amé.. y lo que me duele perderte.- dije susurrándole.
Los chicos llegaron en unas horas, junto con los doctores y todo el personal que se encargaría de dictar el certificado de defunción y hacer los preparativos del funeral.
Me duché y estuve presente en toa la ceremonia en silencio, cargando a nuestra bebé, que estaba tranquila, a pesar del llanto de Cami y la tristeza que la rodeaba.
Ni una lágrima... ni un quejido. Nada. ¿Por qué no podía demostrar lo deshecho que estaba por dentro?
Mi mundo se había acabado... mi vida se había ido junto con ella... y no podía demostrarlo.
jueves, 4 de agosto de 2011
Despedidas
Cristal:
Era un día más que la vida me regalaba.
Hacía unas semanas que el plazo dado por el doctor se había cumplido y yo seguía aquí, disfrutando de Bill y de nuestro pequeño angelito.
El tiempo pasaba... y la vida se me esfumaba a cada segundo que pasaba. Ahora lo podía sentir con claridad. Moría en la ignorancia de mi hermana y los que se habían convertido en mi familia.
-buen día, preciosa.- Bill había entrado a la habitación con un enorme y hermoso ramo de rosas rojas, mis favoritas. Entró con una sonrisa en los labios a despertarme. Me estiré perezosamente en la cama, correspondiéndole el gesto y desviando en seguida la mirada a la cuna de Ángel. -Está con Cami.-me dijo besándome. -Estaba inquieta y Cami vino para que no te despertara.
-Despertar con la risita de mi bebé sería un dulce despertar.
-¿Tanto como éste?- preguntó besándome de nuevo.
-Supongo que no tan dulce como éste... pero sería lindo de todos modos.- sonreí. -¿Y eso?- señalé las flores.
En seguida me las mostró. -Son para tí, amor. ¿Te gustan?
-Sabes que son mis favoritas.- intenté ponerme de pie mientras le sonreía, pero mis fuerzas no me daban para eso.
Bill lo notó de inmediato. Dejó las rosas a un lado y pasó sus manos por mi espalda, colocándose a un lado de mí. -¿Te sientes mal, cielo? ¿Quieres que llame al doctor?
-No, no, Bill. Estoy bien.-sonreí falsamente. Él se dió cuenta de inmediato, pero no dijo nada.
Nos recostamos en el lecho, abrazándonos fuertemente.
De pronto, giré a ver las flores: tan hermosas y... alegres. Eran lindas, sí, pero de pronto ese brillo de alegría que reflejaban sus pétalos se convirtieron en tristeza para mí, recordándome que me quedaba poco tiempo a su lado.
-Rosas rojas...- dije bajo.
-¿Qué?
-Rosas rojas...- repetí más alto, sumergiéndome en una ola de melancolía. -...no quiero rosas rojas en mi funeral.
-Creí que eran tus favoritas.- incluso la voz de Bill se ensombreció.
-Quiero que todas sean blancas.
-Blancas serán entonces. Aunque...- me abrazó aún más fuerte a él. -...aún no hay que pensar en eso.
-¿Por qué no?
-Quiero imaginarme que todavía nos queda mucho tiempo juntos.
Suspiré. -Sabes que eso no es cierto, amor.
-Déjame con mi ilusión, nena.- coloqué mis manos sobre las de él.
-Todas blancas... menos una.
-La de tu hermana.- afirmó, melancólico. -¿Quieres que sea azul o...?
-Quiero que la tuya sea la única diferente.- giré a verlo. -Quiero que la tuya sea roja.- Sus ojos se rasgaron. Ambos cuerpos se erizaron al imaginar la escena... ¿Por qué tenían que ser las cosas así? -Sólo la tuya... la única rosa diferente, ¿si?
Pasó su mano por mi rostro. -Lo que quieras, preciosa.- logramos aguantar el llanto.
-Gracias, cielo.- nos besamos.
No fue un beso dulce, como los de antes. Éste fue más amargo, pues ambos sabíamos que no nos quedaba mucho tiempo juntos... que nuestra vida estaba a punto de terminar.
Era un día más que la vida me regalaba.
Hacía unas semanas que el plazo dado por el doctor se había cumplido y yo seguía aquí, disfrutando de Bill y de nuestro pequeño angelito.
El tiempo pasaba... y la vida se me esfumaba a cada segundo que pasaba. Ahora lo podía sentir con claridad. Moría en la ignorancia de mi hermana y los que se habían convertido en mi familia.
-buen día, preciosa.- Bill había entrado a la habitación con un enorme y hermoso ramo de rosas rojas, mis favoritas. Entró con una sonrisa en los labios a despertarme. Me estiré perezosamente en la cama, correspondiéndole el gesto y desviando en seguida la mirada a la cuna de Ángel. -Está con Cami.-me dijo besándome. -Estaba inquieta y Cami vino para que no te despertara.
-Despertar con la risita de mi bebé sería un dulce despertar.
-¿Tanto como éste?- preguntó besándome de nuevo.
-Supongo que no tan dulce como éste... pero sería lindo de todos modos.- sonreí. -¿Y eso?- señalé las flores.
En seguida me las mostró. -Son para tí, amor. ¿Te gustan?
-Sabes que son mis favoritas.- intenté ponerme de pie mientras le sonreía, pero mis fuerzas no me daban para eso.
Bill lo notó de inmediato. Dejó las rosas a un lado y pasó sus manos por mi espalda, colocándose a un lado de mí. -¿Te sientes mal, cielo? ¿Quieres que llame al doctor?
-No, no, Bill. Estoy bien.-sonreí falsamente. Él se dió cuenta de inmediato, pero no dijo nada.
Nos recostamos en el lecho, abrazándonos fuertemente.
De pronto, giré a ver las flores: tan hermosas y... alegres. Eran lindas, sí, pero de pronto ese brillo de alegría que reflejaban sus pétalos se convirtieron en tristeza para mí, recordándome que me quedaba poco tiempo a su lado.
-Rosas rojas...- dije bajo.
-¿Qué?
-Rosas rojas...- repetí más alto, sumergiéndome en una ola de melancolía. -...no quiero rosas rojas en mi funeral.
-Creí que eran tus favoritas.- incluso la voz de Bill se ensombreció.
-Quiero que todas sean blancas.
-Blancas serán entonces. Aunque...- me abrazó aún más fuerte a él. -...aún no hay que pensar en eso.
-¿Por qué no?
-Quiero imaginarme que todavía nos queda mucho tiempo juntos.
Suspiré. -Sabes que eso no es cierto, amor.
-Déjame con mi ilusión, nena.- coloqué mis manos sobre las de él.
-Todas blancas... menos una.
-La de tu hermana.- afirmó, melancólico. -¿Quieres que sea azul o...?
-Quiero que la tuya sea la única diferente.- giré a verlo. -Quiero que la tuya sea roja.- Sus ojos se rasgaron. Ambos cuerpos se erizaron al imaginar la escena... ¿Por qué tenían que ser las cosas así? -Sólo la tuya... la única rosa diferente, ¿si?
Pasó su mano por mi rostro. -Lo que quieras, preciosa.- logramos aguantar el llanto.
-Gracias, cielo.- nos besamos.
No fue un beso dulce, como los de antes. Éste fue más amargo, pues ambos sabíamos que no nos quedaba mucho tiempo juntos... que nuestra vida estaba a punto de terminar.
miércoles, 20 de julio de 2011
Peticiones
Bill:
El mes que el doctor le había dado como plazo, se había agotado unos días atrás, dándome pocas esperanzas de retenerla más conmigo.
En todo el tiempo transcurrido, jamás la ví triste. Ea como si lo olvidara al tener en brazos a nuestra pequeña Angelito; o al ver a su hermana pasar el tiempo con las chicas; o al ver cómo se peleaban eternamente Tom y Abii... era... había algo en ella que no me explicaba cómo, pero la hacía fuerte.
A mí, en un principio, me mataba la sola idea de perderla... pero me parece que con el paso de los días un poco de su fortaleza se me había contagiado, olvidando nuestra situación al verla sonreír. Inclusive, en su estado físico no se reflejaba su desgaste... de ninguna manera pareciera que estaba.. muriendo lentamente.
Hoy estamos solos en casa: Tom y los chicos han llevado a Abii y a Yos al aeropuerto, pues tenían que estar de regreso antes de que el padre de la pequeña volviera de su viaje de negocios.
Acostados en el piso de la sala, platicábamos de cualquier cosa, cuidando de la pequeña que estaba a nuestro lado, jugueteando con su sonaja favorita, regalo de Gustav.
De pronto, todo quedó en silencio a nuestro alrededor. -Gracias, amor.
-¿Por qué?- pregunté clavando mi vista en ella.
Por todo... por amarme como lo haces.
-Me pondrás sentimental, linda.- sonreí. -Sabes que eres mi todo, ¿verdad?
-Ajá.- se colocó de frente a mí. -Eres un gran chico, Bill.- y besó mis labios, sonriendo.
-Quiero tenerte así siempre, linda... cerca.
-Sabes lo que...
-Sé lo que pasará.- dije un poco triste. -Pero aún tengo esperanzas de que no ocurra tan pronto.
-Eso lo veremos...- suspiramos. -...yo tampoco quiero dejarte.
-Eso lo veremos.- sonreímos de nuevo.
El tiempo se acababa... pero eso no iba a ser factor para que nos distanciáramos ahora.
El mes que el doctor le había dado como plazo, se había agotado unos días atrás, dándome pocas esperanzas de retenerla más conmigo.
En todo el tiempo transcurrido, jamás la ví triste. Ea como si lo olvidara al tener en brazos a nuestra pequeña Angelito; o al ver a su hermana pasar el tiempo con las chicas; o al ver cómo se peleaban eternamente Tom y Abii... era... había algo en ella que no me explicaba cómo, pero la hacía fuerte.
A mí, en un principio, me mataba la sola idea de perderla... pero me parece que con el paso de los días un poco de su fortaleza se me había contagiado, olvidando nuestra situación al verla sonreír. Inclusive, en su estado físico no se reflejaba su desgaste... de ninguna manera pareciera que estaba.. muriendo lentamente.
Hoy estamos solos en casa: Tom y los chicos han llevado a Abii y a Yos al aeropuerto, pues tenían que estar de regreso antes de que el padre de la pequeña volviera de su viaje de negocios.
Acostados en el piso de la sala, platicábamos de cualquier cosa, cuidando de la pequeña que estaba a nuestro lado, jugueteando con su sonaja favorita, regalo de Gustav.
De pronto, todo quedó en silencio a nuestro alrededor. -Gracias, amor.
-¿Por qué?- pregunté clavando mi vista en ella.
Por todo... por amarme como lo haces.
-Me pondrás sentimental, linda.- sonreí. -Sabes que eres mi todo, ¿verdad?
-Ajá.- se colocó de frente a mí. -Eres un gran chico, Bill.- y besó mis labios, sonriendo.
-Quiero tenerte así siempre, linda... cerca.
-Sabes lo que...
-Sé lo que pasará.- dije un poco triste. -Pero aún tengo esperanzas de que no ocurra tan pronto.
-Eso lo veremos...- suspiramos. -...yo tampoco quiero dejarte.
-Eso lo veremos.- sonreímos de nuevo.
El tiempo se acababa... pero eso no iba a ser factor para que nos distanciáramos ahora.
viernes, 15 de julio de 2011
Contra Reloj
Bill:
Los días pasaban... y el temor de perderla de la noche a la mañana acrecentaba cada vez más. La sostenía entre mis brazos todo el tiempo que podía y disfrutaba cada sonrisa suya; cada movimiento... cada palabra y cada aliento de su ser... tratar de retenerla lo más que podía... aunque las cosas no se pudiesen ya cambiar de curso.
Todo el tiempo del mundo me la pasaba a su lado, admirándola y cuidándola en silencio y a la distancia, ya que Cristal non quería sentirse "vigilada" todo el tiempo.
Nadie lo sabía... nadie sospechaba que su vida se extinguía a prisa. Claro, era lógico al ver lo bien que aparentaba con sus sonrisas y su calma... a veces, envidiaba lo bien que lo sobrellevaba. Me gustaría aprender tanto de ella y su fortaleza...
Por las noches la aferraba contra mi pecho y durante el día, la apresaba entre mis brazos cuando cargaban a nuestra pequeña bebé, para admirar a ambas... mis dos más grandes tesoros.
La boda no se llevaría a cabo ya, gracias a su decisión. -No me gustaría que te comprometieras a algo serio con alguien que no podrá durar lo que le gustaría a tu lado... no es justo, cielo.- le dije que no me importaba; que quería estar con ella... pero no pude hacerla cambiar de opinión.
Nunca le dijo nada ni siquiera a su hermana. Tampoco era justo que ellas estuvieran viviendo en la ignorancia, pero nunca le dije nada. Me limité a cumplir sus deseos; a hacer realidad sus caprichos, por mínimos que fueran... a tratar de hacerla feliz el tiempo que le quedara a mi lado... y no sé si lo estaba haciendo bien.
Me estaba muriendo junto con ella, en silencio. ¿Qué más podía hacer? Nada.
Una tarde, mientras mi querido hermano entretenía a los chicos, incluyendo a su pequeña dama, Abii, aprovechamos para ir a un lugar acogedor que guardaba para ocasiones especiales, junto con nuestra pequeña.
-¿A qué se debe la sorpresa, amor?- preguntó Cristal una vez que llegamos, mientras bajaba del auto con la bebé entre sus brazos, que, sonriente, asomaba su pequeña cabecita por entre la manta, viendo curiosa a su alrededor.
-No tiene que ser una ocasión especial para consentir a las dos mujeres más maravillosas del mundo, ¿o sí?
-Cielo, eres tan dulce....- me besó en los labios ante la vista de Ángel.
La tomé de la mano y la llevé hasta la orilla de un pequeño lago al lado de una cabañuela. -Es... maravilloso, Bill.- se puso delante de mí, besándome de nuevo. -Gracias.
-Me alegro que te guste, linda.- volteé a ver a mi bebé: estaba alargando uno de sus brasitos hacia mí. -¿Y a tí, pequeña? ¿Te gusta?- le tomé delicadamente mientras se reía.
Nos sentamos a orillas del agua: Cristal entre mis brazos y Ángel entre los suyos, admirando el paisaje. -¿Sabes que te amo más que a mi vida?
-Lo sé.- respondió en una sonrisa. -Y yo a tí... te quiero muhísimo más, Bill. Te amo mucho más de lo que cualquiera podría imaginar...
-No quiero perderte.- la apreté un poco más contra mí.
-Sabes que nada es para siempre... sólo el amor.- suspiró. - Sólo nuestro amor, cielo.
-Han pasado tres semanas...- lo dije inconscientemente. -El doc dijo...
-...Que era un mes el que me quedaba. Lo sé.- Ángel se distraía con cualquier cosa a su alcance: florecillas o alguna mariposa distraída que volaba cerca de nosotros. -Amor, ¿puedo pedirte algo?
-Lo que quieras.- respondí besando su cabeza.
-Ya no pienses en eso.
-Me pides algo que no puedo hacer. He estado pensando en eso desde hace tiempo.
-Por favor: no quiero que sufras por ésto.
-¿Perderte sin sufrir por ello? Eso no puede ser.
-Por favor... por mí... por nuestra pequeña.
Suspiré. -Trataré... pero no prometo nada.
-Gracias cielo.
El resto del día lo pasamos en silencio, admirando el paisaje... y disfrutando de la bebé.
Los días pasaban... y el temor de perderla de la noche a la mañana acrecentaba cada vez más. La sostenía entre mis brazos todo el tiempo que podía y disfrutaba cada sonrisa suya; cada movimiento... cada palabra y cada aliento de su ser... tratar de retenerla lo más que podía... aunque las cosas no se pudiesen ya cambiar de curso.
Todo el tiempo del mundo me la pasaba a su lado, admirándola y cuidándola en silencio y a la distancia, ya que Cristal non quería sentirse "vigilada" todo el tiempo.
Nadie lo sabía... nadie sospechaba que su vida se extinguía a prisa. Claro, era lógico al ver lo bien que aparentaba con sus sonrisas y su calma... a veces, envidiaba lo bien que lo sobrellevaba. Me gustaría aprender tanto de ella y su fortaleza...
Por las noches la aferraba contra mi pecho y durante el día, la apresaba entre mis brazos cuando cargaban a nuestra pequeña bebé, para admirar a ambas... mis dos más grandes tesoros.
La boda no se llevaría a cabo ya, gracias a su decisión. -No me gustaría que te comprometieras a algo serio con alguien que no podrá durar lo que le gustaría a tu lado... no es justo, cielo.- le dije que no me importaba; que quería estar con ella... pero no pude hacerla cambiar de opinión.
Nunca le dijo nada ni siquiera a su hermana. Tampoco era justo que ellas estuvieran viviendo en la ignorancia, pero nunca le dije nada. Me limité a cumplir sus deseos; a hacer realidad sus caprichos, por mínimos que fueran... a tratar de hacerla feliz el tiempo que le quedara a mi lado... y no sé si lo estaba haciendo bien.
Me estaba muriendo junto con ella, en silencio. ¿Qué más podía hacer? Nada.
Una tarde, mientras mi querido hermano entretenía a los chicos, incluyendo a su pequeña dama, Abii, aprovechamos para ir a un lugar acogedor que guardaba para ocasiones especiales, junto con nuestra pequeña.
-¿A qué se debe la sorpresa, amor?- preguntó Cristal una vez que llegamos, mientras bajaba del auto con la bebé entre sus brazos, que, sonriente, asomaba su pequeña cabecita por entre la manta, viendo curiosa a su alrededor.
-No tiene que ser una ocasión especial para consentir a las dos mujeres más maravillosas del mundo, ¿o sí?
-Cielo, eres tan dulce....- me besó en los labios ante la vista de Ángel.
La tomé de la mano y la llevé hasta la orilla de un pequeño lago al lado de una cabañuela. -Es... maravilloso, Bill.- se puso delante de mí, besándome de nuevo. -Gracias.
-Me alegro que te guste, linda.- volteé a ver a mi bebé: estaba alargando uno de sus brasitos hacia mí. -¿Y a tí, pequeña? ¿Te gusta?- le tomé delicadamente mientras se reía.
Nos sentamos a orillas del agua: Cristal entre mis brazos y Ángel entre los suyos, admirando el paisaje. -¿Sabes que te amo más que a mi vida?
-Lo sé.- respondió en una sonrisa. -Y yo a tí... te quiero muhísimo más, Bill. Te amo mucho más de lo que cualquiera podría imaginar...
-No quiero perderte.- la apreté un poco más contra mí.
-Sabes que nada es para siempre... sólo el amor.- suspiró. - Sólo nuestro amor, cielo.
-Han pasado tres semanas...- lo dije inconscientemente. -El doc dijo...
-...Que era un mes el que me quedaba. Lo sé.- Ángel se distraía con cualquier cosa a su alcance: florecillas o alguna mariposa distraída que volaba cerca de nosotros. -Amor, ¿puedo pedirte algo?
-Lo que quieras.- respondí besando su cabeza.
-Ya no pienses en eso.
-Me pides algo que no puedo hacer. He estado pensando en eso desde hace tiempo.
-Por favor: no quiero que sufras por ésto.
-¿Perderte sin sufrir por ello? Eso no puede ser.
-Por favor... por mí... por nuestra pequeña.
Suspiré. -Trataré... pero no prometo nada.
-Gracias cielo.
El resto del día lo pasamos en silencio, admirando el paisaje... y disfrutando de la bebé.
martes, 12 de julio de 2011
Ocultándolo
Bill:
Habíamos vuelto a casa. Yosy se encontraba en la sala, acompañada de Abii y Cami.... las tres se veían tan lindas y felices cuidando de la bebé...
-Ya llegamos.- anuncié desganado. Cristal se apresuró a acercarse a ellas y tomar a nuestra pequeña Ángel entre sus brazos, aparentando que nada pasaba. -¿Dónde están los demás?
-Dijeron que tenían cosas qué hacer... y Tom no me quiso llevar con él.- reclamó Abii haciendo pucheros frente a mí.
-¿No dijeron a dónde iban?
-No. ¿Tardará mucho Tomi, Bill?
-No lo sé.- traté de sonreír, pero no pude. -Quizás fueron al estudio, con David. ¿Cómo se portó mi pequeña?
-Tan bien como se porta su tía... osea, yo.- dijo ella en una sonrisa. lo que hizo reír a las chicas... incluyendo a Cris.
-Ajá. Ella es un angelito completo, Abii. Tú eres la pequeña sanguijuela de Tom.
-Su pequeña monstruo, Cami.- corrigió en una sonrisa. -Él mismo lo ha dicho: soy su pequeña monstruo... pero eso no significa que sea mal portada.
-No, para nada.- remató Yos, acercándose con Cristal, con la mano en su espalda. -¿Y ustedes? ¿Se puede saber a dónde fueron?
-Bueno...
-Yosy nos ha dicho que no es bueno estar de curiosas con la vida de las demás y ahora ella es la que tiene curiosidad de saber todo de ustedes.- De nuevo, Abii volvía a ser la que atraía la atención... ahora que mi bebé estaba dormida en brazos de su madre... de la chica que se había adueñado de mi alma y mi corazón; la misma que se había convertido en mi mundo entero... y que estaba a punto de perder.
-¿Puedo hablar contigo, Bill?- Yos me tomó del brazo y me apartó de ellas, llevándome a la cocina.
-¿Qué pasa?- pasé las manos por mi rostro.
-¿Qué es lo que pasa?- no respondí, concentrando la mirada en ella. -Hay algo mal con Cris, ¿verdad?
-Eso... no.- devié mi mirada de la suya. -Claro que no. Todo está... bien.
-Ese "bien" no me convence.- suspiró. -Pero está bien, déjalo así. Si es algo malo... una parte de mí no quiere saberlo. Conozco a Cristal desde hace algún tiempo y la quiero muchísimo, casi como a una hermana... y lo sabes, peor... no sé. Si no nos lo quieren decir, deben tener sus razones y lo entiendo.... creo.
-Gracias, Yos.- Se fue, dejándome solo en la cocina, pensando.
Pasaron los días, sumiéndolos a ellos cada vez más en la ignorancia mientras mi chica se desvanecía un poco más con cada día que pasaba, entre mis brazos.
Habíamos vuelto a casa. Yosy se encontraba en la sala, acompañada de Abii y Cami.... las tres se veían tan lindas y felices cuidando de la bebé...
-Ya llegamos.- anuncié desganado. Cristal se apresuró a acercarse a ellas y tomar a nuestra pequeña Ángel entre sus brazos, aparentando que nada pasaba. -¿Dónde están los demás?
-Dijeron que tenían cosas qué hacer... y Tom no me quiso llevar con él.- reclamó Abii haciendo pucheros frente a mí.
-¿No dijeron a dónde iban?
-No. ¿Tardará mucho Tomi, Bill?
-No lo sé.- traté de sonreír, pero no pude. -Quizás fueron al estudio, con David. ¿Cómo se portó mi pequeña?
-Tan bien como se porta su tía... osea, yo.- dijo ella en una sonrisa. lo que hizo reír a las chicas... incluyendo a Cris.
-Ajá. Ella es un angelito completo, Abii. Tú eres la pequeña sanguijuela de Tom.
-Su pequeña monstruo, Cami.- corrigió en una sonrisa. -Él mismo lo ha dicho: soy su pequeña monstruo... pero eso no significa que sea mal portada.
-No, para nada.- remató Yos, acercándose con Cristal, con la mano en su espalda. -¿Y ustedes? ¿Se puede saber a dónde fueron?
-Bueno...
-Yosy nos ha dicho que no es bueno estar de curiosas con la vida de las demás y ahora ella es la que tiene curiosidad de saber todo de ustedes.- De nuevo, Abii volvía a ser la que atraía la atención... ahora que mi bebé estaba dormida en brazos de su madre... de la chica que se había adueñado de mi alma y mi corazón; la misma que se había convertido en mi mundo entero... y que estaba a punto de perder.
-¿Puedo hablar contigo, Bill?- Yos me tomó del brazo y me apartó de ellas, llevándome a la cocina.
-¿Qué pasa?- pasé las manos por mi rostro.
-¿Qué es lo que pasa?- no respondí, concentrando la mirada en ella. -Hay algo mal con Cris, ¿verdad?
-Eso... no.- devié mi mirada de la suya. -Claro que no. Todo está... bien.
-Ese "bien" no me convence.- suspiró. -Pero está bien, déjalo así. Si es algo malo... una parte de mí no quiere saberlo. Conozco a Cristal desde hace algún tiempo y la quiero muchísimo, casi como a una hermana... y lo sabes, peor... no sé. Si no nos lo quieren decir, deben tener sus razones y lo entiendo.... creo.
-Gracias, Yos.- Se fue, dejándome solo en la cocina, pensando.
Pasaron los días, sumiéndolos a ellos cada vez más en la ignorancia mientras mi chica se desvanecía un poco más con cada día que pasaba, entre mis brazos.
viernes, 8 de julio de 2011
Poco Tiempo
Cristal:
Le pedí que fuéramos con el médico. Si iba a escuchar un dictamen triste y fatalista, quería tener a alguien a mi lado para que no me dejara caer en esos momentos.
Salimos durante la mañana, dejando a la bebé bajo el cuidado de Yos... así que si Gustav quería estar con ella, tendría que pasar a la casa y quedarse ahí, con ella, haciéndola de niñero.
No dijimos a dónde íbamos, a pesar de las insistencias de mi hermana y de Abii. Nadie sabía a dónde íbamos exactamente... y es una suerte que nadie fuera de ellas preguntara. Seguramente se imaginaban o tenían una ligera idea de lo que íbamos a hacer.
Al llegar, el médico ya nos esperaba con mi expediente en la mano. Nos sentamos en medio de un silencio incómodo, observando cómo su semblante se endurecía cada vez más al pasar las hojas.
-¿Qué pasa, doc?- preguntó Bill tomando fuertemente mi mano.
-Hay malas noticias, Bill.
-¿Qué es?
-Bueno... los estudios que le hemos realizados no mienten y a juzgar por el trabajo de parto...
-Estoy mal, ¿verdad?- pregunté temerosa, con la vista baja. -Vamos, puede decirlo. Después de todo... yo ya lo sé. Lo siento.- Bill apretó un poco más mi mano.
-No te mentiré, Cristal: el parto te debilitó mucho más de lo que ya estabas. A este paso...
-¿Cuánto tiempo me dan?
-Un mes.- esas simples dos palabras apuñalaron el alma de ambos. Lo sé porque sentí que mi corazón se detenía dentro de mi pecho y la mano de Bill se enfriaba de golpe.
-¿No hay nada que...?
-Lo siento, Bill.
Las lágrimas brotaron de mis ojos de repente. Retiré la mano de la de él y las limpié con el dorso de la mano. -Bill, vámonos.
-Cristal, lo lamento.
-No lamente nada, doc. Nada pasa aquí.- levanté la mirada, tratando de dibujar una sonrisa. -Bill... amor, vámonos. Yosy y las chicas deben desesperarse por no vernos llegar.- le tomé de la mano y lo llevé hasta el auto sin dejarle decir nada.
Ya en el camino de regreso, se detuvo unos metros antes de llegar a casa. -¿Te sientes bien, cielo?
-Yo... sí.- trataba de no verlo a los ojos, porque sabía que de hacerlo, terminaría llorando... y no quería seguir haciéndolo.
-Sé que estás mal, amor... pero... no sé qué tanto.
-No pasa nada, Bill. Estoy bien... amor.- la última palabra la dije casi susurrando. Mi voz estaba quebrándose, peor no quería contagiarle mi tristeza.
-Yo también estoy mal, Cris. Pero... pero sé que podremos vivir de la mejor manera... con suerte, las cosas mejorarán y...
-No, Bill. Las cosas no van a mejorar.- volteé a verlo: estaba pálido y nervioso. -Mi tiempo se acaba... pero... pero en serio: no pasa nada. Sabré arreglármelas para poder estar con ustedes y disfrutar a lo máximo éste último mes.- traté de sonreir.
A fuera, la temperatura había bajado algunos grados, haciendo que los vidrios se empañaran. -Lo únco que importa ahora es poder pasar mis últimos días a tu lado, amor. Disfrutar de tí y de nuestra pequeña bebé.- lancé la vista una vez más por la ventana, trazando un corazón en el cristal. -De todos modos, no importa que algo tan gave como la muerte nos separe, Bill. ¿Sabes por qué? Porque te amo... y eso nada lo va a poder cambiar. El amor no muere nunca, cielo: se mantiene a través del tiempo; sobreviviendo a las líneas de la historia...
sábado, 2 de julio de 2011
Ángel
Cristal:
Ahí estaba mi pequeña, en brazos del chico que amaba... que comencé a amar sin conocerlo en persona si quiera.
Era tan hermosa... él decía que se parecía a mí, pero no. Ella era aún más linda; más alegre y tierna y... llena de vida.
Sí, me había quedado facinada con el pequeño fruto de nuestro amor, pero al mismo tiempo me ponía triste. ¿Qué tanta justicia hay en darle vida a un nuevo ser si no vas a estar el tiempo que desearías a su lado?
Yo no querpia dejarlos solos, ni a mi hermana, ni a mis amigas, ni a Tom ni Bill... y mucho menos a mi hija, pero yo sabía que el tiempo se me estaba agotando de manera rápida.
Tuvo que pasar una semana para que volviéramos a casa. Yo me encontraba más decaída que antes; había adelgazado demasiado y mis energías ya no eran las mismas, pero trataba de aparentar lo mejor que podia para no ser una penas más.
Me dediqué a pasar todo el tiempo que podía al lado de Bill y de nuestra bebé, escogiendo el nombre que le pondríamos. -¿Te parece... Simone?
-¿Como mi madre?
-Vamos, Bill, ¿no te gusta?
Dudó un momento. -Mejor escogemos otro, ¿sí?
Reí.- De acuerdo.
-¿Y si lleva tu nombre?
-No, pobre. No quiero desgraciarla con un nombre como el mío.
-A mí me gusta. Cristal se escucha lindo.- besó mi frente.
Estaba sentada en una mesedora que recién había comprado Bill, sosteniendo a la bebé, mientras él estaba a mis espaldas, observándola cómo sonreía y veía curiosa a nuestro alrededor. -Ángel...
-¿Qué?
-¿No te gusta?
-Suena bien, pero...
-Ese nombre siempre me ha gustado.
-Ángel entonces.- sonrió. -¿Escuchaste, nena? ¿Te gusta "Ángel"?- Bill descubió un poco su carita, viéndole sonriente, igual que yo. Ella rió, dándole a entender que estaba de acuerdo. -¿Qué te parece, amor? Creo que le gustó el nombre.
-¿Puedo entrar?- Tom asomó asomó su mirada desde la puerta.
-Pasa.- Entró con Abii detrás.
-Ya llego el tío Tom, nena.- se colocó a un lado de su hermano, escondiendo algo detrás de él; Abii se puso a un lado de mí, todos con atención a la pequeña Ángel.
-¿Ya se lo darás?- preguntó Abii a Tom.
-¿Darle qué a quién?- pregunté viéndolos a los dos.
-Tom le compró algo a mi sobrinita.
-NUESTRA sobrinita.- corrijió Tom con una sonrisa. -Es algo... es... es...
-Es un osito de peluche.- Bill arrebató de sus manos el regalo, mostrándomelo.
-¡Hey! No tenías por qué quitármelo así.- protestó su hermano.
-Si no te lo quitaba, posiblemente no lo hubieras enseñado hasta que Abii o yo te insiséramos.
-Está muy lindo, Tom. Ángel te agradece tu regalo.- lo tomé, enseándocelo. La pequeña sonrió y en seguida trató de tomarlo entre sus manitas.
-¿Hay reunión o qué?- la voz de Cami me hizo girar a la puerta.
-Algo asi... dígamos que sí. ¿Te unes?
-¡Pero claro!- entró sonrriente. -¿Puedo cargarla?
-Sólo ten mucho cuidado, por favor.
-Cris, ya sabes que yo siempre tengo cuidado.
-Ajá.- Todas las miradas se concentraron en mi hermana y en la bebé. Todos en casa estaban encantados con ella... -Cami, cuida mucho de Ángel, ¿sí? Tengo que hablar con Bill.
-¿Ángel? ¿Así le van a poner?
-Síp. Lindo, ¿no?- no me respondió.
Tomé la mano de Bill y bajamos a la sala. -¿Qué pasa, amor?
-Bill, tenemos que ir al médico.
-¿Te sientes mal?
-Un poco, pero no iremos hoy, ¿de acuerdo?
-¿Por qué no? Si et sientes mal, será mejor que vayamos ahora.
-Ahora... no. Quiero pasar un día más con nuestra bebé.
Ahí estaba mi pequeña, en brazos del chico que amaba... que comencé a amar sin conocerlo en persona si quiera.
Era tan hermosa... él decía que se parecía a mí, pero no. Ella era aún más linda; más alegre y tierna y... llena de vida.
Sí, me había quedado facinada con el pequeño fruto de nuestro amor, pero al mismo tiempo me ponía triste. ¿Qué tanta justicia hay en darle vida a un nuevo ser si no vas a estar el tiempo que desearías a su lado?
Yo no querpia dejarlos solos, ni a mi hermana, ni a mis amigas, ni a Tom ni Bill... y mucho menos a mi hija, pero yo sabía que el tiempo se me estaba agotando de manera rápida.
Tuvo que pasar una semana para que volviéramos a casa. Yo me encontraba más decaída que antes; había adelgazado demasiado y mis energías ya no eran las mismas, pero trataba de aparentar lo mejor que podia para no ser una penas más.
Me dediqué a pasar todo el tiempo que podía al lado de Bill y de nuestra bebé, escogiendo el nombre que le pondríamos. -¿Te parece... Simone?
-¿Como mi madre?
-Vamos, Bill, ¿no te gusta?
Dudó un momento. -Mejor escogemos otro, ¿sí?
Reí.- De acuerdo.
-¿Y si lleva tu nombre?
-No, pobre. No quiero desgraciarla con un nombre como el mío.
-A mí me gusta. Cristal se escucha lindo.- besó mi frente.
Estaba sentada en una mesedora que recién había comprado Bill, sosteniendo a la bebé, mientras él estaba a mis espaldas, observándola cómo sonreía y veía curiosa a nuestro alrededor. -Ángel...
-¿Qué?
-¿No te gusta?
-Suena bien, pero...
-Ese nombre siempre me ha gustado.
-Ángel entonces.- sonrió. -¿Escuchaste, nena? ¿Te gusta "Ángel"?- Bill descubió un poco su carita, viéndole sonriente, igual que yo. Ella rió, dándole a entender que estaba de acuerdo. -¿Qué te parece, amor? Creo que le gustó el nombre.
-¿Puedo entrar?- Tom asomó asomó su mirada desde la puerta.
-Pasa.- Entró con Abii detrás.
-Ya llego el tío Tom, nena.- se colocó a un lado de su hermano, escondiendo algo detrás de él; Abii se puso a un lado de mí, todos con atención a la pequeña Ángel.
-¿Ya se lo darás?- preguntó Abii a Tom.
-¿Darle qué a quién?- pregunté viéndolos a los dos.
-Tom le compró algo a mi sobrinita.
-NUESTRA sobrinita.- corrijió Tom con una sonrisa. -Es algo... es... es...
-Es un osito de peluche.- Bill arrebató de sus manos el regalo, mostrándomelo.
-¡Hey! No tenías por qué quitármelo así.- protestó su hermano.
-Si no te lo quitaba, posiblemente no lo hubieras enseñado hasta que Abii o yo te insiséramos.
-Está muy lindo, Tom. Ángel te agradece tu regalo.- lo tomé, enseándocelo. La pequeña sonrió y en seguida trató de tomarlo entre sus manitas.
-¿Hay reunión o qué?- la voz de Cami me hizo girar a la puerta.
-Algo asi... dígamos que sí. ¿Te unes?
-¡Pero claro!- entró sonrriente. -¿Puedo cargarla?
-Sólo ten mucho cuidado, por favor.
-Cris, ya sabes que yo siempre tengo cuidado.
-Ajá.- Todas las miradas se concentraron en mi hermana y en la bebé. Todos en casa estaban encantados con ella... -Cami, cuida mucho de Ángel, ¿sí? Tengo que hablar con Bill.
-¿Ángel? ¿Así le van a poner?
-Síp. Lindo, ¿no?- no me respondió.
Tomé la mano de Bill y bajamos a la sala. -¿Qué pasa, amor?
-Bill, tenemos que ir al médico.
-¿Te sientes mal?
-Un poco, pero no iremos hoy, ¿de acuerdo?
-¿Por qué no? Si et sientes mal, será mejor que vayamos ahora.
-Ahora... no. Quiero pasar un día más con nuestra bebé.
miércoles, 29 de junio de 2011
Esperando
Bill:
Dos días. Dos días en los que la espera me estaba matando; dos días en los que Cami, Yos, Abii y Tom no nos despegamos de la habitación de Cristal. Dos días en los que los diagnósticos habían sido inciertos.... dos días en los que ella permaneció inconciente, sin poder ver a su hija... a nuestra querida nena.
Esperando que abriera los ojos y lo primero que viera fuera a nuestra bebé, me quedé a su lado día y noche, pidiéndole que reaccionara... que no podía dejarnos todavía...
Las chicas en varias ocasiones me pidieron que fuera a descansar a casa, que ellas me avisarían si había cambios, peor preferí quedarme con ella, sólo llendo a casa para asearme y nada más. No quería despegarme de mi chica; no ahora que me necesitaba más que nunca.
Una noche, después de haber tenido una vez más a mi niña entre mis brazos, me recosté al lado de Cristal, acariciando su mano.
Sin esperarlo ni quererlo, me quedé dormido, soñando con nuestro primer y accidental encuentro. Tan linda que se veía esa tarde...
Una caricia suave por el rostro me despertó. Abrí los ojos lentamente, topándome con Cristal medio despierta, pasando su mano por mi cara, sonrriendo. -Hola, amor.- me dijo en un hilillo de vos.
-Hola.- la alegría de verla despierta de nuevo y al parecer completamente sana me impidió decir algo más.
-Viniste.
-No podía perderme ésto.- dije en una enorme sonrisa.
-Lo siento, amor. Creí que el bebé sería paciente, pero quiso adelantarce.
-Descuida. Fue una linda sorpresa.
-¿Bill?- Cami entra casi de puntitas, creyendo que aún está dormida, pero al verle despierta, casi se le echa encima. -¡Qué bien que despertaste, Cris!- y la abrazó fuertemente. Yo, como exagerado que soy... o eso me ha dicho mi querido hermano, la separé un poco preocupado de que la fuera a lastimar.
-Tranquilo, Bill, no me hará daño.- sonrió.
Dios... extrañaba su sonrisa. -Llamaré a las chicas.- salió de prisa.
-¿Ya lo viste? ¿Cómo está?- se apresuró a preguntar.
-Bueno... es hermosa... tan linda como tú.
-¿Hermosa? ¿Fue...?
-¡Niña! Una hermosa niña, amor.- besé delicadamente sus labios.
Unos momentos más y Yos entró acompañada de una enermera, de las chicas y de mi hermano. -¿Puedo verla?- preguntó insistente Cristal.
La enfermera sonrió, saliendo de la habitación después de revisarla, regresando con la bebé en brazos. Le pedí que me dejara cargarla a mí primero... es que... era tan hermosa... tan parecida a ella, que no podía estar lejos de las dos.Mi amor y mi pequeño pedacito de vida.
La tomé de manera que pudiera verla bien; Cristal sonrió, dejando escapar un par de lagrimillas. -Hola, nena.
La pequeña movió su cabecita. Tan hermosa que se veía... las dos... Ahora sólo sería cuestión de regresar a casa con ambas sanas.
Dos días. Dos días en los que la espera me estaba matando; dos días en los que Cami, Yos, Abii y Tom no nos despegamos de la habitación de Cristal. Dos días en los que los diagnósticos habían sido inciertos.... dos días en los que ella permaneció inconciente, sin poder ver a su hija... a nuestra querida nena.
Esperando que abriera los ojos y lo primero que viera fuera a nuestra bebé, me quedé a su lado día y noche, pidiéndole que reaccionara... que no podía dejarnos todavía...
Las chicas en varias ocasiones me pidieron que fuera a descansar a casa, que ellas me avisarían si había cambios, peor preferí quedarme con ella, sólo llendo a casa para asearme y nada más. No quería despegarme de mi chica; no ahora que me necesitaba más que nunca.
Una noche, después de haber tenido una vez más a mi niña entre mis brazos, me recosté al lado de Cristal, acariciando su mano.
Sin esperarlo ni quererlo, me quedé dormido, soñando con nuestro primer y accidental encuentro. Tan linda que se veía esa tarde...
Una caricia suave por el rostro me despertó. Abrí los ojos lentamente, topándome con Cristal medio despierta, pasando su mano por mi cara, sonrriendo. -Hola, amor.- me dijo en un hilillo de vos.
-Hola.- la alegría de verla despierta de nuevo y al parecer completamente sana me impidió decir algo más.
-Viniste.
-No podía perderme ésto.- dije en una enorme sonrisa.
-Lo siento, amor. Creí que el bebé sería paciente, pero quiso adelantarce.
-Descuida. Fue una linda sorpresa.
-¿Bill?- Cami entra casi de puntitas, creyendo que aún está dormida, pero al verle despierta, casi se le echa encima. -¡Qué bien que despertaste, Cris!- y la abrazó fuertemente. Yo, como exagerado que soy... o eso me ha dicho mi querido hermano, la separé un poco preocupado de que la fuera a lastimar.
-Tranquilo, Bill, no me hará daño.- sonrió.
Dios... extrañaba su sonrisa. -Llamaré a las chicas.- salió de prisa.
-¿Ya lo viste? ¿Cómo está?- se apresuró a preguntar.
-Bueno... es hermosa... tan linda como tú.
-¿Hermosa? ¿Fue...?
-¡Niña! Una hermosa niña, amor.- besé delicadamente sus labios.
Unos momentos más y Yos entró acompañada de una enermera, de las chicas y de mi hermano. -¿Puedo verla?- preguntó insistente Cristal.
La enfermera sonrió, saliendo de la habitación después de revisarla, regresando con la bebé en brazos. Le pedí que me dejara cargarla a mí primero... es que... era tan hermosa... tan parecida a ella, que no podía estar lejos de las dos.Mi amor y mi pequeño pedacito de vida.
La tomé de manera que pudiera verla bien; Cristal sonrió, dejando escapar un par de lagrimillas. -Hola, nena.
La pequeña movió su cabecita. Tan hermosa que se veía... las dos... Ahora sólo sería cuestión de regresar a casa con ambas sanas.
lunes, 20 de junio de 2011
Bienvenida
Bill:
La gira había empezado bien, como las veces anteriores, pero la presión era mayor: con Cristal en casa y en su estado... sin tener noticias de ella o de las chicas más que por teléfono una o dos veces a la semana por cuestiones de trabajos, presentaciones y entrevistas. La angustia de no estar junto a ella me mataba.
-Tranquilo, Bill. Verás que no le pasará nada malo.- Tom se encontraba de un lado al otro del escenario, en las pruebas de sonido.
-Lo sé, lo sé.- Me senté en el borde, llevándome las manos a la cabeza. -Pero no puedo dejar de preocuparme.
-Yo no te pido que dejes de preocuparte, sólo te pido que te calmes un poco. Estás muy tenso.
-¿Tú no lo estarías si supieras que vas a ser papá y estás lejos de tu chica?
-Supongo.. pero aún así sabría que está en buenas manos y me tranquilizaría un poco.
-¿Se van a quedar ahí o van a venir?- Gustav nos llamó desde debajo. Se supone que antes de ensayar con calma, daríamos una entrevista más.
Pasó el tiempo... y la gira se había alargado de más gracias a que habíamos recuperado parte del éexito perdido en la gira pasada.
Entrevistas; sesiones de fotos; pequeñas presentaciones y conciertos. Nuestra agenda estaba llena, pero con suerte regresaría con un mes de sobra antes del nacimiento de mi bebé, así que trataba de calmarme, como me lo pedía mi hermano.
Sólo un par de días para poder regresar a casa... sólo unos días más de estar lejos de ella... Éste último mes de trabajo me la pasé más relajado, disfrutando un poco de las cosas y tratando de conseguir uno que otro obsequio para Cristal y el bebé.
-¿Todavía no sabes si será niño o niña y ya estás comprando cosas?- los chicos a veces se fastidiaban cuando salía a hacer éste tipo de compras, pero igual me acompañaban.
-Cristal dice que pueden ser colores neutros.- les respondí revisando algunas mantas. -¿Qué tal éste?- le mostré una de color azul cielo a Georg.
-Creí que el azul era para niños.
-Vamos, a puesto que le gustará.- Tom y Gustav se habían quedado ésta vez en el hotel; mi hermano por haber convencido a una chica de estar con él, así que creo aún estaba dormido; Gustav se quedó hablando por teléfono con Yos.
-¡Bill!- de pronto, Nathaly se abrió paso entre un par de guardias que llevávamos con nosotros.
-¡Cuidado, Nathaly! Podrías caerte si corres de esa manera.
-Es Cristal.- la manera en la que lo dijo me hizo ponerme nervioso.
-¿Qué pasa con ella?
-Acaba de llamar su hermana. Está en el hospital.
-¡¿Qué?!- en un acto reflejo, dejé caer las cosas al suelo. -¿Sabes por qué?
-Cálmate, Bill.- Georg se me acercó, tratando de tranquilizarme. -SEguro no es nada grave. Quizás sólo se adelantó el parto.
-Eso...- Nathaly se puso nerviosa... más nerviosa que yo. -Hubo complicaciones y tuvieron que internarla.
-¡¿Qué?! Eso no... eso no puede ser.- me apresuré a salir del lugar, pero antes de poner un pie fuera del negocio, Georg me tomó del brazo.
-¡Tranaquilo, Bill!
-¿Cómo puedo estar tranquilo sabiendo que ella está mal? ¡Suéltame!
-¡Escucha: todos iremos de regreso, ¿de acuerdo?- clavé la mirada en él. -Todos estaremos de regreso pronto. Nathaly...- se volvió a ella, sin soltarme. -¿Qué cosas tenemos pendientes?
-Creo... creo que sólo una sesión de fotos.
-Bien. Ven acá, Bill.- así, sosteniéndome del brazo, volvimos al hotel; tocamos a las puertas de las habitaciones de los chicos; Tom salió con una tremenda cara de sueño, mientras Gustav estaba terminando su llamada. -Arreglen sus cosas.
-¿Qué? ¿Por qué?- los dos salieron hacia mi pieza, donde Georg me ayudaba a guardar las pocas cosas que estaban fuera de lugar.
-Nos vamos.
-Pero, pero, pero, pero...-Gustav se quedó ahí parado, viéndonos, mientras la noticia terminó de despertar a Tom. -Aún nos queda trabajo aquí.
-Ya arreglaremos eso más tarde, Tom.- en cuanto terminó de ayudarme, se fue, seguido de Gustav.
-Bill, ¿por qué Geo...?
-Cristal está en el hopital.
-¿Se adelantó el parto?
-Está internada por complicaciones.
-Escucha: ella estará bien.
-Por favor, Tom: necesito estar con ella.- le ví insistente. -Tengo que estar con ella. Me necesita y le prometí que no estaría sola... por favor.
-¿David ya lo sabe?
-No.
-¿Te irás como la última vez?
-Si tengo qué hacerlo, sí.- tomé mi maleta y bajé a la recepción. -Si vinieras conmigo, te lo agradecería.
-Tengo una mejor idea: vete. yo me quedo a calmar a David, que le dará un ataque cuando se entere que no estás.
Le agradecí y salí directamente al aeropuerto, sin despedrime de nadie más. Compré un boleto de regreso. En todo el camino no pude dejar de pensar en ella.
Casi 18 horas de vuelo. Apenas aterrizamos, tomé un taxi a casa; seguramente alguien se había quedado.
Toqué, nadie salió. Abrí la puerta, dejé las maletas en el pasillo y me apresuré a llamar a Yos.
-¿Bill?
-¡Yos! Dime, ¿cómo está Cris?- pregunté al tiempo que subía al auto y conducía al hospital.
-Estable, por el momento. ¿Cuaándo regresas?
-Ya voy de camino al hospital. Espérenme, ¿sí?- no esperé respuesta. Colgué y conduje lo más ráido que pude.
Al llegar, Cami y las demás me recibieron con caras llenas de preocupación. -Entró en trabajo de parto hace mucho... ¿y si le pasa algo?- Cami se aferró a mí, casi llorando. -Yo no quiero que les pase algo.
-Saldrán bien, ya verás.- Yos se mantenía fuerte frente a la situación.
-¿Por qué no le dijiste nada a Gustav?
-No quería preocuparlo.
-¿Quién le avisó a Nathaly?
-Yo.- la vocecilla de Abii se escuchó en un murmullo. -Creí que deberías estar aquí.
Ya no hubo palabras después de eso.Esperamos a que el doctor nos diera noticias.
-¿Bill?- sin darnos cuénta de cómo o en qué momento, nos llamó desde el final del pasillo. Me acerqué temeroso de lo que nos fuera a decir.
¿Qué pasa, doc? ¿Cómo está ella?
-¿Por qué no pasas a verla?- sus palabras me calmaron un poco.
Entré a la habitación nervioso: ahí estaba ella, dormida, mientras una enfermera cargaba un pequeño entre sus brazos. -Felicidades, señor: es una hermosa niña.- Mi corazón dió un salto dentro de mi pecho; me acerqué lentamente. Ella la puso entre mis brazos. -Ella estará bien. El doctor logró estabilizar su estado. Esperamos que despierte pronto.- salió de la habitación.
ME acerqué despacio a Cristal. -Una niña, amor... una hermoza niña. Se parece a tí.- pasé mi vista de la bebé a ella. -Me tenías preocupado: creíq ue pasaría... pasaría algo malo.- pasé saliva. -Regresé sin decirle nada a David o Nathaly; sólo los chicos lo saben. Así que... supongo tendré problemas, pero vale la pena.- al ver a la pequeña bostezar... tan dulce... tan inocente y linda... no pude evitar sonreír. -Despierta pronto, mia mor, para que podamos regresar a casa y disfrutar de ella.
La gira había empezado bien, como las veces anteriores, pero la presión era mayor: con Cristal en casa y en su estado... sin tener noticias de ella o de las chicas más que por teléfono una o dos veces a la semana por cuestiones de trabajos, presentaciones y entrevistas. La angustia de no estar junto a ella me mataba.
-Tranquilo, Bill. Verás que no le pasará nada malo.- Tom se encontraba de un lado al otro del escenario, en las pruebas de sonido.
-Lo sé, lo sé.- Me senté en el borde, llevándome las manos a la cabeza. -Pero no puedo dejar de preocuparme.
-Yo no te pido que dejes de preocuparte, sólo te pido que te calmes un poco. Estás muy tenso.
-¿Tú no lo estarías si supieras que vas a ser papá y estás lejos de tu chica?
-Supongo.. pero aún así sabría que está en buenas manos y me tranquilizaría un poco.
-¿Se van a quedar ahí o van a venir?- Gustav nos llamó desde debajo. Se supone que antes de ensayar con calma, daríamos una entrevista más.
Pasó el tiempo... y la gira se había alargado de más gracias a que habíamos recuperado parte del éexito perdido en la gira pasada.
Entrevistas; sesiones de fotos; pequeñas presentaciones y conciertos. Nuestra agenda estaba llena, pero con suerte regresaría con un mes de sobra antes del nacimiento de mi bebé, así que trataba de calmarme, como me lo pedía mi hermano.
Sólo un par de días para poder regresar a casa... sólo unos días más de estar lejos de ella... Éste último mes de trabajo me la pasé más relajado, disfrutando un poco de las cosas y tratando de conseguir uno que otro obsequio para Cristal y el bebé.
-¿Todavía no sabes si será niño o niña y ya estás comprando cosas?- los chicos a veces se fastidiaban cuando salía a hacer éste tipo de compras, pero igual me acompañaban.
-Cristal dice que pueden ser colores neutros.- les respondí revisando algunas mantas. -¿Qué tal éste?- le mostré una de color azul cielo a Georg.
-Creí que el azul era para niños.
-Vamos, a puesto que le gustará.- Tom y Gustav se habían quedado ésta vez en el hotel; mi hermano por haber convencido a una chica de estar con él, así que creo aún estaba dormido; Gustav se quedó hablando por teléfono con Yos.
-¡Bill!- de pronto, Nathaly se abrió paso entre un par de guardias que llevávamos con nosotros.
-¡Cuidado, Nathaly! Podrías caerte si corres de esa manera.
-Es Cristal.- la manera en la que lo dijo me hizo ponerme nervioso.
-¿Qué pasa con ella?
-Acaba de llamar su hermana. Está en el hospital.
-¡¿Qué?!- en un acto reflejo, dejé caer las cosas al suelo. -¿Sabes por qué?
-Cálmate, Bill.- Georg se me acercó, tratando de tranquilizarme. -SEguro no es nada grave. Quizás sólo se adelantó el parto.
-Eso...- Nathaly se puso nerviosa... más nerviosa que yo. -Hubo complicaciones y tuvieron que internarla.
-¡¿Qué?! Eso no... eso no puede ser.- me apresuré a salir del lugar, pero antes de poner un pie fuera del negocio, Georg me tomó del brazo.
-¡Tranaquilo, Bill!
-¿Cómo puedo estar tranquilo sabiendo que ella está mal? ¡Suéltame!
-¡Escucha: todos iremos de regreso, ¿de acuerdo?- clavé la mirada en él. -Todos estaremos de regreso pronto. Nathaly...- se volvió a ella, sin soltarme. -¿Qué cosas tenemos pendientes?
-Creo... creo que sólo una sesión de fotos.
-Bien. Ven acá, Bill.- así, sosteniéndome del brazo, volvimos al hotel; tocamos a las puertas de las habitaciones de los chicos; Tom salió con una tremenda cara de sueño, mientras Gustav estaba terminando su llamada. -Arreglen sus cosas.
-¿Qué? ¿Por qué?- los dos salieron hacia mi pieza, donde Georg me ayudaba a guardar las pocas cosas que estaban fuera de lugar.
-Nos vamos.
-Pero, pero, pero, pero...-Gustav se quedó ahí parado, viéndonos, mientras la noticia terminó de despertar a Tom. -Aún nos queda trabajo aquí.
-Ya arreglaremos eso más tarde, Tom.- en cuanto terminó de ayudarme, se fue, seguido de Gustav.
-Bill, ¿por qué Geo...?
-Cristal está en el hopital.
-¿Se adelantó el parto?
-Está internada por complicaciones.
-Escucha: ella estará bien.
-Por favor, Tom: necesito estar con ella.- le ví insistente. -Tengo que estar con ella. Me necesita y le prometí que no estaría sola... por favor.
-¿David ya lo sabe?
-No.
-¿Te irás como la última vez?
-Si tengo qué hacerlo, sí.- tomé mi maleta y bajé a la recepción. -Si vinieras conmigo, te lo agradecería.
-Tengo una mejor idea: vete. yo me quedo a calmar a David, que le dará un ataque cuando se entere que no estás.
Le agradecí y salí directamente al aeropuerto, sin despedrime de nadie más. Compré un boleto de regreso. En todo el camino no pude dejar de pensar en ella.
Casi 18 horas de vuelo. Apenas aterrizamos, tomé un taxi a casa; seguramente alguien se había quedado.
Toqué, nadie salió. Abrí la puerta, dejé las maletas en el pasillo y me apresuré a llamar a Yos.
-¿Bill?
-¡Yos! Dime, ¿cómo está Cris?- pregunté al tiempo que subía al auto y conducía al hospital.
-Estable, por el momento. ¿Cuaándo regresas?
-Ya voy de camino al hospital. Espérenme, ¿sí?- no esperé respuesta. Colgué y conduje lo más ráido que pude.
Al llegar, Cami y las demás me recibieron con caras llenas de preocupación. -Entró en trabajo de parto hace mucho... ¿y si le pasa algo?- Cami se aferró a mí, casi llorando. -Yo no quiero que les pase algo.
-Saldrán bien, ya verás.- Yos se mantenía fuerte frente a la situación.
-¿Por qué no le dijiste nada a Gustav?
-No quería preocuparlo.
-¿Quién le avisó a Nathaly?
-Yo.- la vocecilla de Abii se escuchó en un murmullo. -Creí que deberías estar aquí.
Ya no hubo palabras después de eso.Esperamos a que el doctor nos diera noticias.
-¿Bill?- sin darnos cuénta de cómo o en qué momento, nos llamó desde el final del pasillo. Me acerqué temeroso de lo que nos fuera a decir.
¿Qué pasa, doc? ¿Cómo está ella?
-¿Por qué no pasas a verla?- sus palabras me calmaron un poco.
Entré a la habitación nervioso: ahí estaba ella, dormida, mientras una enfermera cargaba un pequeño entre sus brazos. -Felicidades, señor: es una hermosa niña.- Mi corazón dió un salto dentro de mi pecho; me acerqué lentamente. Ella la puso entre mis brazos. -Ella estará bien. El doctor logró estabilizar su estado. Esperamos que despierte pronto.- salió de la habitación.
ME acerqué despacio a Cristal. -Una niña, amor... una hermoza niña. Se parece a tí.- pasé mi vista de la bebé a ella. -Me tenías preocupado: creíq ue pasaría... pasaría algo malo.- pasé saliva. -Regresé sin decirle nada a David o Nathaly; sólo los chicos lo saben. Así que... supongo tendré problemas, pero vale la pena.- al ver a la pequeña bostezar... tan dulce... tan inocente y linda... no pude evitar sonreír. -Despierta pronto, mia mor, para que podamos regresar a casa y disfrutar de ella.
jueves, 16 de junio de 2011
Cuidados
Bill:
Tres días pasaron desde que dimos la noticia... y todo el mundo se comportaba con ella como si fuera una muñequita de porcelana tan frágil como si cualquier corriente de aire la fuese a romper... y, a juzgar por su gesto, le molestaba un poco, aunque también agradecía las atenciones que tenían con ella.
Fuimos al médico en compañía de Tom para el ultrasonido. Al principio, la enfermera nos recibió de muy buena manera, llenándonos de palabras de aliento, hasta que llegó el doctor y le pidió a ella y a mi hermano que nos dejaran solos con él.
-¿Qué le parece, doc? ¡Voy a ser papá!- dije alegremente ante sus gestos fríos que no cambiaron ni un poco. Cristal captó el mensaje de su frialdad mucho antes que yo y borró su sonrisa, poniéndoce seria. -¿Qué pasa?
-Hay algo que tienen que saber, Bill.
-Es acerca del bebé, ¿verdad?- preguntó mi chica cabizbaja.
-Desgraciadamente, sí.
-¿Qué quiere decir con "desgraciadamente"?- mi cuerpo comenzó a tembblar un poco.
-El embarazo es de alto riesgo debido a la condición de Cristal, Bill. No tenemos la certeza de que llegue a buen término.
El corazón se detuvó dentro de mi pecho al verlo bajar la mirada y apagarse las últimas palabras en sus labios, d emodo que yo no pudiera escucharlas. -¿Es en serio?
-Bill...- escuchaba a mi chica con voz quebradiza, débil... pero algo me impedía verla.
-¿Está diciendo que podríamos perderlo?- al decirlo, una bomba de nervios estalló dentro de mí.
-Perderlo durante el embarazo o...
-¿O?
-En caso de que pase los 9 meses sin complicaciones graves, tendrían que decididir entre la vida de bebé o la de Cristal.
Ya no más... ya no podía ser la fortaleza de ella; ya no me quedaban fuerzas para sostenerme.
Era una ilución nueva que ella y yo habíamos concebido en medio de nuestra felicidad, y se estaba apagando antes de hacerce realidad.
-No. Eso no va a pasar.- su dulce voz rompió con el silencio que se había interpuesto entre nosotros. Volteé a verla: estaba limpiando la slágrimas que resbalaban por su rostro. -Eso no va a pasar.- repitió.
-Estás muy delicada. En tu estado...
-Sea como sea mi estado eso no afectará al bebé. Ya lo verá.- Se acercó y tomó mi mano. -Éste pequeño regalo vendrá sano y salvo a nuestras vidas y yo estaré a su lado para verle crecer.
La miré sorprendido y con esperanzas de poder lograr lo que decía.
-Los tres estaremos bien.- dije besando su cabeza. -Nada va a separarnos.
Aún con algunas palabras pesimistas del doctor, salimos del consultorio, ocultando cualquier rastro de trsiteza que nos delatara frente a mi hermano.
-¿Y bien?
-¿Qué?
-¿Niña o niño?
Cristal sonrió tiernamente. -Queremos que sea sorpresa, Tom.
-Qué aburrido. Así no sabrán de qué color comprarle su ropa o pintar su cuarto.
-Hay colores neutrales, Tom. Podemos usar el blanco...
-O el amarillo.- s eme ocurrió decir.
-No, amarillo no, amor.
-¿Por qué no?
-Ese no me gusta.- dijo haciendo cara de disgusto. Sonreí y le dije que entonces el amarillo quedaba olvidado.
Regresamos a casa. En un par de meses tuvimos que dejarlas solas, a cargo de un pequeño grupo de seguridad, pues empezaba nuestra gira.
DEspués de asegurarme que estaría en buenas manos, nos despedimos de ellas, pidiéndole en especial a Yos que cuidara de Cristal y que me mantuvieran al pendiente de su estado.
Tres días pasaron desde que dimos la noticia... y todo el mundo se comportaba con ella como si fuera una muñequita de porcelana tan frágil como si cualquier corriente de aire la fuese a romper... y, a juzgar por su gesto, le molestaba un poco, aunque también agradecía las atenciones que tenían con ella.
Fuimos al médico en compañía de Tom para el ultrasonido. Al principio, la enfermera nos recibió de muy buena manera, llenándonos de palabras de aliento, hasta que llegó el doctor y le pidió a ella y a mi hermano que nos dejaran solos con él.
-¿Qué le parece, doc? ¡Voy a ser papá!- dije alegremente ante sus gestos fríos que no cambiaron ni un poco. Cristal captó el mensaje de su frialdad mucho antes que yo y borró su sonrisa, poniéndoce seria. -¿Qué pasa?
-Hay algo que tienen que saber, Bill.
-Es acerca del bebé, ¿verdad?- preguntó mi chica cabizbaja.
-Desgraciadamente, sí.
-¿Qué quiere decir con "desgraciadamente"?- mi cuerpo comenzó a tembblar un poco.
-El embarazo es de alto riesgo debido a la condición de Cristal, Bill. No tenemos la certeza de que llegue a buen término.
El corazón se detuvó dentro de mi pecho al verlo bajar la mirada y apagarse las últimas palabras en sus labios, d emodo que yo no pudiera escucharlas. -¿Es en serio?
-Bill...- escuchaba a mi chica con voz quebradiza, débil... pero algo me impedía verla.
-¿Está diciendo que podríamos perderlo?- al decirlo, una bomba de nervios estalló dentro de mí.
-Perderlo durante el embarazo o...
-¿O?
-En caso de que pase los 9 meses sin complicaciones graves, tendrían que decididir entre la vida de bebé o la de Cristal.
Ya no más... ya no podía ser la fortaleza de ella; ya no me quedaban fuerzas para sostenerme.
Era una ilución nueva que ella y yo habíamos concebido en medio de nuestra felicidad, y se estaba apagando antes de hacerce realidad.
-No. Eso no va a pasar.- su dulce voz rompió con el silencio que se había interpuesto entre nosotros. Volteé a verla: estaba limpiando la slágrimas que resbalaban por su rostro. -Eso no va a pasar.- repitió.
-Estás muy delicada. En tu estado...
-Sea como sea mi estado eso no afectará al bebé. Ya lo verá.- Se acercó y tomó mi mano. -Éste pequeño regalo vendrá sano y salvo a nuestras vidas y yo estaré a su lado para verle crecer.
La miré sorprendido y con esperanzas de poder lograr lo que decía.
-Los tres estaremos bien.- dije besando su cabeza. -Nada va a separarnos.
Aún con algunas palabras pesimistas del doctor, salimos del consultorio, ocultando cualquier rastro de trsiteza que nos delatara frente a mi hermano.
-¿Y bien?
-¿Qué?
-¿Niña o niño?
Cristal sonrió tiernamente. -Queremos que sea sorpresa, Tom.
-Qué aburrido. Así no sabrán de qué color comprarle su ropa o pintar su cuarto.
-Hay colores neutrales, Tom. Podemos usar el blanco...
-O el amarillo.- s eme ocurrió decir.
-No, amarillo no, amor.
-¿Por qué no?
-Ese no me gusta.- dijo haciendo cara de disgusto. Sonreí y le dije que entonces el amarillo quedaba olvidado.
Regresamos a casa. En un par de meses tuvimos que dejarlas solas, a cargo de un pequeño grupo de seguridad, pues empezaba nuestra gira.
DEspués de asegurarme que estaría en buenas manos, nos despedimos de ellas, pidiéndole en especial a Yos que cuidara de Cristal y que me mantuvieran al pendiente de su estado.
lunes, 30 de mayo de 2011
Cumpleaños
Cristal:
Acababa de regresar del médico. Me había atrevido a ir sin Bill... sin nadie. Ésto era algo que quería mantener en secreto, por lo menos hasta ésta tarde.
Era cumpleaños de la pequeña Abii. Su padre aún estaba de viaje, así que sería su primer cumpleaños no lejos de él, sino lejos de su hogar. Era una fecha muy importante.
Había pasado ya dos meses desde esa sorpresa que Bill había preparado para mí... dos meses en los que habían pasado tantas cosas... los chicos ya preparaban su gira próxima; el noviazgo de Yosy y Gustav iba genial... al igual que mi pequeña vampiro con Louis, ya que habían optado por regresar... y creo que estaban felices, tanto como Bill y yo. En cuanto a Tom... bueno, él aún frecuentaba a varias chicas, sin desatender a su pequeña dama.
Al llegar a casa, oculté el sobre donde estaban los resultados. Me dirigí a la sala, donde Tom, como siempre,
estaba jugando como niño pequeño con Abii. -¿La festejada ya está lista para su fiesta?- pregunté con una gran sonrisa.
-Obviamente, Cris.- me recibió con una sonrisa, al igual que su compañero de juegos.
-Qué bien. ¿Y las demás?
-Salieron con sus novios.- dijo borrando su gesto. -Nadie se acordó de mi cumpleaños.
-Yo me acordé.- repuso orgulloso Tom.
-Porque te dije ayer. Así no cuenta.- le sacó al lengua. Yo sólo me reía.
-Peor me acordé. Eso ya es algo, ¿no?
-Supongo.- se le veía molesta... y aunque él y yo sabíamos que sólo lo hacía por molestar y hacernos creer que en verdad estaba resentida, se acercó y besó su mejilla, para contentarla un poco, lo que resultó a la perfección.
-¿Saben dónde está Bill?
-Mi querido hermano está arriba, preocupado porque no encuentra sus libretas.- cargó a la pequeña y la llevó hasta la sala.
-No la vayas a lastimar, Tomi.
-Eso jamás, tu tranquila.
Subí las escaleras escuchando las risas de ambos detrás de mí.
Saqué el sobre de mis ropas y lo coloqué detrás de mi espalda. Al entrar a la habitación, ví a Bill revolviendo las cosas, hasta dar con una libretilla forrada de negro, con algunos dibujos en la portada. -Hola, amor.
-¡Cris! Creí que habías salido con tu hermana.
-¿Hacerla de chaperona? No, eso no lo haría. ¿Qué es eso?
-Era mi manera de tenerte cerca cuando no nos conocíamos.- me lo extendió. Lo abrí con cuidado, admirando los retratos que hacía de mí. Eran... tan... lindos. - Cielo... son hermosos.- se acercó tomándome por la cintura y me besó tiernamente.
-No pude dibujar lo hermoza que eres, pero por lo menos lo intenté.- sonrió. -¿y eso?- preguntó señalando con la vista el sobre que tenía entre mis manos.
-Bueno, de ésto era de lo que quería hablar contigo.- lo llevé a la cama y le pedí que tomara asiento. Él me veía atento y de manera tan dulce... -Fui al médico ésta mañana y...
-¿Te sentías mal? ¿Por qué no me despertaste para acompañarte?
-Porque era muy de mañana y no quise hacerlo. Quería ir sola, Bill... además, no era nada grave.
-¿Entonces?
-Bueno, sí tenía algunas molestias y fue por eso que fui al médico. Me hicieron unos estudios y... bueno... resulta que... estoy embarazada.- ésto último lo dije en voz baja. -Mira, yo sé que por el momento no quieres tener hijos ni algún compromiso de ese tamaño... yo... si tú me dices que no quieres tener nada qué ver, lo entenderé y... no tendrás de qué preocuparte, de verdad. Me iré sin decir nada y viviré por éste pequeño; me haré cargo de él y no tendrás que hacer nada... ni siquiera te pediré que le des tu apellido... nada. - le miré: estaba atento a mis palabras, con la vista baja, pensando.
En verdad creía que me diría algo... que no quería verme por un tiempo, por lo menos. -Bill... ¿qué piensas?- no hubo respuesta. -Dime algo, Bill.
-¿Es en serio?- le dí los resultados, para que lo comprobara. -Yo... yo...
-Si me pides que me vaya, me iré hoy mismo.- respondí con la vista baja, colocando las manos sobre mi vientre.
-Ésto es... es...- ni siquiera me dí cuenta de cuando se puso de pie; sólo sentí cómo me rodeaba con sus brazos y me alzaba. -¡Es maravilloso!- sus palabras iluminaron mi rostro. -¿Por qué creíste que te diría que te fueras?
-Yo... no sé.- le respondí con voz entrecortada, emocionadísima de que lo hubiese tomado de esa manera.
-¿Voy a ser papá?- preguntó alegremente. Yo asentí. -¡Voy a ser papá! ¡Espera que los demás lo sepan! ¡Que mi hermano se entere de que será tío! Le dará un infarto...- reí junto con él.
-¡Bill!- comenzó a darme vueltas. -¡Bill, bájame!
-¿Cuánto...?
-Dos meses.
-¿Desde que...?
-Ajá.- se detuvo y nos volvimos a besar dulcemente. -Creí que nos habíamos cuidado bien.
-Es el destino, linda. La vida nos ha dado una razón más para seguir juntos.- sonreímos.
-¿Cuándo se los diremos?
-Me parece que hoy es un buen día: hay fiesta, ¿no? Hagámosla más grande.
-No suena mal.
Bajamos al escuchar que las chicas habían llegado y habían felicitado a la pequeña en coro. -¿Les decimos ya?
-No comas ansias, amor.- le tomé de la mano y salimos de la habitación. -Espera a que apague las velitas y después ya veremos.- bajamos y nos encontramos con la mirada de todos encima.
-Todos tienen pareja menos tu hermano, Bill.- se le ocurrió decir a Geo, quien iba acompañado de su novia.
-No necesito compañía mientras la pequeña monstruo cumpleañera esté pegada a mi como anguijuela.
-Malo.- y una vez más, comenzaron a pelear.
La verdad, era divertido verlos así.
-¿Y ustedes por qué tan felices?- preguntó mi hermana, separándoce de su chico.
-Sorpresa.- respondió Bill, tomándome de la cadera y caminando hacia la sala.
Esperamos a que apagara las velas del pastel que amablemente Gustav le había regalado; a que abriera los pequeños presentes que le habíamos dado y entonces Bill pidió su atención.
-Am.. chicos... Cris y yo tenemos que decirles algo.
-¿Es algo del médico?
-Digamos que sí.- todos le miraron preocupados. -Pero quiten esas caras que no es nada grave.
-Pues dilo ya de una vez, Bill.- Tom estaba ansioso. -Si es por la gira... por la boda.... o...
-Espera, ¿tu hermano se va a casar?- preguntó Gustav.
-Sí.
-¿Por que no nos habían dicho nada?
-Yo ya lo sabía.- respondió Georg en una sonrisa.
-¿Y por qué yo no lo sabía?
-Quizás porque...- antes de que Tom le contestara, su hermano le robó la palabra.
-Resulta que... bueno... vamos a ser papás.
-...tal vez... ¡¿Qué?!- en cuanto le escuchó, volteó a verlo, con los ojos completamente abiertos. -¡¿Qué demonios dices, Bill?!
-Que tú y Cami van a ser tíos, sordo.
-¿Es en serio, hermana?
-¿Cuándo te he mentido, Cami?- no me respondió. Se acercó junto con los demás a felicitarnos, menos Tom. Él aún estaba en shock.
-Pero, pero, pero, pero...
-Pero nada, Tom. ¿Qué no entiendes? ¡Voy a ser papá!
La sonrisa de mi chico le bastó para asimilar las cosas y alegrarce junto con nosotros.
Acababa de regresar del médico. Me había atrevido a ir sin Bill... sin nadie. Ésto era algo que quería mantener en secreto, por lo menos hasta ésta tarde.
Era cumpleaños de la pequeña Abii. Su padre aún estaba de viaje, así que sería su primer cumpleaños no lejos de él, sino lejos de su hogar. Era una fecha muy importante.
Había pasado ya dos meses desde esa sorpresa que Bill había preparado para mí... dos meses en los que habían pasado tantas cosas... los chicos ya preparaban su gira próxima; el noviazgo de Yosy y Gustav iba genial... al igual que mi pequeña vampiro con Louis, ya que habían optado por regresar... y creo que estaban felices, tanto como Bill y yo. En cuanto a Tom... bueno, él aún frecuentaba a varias chicas, sin desatender a su pequeña dama.
Al llegar a casa, oculté el sobre donde estaban los resultados. Me dirigí a la sala, donde Tom, como siempre,
estaba jugando como niño pequeño con Abii. -¿La festejada ya está lista para su fiesta?- pregunté con una gran sonrisa.
-Obviamente, Cris.- me recibió con una sonrisa, al igual que su compañero de juegos.
-Qué bien. ¿Y las demás?
-Salieron con sus novios.- dijo borrando su gesto. -Nadie se acordó de mi cumpleaños.
-Yo me acordé.- repuso orgulloso Tom.
-Porque te dije ayer. Así no cuenta.- le sacó al lengua. Yo sólo me reía.
-Peor me acordé. Eso ya es algo, ¿no?
-Supongo.- se le veía molesta... y aunque él y yo sabíamos que sólo lo hacía por molestar y hacernos creer que en verdad estaba resentida, se acercó y besó su mejilla, para contentarla un poco, lo que resultó a la perfección.
-¿Saben dónde está Bill?
-Mi querido hermano está arriba, preocupado porque no encuentra sus libretas.- cargó a la pequeña y la llevó hasta la sala.
-No la vayas a lastimar, Tomi.
-Eso jamás, tu tranquila.
Subí las escaleras escuchando las risas de ambos detrás de mí.
Saqué el sobre de mis ropas y lo coloqué detrás de mi espalda. Al entrar a la habitación, ví a Bill revolviendo las cosas, hasta dar con una libretilla forrada de negro, con algunos dibujos en la portada. -Hola, amor.
-¡Cris! Creí que habías salido con tu hermana.
-¿Hacerla de chaperona? No, eso no lo haría. ¿Qué es eso?
-Era mi manera de tenerte cerca cuando no nos conocíamos.- me lo extendió. Lo abrí con cuidado, admirando los retratos que hacía de mí. Eran... tan... lindos. - Cielo... son hermosos.- se acercó tomándome por la cintura y me besó tiernamente.
-No pude dibujar lo hermoza que eres, pero por lo menos lo intenté.- sonrió. -¿y eso?- preguntó señalando con la vista el sobre que tenía entre mis manos.
-Bueno, de ésto era de lo que quería hablar contigo.- lo llevé a la cama y le pedí que tomara asiento. Él me veía atento y de manera tan dulce... -Fui al médico ésta mañana y...
-¿Te sentías mal? ¿Por qué no me despertaste para acompañarte?
-Porque era muy de mañana y no quise hacerlo. Quería ir sola, Bill... además, no era nada grave.
-¿Entonces?
-Bueno, sí tenía algunas molestias y fue por eso que fui al médico. Me hicieron unos estudios y... bueno... resulta que... estoy embarazada.- ésto último lo dije en voz baja. -Mira, yo sé que por el momento no quieres tener hijos ni algún compromiso de ese tamaño... yo... si tú me dices que no quieres tener nada qué ver, lo entenderé y... no tendrás de qué preocuparte, de verdad. Me iré sin decir nada y viviré por éste pequeño; me haré cargo de él y no tendrás que hacer nada... ni siquiera te pediré que le des tu apellido... nada. - le miré: estaba atento a mis palabras, con la vista baja, pensando.
En verdad creía que me diría algo... que no quería verme por un tiempo, por lo menos. -Bill... ¿qué piensas?- no hubo respuesta. -Dime algo, Bill.
-¿Es en serio?- le dí los resultados, para que lo comprobara. -Yo... yo...
-Si me pides que me vaya, me iré hoy mismo.- respondí con la vista baja, colocando las manos sobre mi vientre.
-Ésto es... es...- ni siquiera me dí cuenta de cuando se puso de pie; sólo sentí cómo me rodeaba con sus brazos y me alzaba. -¡Es maravilloso!- sus palabras iluminaron mi rostro. -¿Por qué creíste que te diría que te fueras?
-Yo... no sé.- le respondí con voz entrecortada, emocionadísima de que lo hubiese tomado de esa manera.
-¿Voy a ser papá?- preguntó alegremente. Yo asentí. -¡Voy a ser papá! ¡Espera que los demás lo sepan! ¡Que mi hermano se entere de que será tío! Le dará un infarto...- reí junto con él.
-¡Bill!- comenzó a darme vueltas. -¡Bill, bájame!
-¿Cuánto...?
-Dos meses.
-¿Desde que...?
-Ajá.- se detuvo y nos volvimos a besar dulcemente. -Creí que nos habíamos cuidado bien.
-Es el destino, linda. La vida nos ha dado una razón más para seguir juntos.- sonreímos.
-¿Cuándo se los diremos?
-Me parece que hoy es un buen día: hay fiesta, ¿no? Hagámosla más grande.
-No suena mal.
Bajamos al escuchar que las chicas habían llegado y habían felicitado a la pequeña en coro. -¿Les decimos ya?
-No comas ansias, amor.- le tomé de la mano y salimos de la habitación. -Espera a que apague las velitas y después ya veremos.- bajamos y nos encontramos con la mirada de todos encima.
-Todos tienen pareja menos tu hermano, Bill.- se le ocurrió decir a Geo, quien iba acompañado de su novia.
-No necesito compañía mientras la pequeña monstruo cumpleañera esté pegada a mi como anguijuela.
-Malo.- y una vez más, comenzaron a pelear.
La verdad, era divertido verlos así.
-¿Y ustedes por qué tan felices?- preguntó mi hermana, separándoce de su chico.
-Sorpresa.- respondió Bill, tomándome de la cadera y caminando hacia la sala.
Esperamos a que apagara las velas del pastel que amablemente Gustav le había regalado; a que abriera los pequeños presentes que le habíamos dado y entonces Bill pidió su atención.
-Am.. chicos... Cris y yo tenemos que decirles algo.
-¿Es algo del médico?
-Digamos que sí.- todos le miraron preocupados. -Pero quiten esas caras que no es nada grave.
-Pues dilo ya de una vez, Bill.- Tom estaba ansioso. -Si es por la gira... por la boda.... o...
-Espera, ¿tu hermano se va a casar?- preguntó Gustav.
-Sí.
-¿Por que no nos habían dicho nada?
-Yo ya lo sabía.- respondió Georg en una sonrisa.
-¿Y por qué yo no lo sabía?
-Quizás porque...- antes de que Tom le contestara, su hermano le robó la palabra.
-Resulta que... bueno... vamos a ser papás.
-...tal vez... ¡¿Qué?!- en cuanto le escuchó, volteó a verlo, con los ojos completamente abiertos. -¡¿Qué demonios dices, Bill?!
-Que tú y Cami van a ser tíos, sordo.
-¿Es en serio, hermana?
-¿Cuándo te he mentido, Cami?- no me respondió. Se acercó junto con los demás a felicitarnos, menos Tom. Él aún estaba en shock.
-Pero, pero, pero, pero...
-Pero nada, Tom. ¿Qué no entiendes? ¡Voy a ser papá!
La sonrisa de mi chico le bastó para asimilar las cosas y alegrarce junto con nosotros.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Pasión
Cristal:
La noche había sido mágica... hasta que recordé mi condición... lo que atrajo un poco de melancolía al momento. Bill trató de retomar la calma y lo agradable de la noche, diciéndome que no pensara en nada más que no fuera en nosotros. Y creo que funcionó un poco.
-Cielo...- me condujo con los ojos cerrados a lo largo de la pequeña vivienda. -...me caeré.- dije en una sonrisa.
-¿No confías en mí?
-No es eso... sólo tengo la sensación de que me caeré.
-Yo nunca te dejaría caer.- me pidió que abriera los ojos: estabamos frente a una cama enorme rodeada de velas y pétalos de rosas rojas.
Yo... yo creí que esas cosas no existían... no existía chico capaz de hacer ésto.
Bill era un ángel... un chico de ensueño... y yo... no era justo que fuera para mí.
-Bill...
-Shh.- puso un dedo sobre mis labios, besándome en seguida. Yo me dejé hacer... si no podría estar toda una vida junto a él, por lo menos quería que se quedara con un gran recuerdo de mi parte.
Entre besos que él profundizaba más y más, y caricias intercambiadas, terminamos cayendo en la cama.
Mi vestido se desvaneció entre sus manos, al igual que su ropa fue desapareciendo en algún rincón de la habitación.
Sus manos se pasearon libremente a lo largo de mi cuerpo; creando nuevos senderos y reviviendo los que antes ya había trazado, hasta llegar a la cicatriz de mi pecho. Ahí fue donde tomé sus manos y lo detuve.
-¿Qué pasa amor?
-Ésto... no me gusta. Me recuerda lo que va a pasar...
-Tranquila.- tomó mis manos entre las suyas, colocándolas sobre la marca. -Eso no le resta belleza a tu cuerpo.- besó mis labios.
Sus palabras me levantaban el ánimo un poco, así que me dejé hacer. Dejé que recorriera de nuevo mi cuerpo; de arriba abajo; que se perdiera en mi interior; susurrando palabrillas que por momentos no entendía... abandonándome al amor que sentía por él y que era una de las cosas que me mantenía con vida.
Pasamos el resto de la noche así, sin parar... con la respiración agitada y nuestros cuerpos bañados en sudor, hasta que llegó un nuevo dia y con él, la obligación de regresar a casa.
La noche había sido mágica... hasta que recordé mi condición... lo que atrajo un poco de melancolía al momento. Bill trató de retomar la calma y lo agradable de la noche, diciéndome que no pensara en nada más que no fuera en nosotros. Y creo que funcionó un poco.
-Cielo...- me condujo con los ojos cerrados a lo largo de la pequeña vivienda. -...me caeré.- dije en una sonrisa.
-¿No confías en mí?
-No es eso... sólo tengo la sensación de que me caeré.
-Yo nunca te dejaría caer.- me pidió que abriera los ojos: estabamos frente a una cama enorme rodeada de velas y pétalos de rosas rojas.
Yo... yo creí que esas cosas no existían... no existía chico capaz de hacer ésto.
Bill era un ángel... un chico de ensueño... y yo... no era justo que fuera para mí.
-Bill...
-Shh.- puso un dedo sobre mis labios, besándome en seguida. Yo me dejé hacer... si no podría estar toda una vida junto a él, por lo menos quería que se quedara con un gran recuerdo de mi parte.
Entre besos que él profundizaba más y más, y caricias intercambiadas, terminamos cayendo en la cama.
Mi vestido se desvaneció entre sus manos, al igual que su ropa fue desapareciendo en algún rincón de la habitación.
Sus manos se pasearon libremente a lo largo de mi cuerpo; creando nuevos senderos y reviviendo los que antes ya había trazado, hasta llegar a la cicatriz de mi pecho. Ahí fue donde tomé sus manos y lo detuve.
-¿Qué pasa amor?
-Ésto... no me gusta. Me recuerda lo que va a pasar...
-Tranquila.- tomó mis manos entre las suyas, colocándolas sobre la marca. -Eso no le resta belleza a tu cuerpo.- besó mis labios.
Sus palabras me levantaban el ánimo un poco, así que me dejé hacer. Dejé que recorriera de nuevo mi cuerpo; de arriba abajo; que se perdiera en mi interior; susurrando palabrillas que por momentos no entendía... abandonándome al amor que sentía por él y que era una de las cosas que me mantenía con vida.
Pasamos el resto de la noche así, sin parar... con la respiración agitada y nuestros cuerpos bañados en sudor, hasta que llegó un nuevo dia y con él, la obligación de regresar a casa.
viernes, 13 de mayo de 2011
Regalo
Cristal:
Después de dos meses de encierro, los doctores por fin habían dicho que podría salir. Y aprovechando que las chicas estarían fuera todo el día, Bill y yo podríamos escaparnos por ahí.
-¿Todo bien, Cris?
Me había quedado viendo la calle desde el ventanal de nuestra habitación. Me giré a verlo, sonreinte. -Claro, cielo.
-Y bien...- me abrazó por detrás. -..en tus ojos se ve que planeas algo. ¿Puedo saber qué es?
-Quiero salir, Bill.
-Salir... ¿eh?- besó mi cuello. -¿En serio?
-Bill... he estado encerrada durante días... ¿y me preguntas si es en serio?
-Sólo preguntaba.- me giré, besándolo en lo labios. -¿Sabes? Te tengo una sorpresa.
-¿Sorpresa? ¡Yo quiero ssaber!
-Tendrás que esperar.
-No quiero esperar.- hice pucheros. -¿no me puedes decir ahorita?
-Nop.
-Sólo dame una pista.
-Nop.
-No seas malo, amor.
-Espera, ¿quieres? No seas impaciente.
-Esta bien.
Pasamos el resto del día en casa, viendo películas y escuchando musica... sin hacer nada especial, hasta que llegó la noche.
Bill desaprareció por unos momentos, regresando con una caja enorme envuelta en un hermozo papel color azul. -¿Qué es eso, cielo?
-Ésto...- me entregó el paquete. -...es parte de la sorpresa. Abrelo.
Me apresuré a rasgar el papel y abrir la caja... era un vestido nergo... hermozo.
-Oh, cielo...- la cara de Bill mostraba alegría.
-¿Te gusta?
-Esta divino... gracias.- lo abracé.
-Vamos, póntelo.- le hice caso sin subir a la habitación; simplemente me dí la vuelta para vestirme. -Te ves... hermoza.- me tomó de la cintura. -me encantas.
-¿En serio?
-Como no tienes idea.
-¿Puedo saber a qué se debe tu regalo?
-Ya verás.- se separó de mí. -Me arreglo rápido y te mostraré la sorpresa.
en vez de esperarlo a que bajara, le seguí. -¿No crees que yo tabién me tengo que arreglar? Yo también me quiero ver linda.- él sólo sonrió.
Pasados unos minutos, me vió fijamente. -No creí que fuera posible...
-¿Qué?
-Que pudieras ser más hermoza de lo que ya eres.- sus palabras me sonrojaron.
En un descuido, me tomó entre sus brazos, llevándome afuera así. -¡Bill! ¡Bájame!- se lo pedía sonriendo, pero me ignoraba.
Me metió en su auto. En unos instantes, él conducía a las afueras de la ciudad. -¿A dónde me llevas?- no me respondió.
Una hora más y se detuvo. -Bill... ¿ahora sí me dirás a dónde me has traído?
-Cierra los ojos.
-Bill...
-Por favor.- su mirada era tan dulce... que no supe decir que no.
Una vez más me bajó en brazos, caminando un largo trecho así. -Llegamos. Abrelos, linda.
Me quedé sin palabras al ver el lugar: era tan... hermozo. Era un lugar parecido a la cabañuela en donde se quedaron cuando estaban de visita con nosotras.
-Bill...
-Ven.- Tomó mi mano, llevándome al interior.
En medio, había una mesilla y dos sillas; velas y rosas por todo el lugar... era tan... romántico. -¡Mi vida! ¿tú lo hiciste?
-Bueno, el momento tenía que ser mágico.
Nos sentamos a la mesa. Él se notaba nervioso... pero no fui capaz de preguntarle.
Después de la cena, acercó un poco más su silla a mí. -Amor... ¿te gustó?
-No.
-¿No?
-Me encantó.- le besé. -Grcias por éstos momentos, Bill.
-Espera.- metió las manos a su saco. -Hay más...- y sacó una pequeña cajilla de terciopelo.
-Bill...- llevé mis manos al rostro, al tiempo que mis ojos se rasgaron de la emoción.
-Yo... sé que no he sido el mejor novio del mundo... y que no tengo el tiempo que quisiera para tí, pero... te amo. Te amo con toda mi alma y... sé que eres la indicada... y yo... bueno, lo he pensado.. y el entrometido de mi hermano me ayudó a decidir.... y... bueno... me preguntaba si...- abrió la cajilla lentamente, dejando ver en su interior un hermoso anillo, con un gran diamante en el centro. -... si tú... si tú querías...
-Oh, Bill...- u par de lagrimillas bajaron por mi rostro. -...¡claro que sí!
-¿En... en serio?
-¡Por supuesto que sí, tontito!- me eché a sus brazos. -Pero...- en cuanto recordé mi condición, me entristecí un poco. -...Yo...
-La boda no será pronto, pero prometo que sucederá.- dijo colocando el anillo en mi dedo. - Y la fiesta será grandiosa...
-Bill...
-¿Qué pasa, linda?- su mirada tan dulce me partía el alma... ¿cómo quitarle la felicidad?
-Yo... ¿sabes si el tiempo nos lo permitirá?- su semblante se ensombreció un poco. -Yo... quizás no deberías comprometerte.- dije devolviéndole el anillo. -No sería justo ilusionarte y después... dejarte solo y con una herida muy grande.
Tomó mi mano y el anillo entre sus manos, colocándocelas a la altura del corazón. -Te amo. Eso debería bastar.
-Bill...
-No me importa lo que tenga que pasar. Encontraré la manera de que te quedes conmigo... y si... - sus ojos también dejaron libres un par de lágrimas. -...si te pierdo, ya encontraré la manera de ir tras de ti... o de regresarte.
No había más que decir... sería cuestión de ver qué tan fuertes podríamos llegar a ser con el tiempo.
Después de dos meses de encierro, los doctores por fin habían dicho que podría salir. Y aprovechando que las chicas estarían fuera todo el día, Bill y yo podríamos escaparnos por ahí.
-¿Todo bien, Cris?
Me había quedado viendo la calle desde el ventanal de nuestra habitación. Me giré a verlo, sonreinte. -Claro, cielo.
-Y bien...- me abrazó por detrás. -..en tus ojos se ve que planeas algo. ¿Puedo saber qué es?
-Quiero salir, Bill.
-Salir... ¿eh?- besó mi cuello. -¿En serio?
-Bill... he estado encerrada durante días... ¿y me preguntas si es en serio?
-Sólo preguntaba.- me giré, besándolo en lo labios. -¿Sabes? Te tengo una sorpresa.
-¿Sorpresa? ¡Yo quiero ssaber!
-Tendrás que esperar.
-No quiero esperar.- hice pucheros. -¿no me puedes decir ahorita?
-Nop.
-Sólo dame una pista.
-Nop.
-No seas malo, amor.
-Espera, ¿quieres? No seas impaciente.
-Esta bien.
Pasamos el resto del día en casa, viendo películas y escuchando musica... sin hacer nada especial, hasta que llegó la noche.
Bill desaprareció por unos momentos, regresando con una caja enorme envuelta en un hermozo papel color azul. -¿Qué es eso, cielo?
-Ésto...- me entregó el paquete. -...es parte de la sorpresa. Abrelo.
Me apresuré a rasgar el papel y abrir la caja... era un vestido nergo... hermozo.
-Oh, cielo...- la cara de Bill mostraba alegría.
-¿Te gusta?
-Esta divino... gracias.- lo abracé.
-Vamos, póntelo.- le hice caso sin subir a la habitación; simplemente me dí la vuelta para vestirme. -Te ves... hermoza.- me tomó de la cintura. -me encantas.
-¿En serio?
-Como no tienes idea.
-¿Puedo saber a qué se debe tu regalo?
-Ya verás.- se separó de mí. -Me arreglo rápido y te mostraré la sorpresa.
en vez de esperarlo a que bajara, le seguí. -¿No crees que yo tabién me tengo que arreglar? Yo también me quiero ver linda.- él sólo sonrió.
Pasados unos minutos, me vió fijamente. -No creí que fuera posible...
-¿Qué?
-Que pudieras ser más hermoza de lo que ya eres.- sus palabras me sonrojaron.
En un descuido, me tomó entre sus brazos, llevándome afuera así. -¡Bill! ¡Bájame!- se lo pedía sonriendo, pero me ignoraba.
Me metió en su auto. En unos instantes, él conducía a las afueras de la ciudad. -¿A dónde me llevas?- no me respondió.
Una hora más y se detuvo. -Bill... ¿ahora sí me dirás a dónde me has traído?
-Cierra los ojos.
-Bill...
-Por favor.- su mirada era tan dulce... que no supe decir que no.
Una vez más me bajó en brazos, caminando un largo trecho así. -Llegamos. Abrelos, linda.
Me quedé sin palabras al ver el lugar: era tan... hermozo. Era un lugar parecido a la cabañuela en donde se quedaron cuando estaban de visita con nosotras.
-Bill...
-Ven.- Tomó mi mano, llevándome al interior.
En medio, había una mesilla y dos sillas; velas y rosas por todo el lugar... era tan... romántico. -¡Mi vida! ¿tú lo hiciste?
-Bueno, el momento tenía que ser mágico.
Nos sentamos a la mesa. Él se notaba nervioso... pero no fui capaz de preguntarle.
Después de la cena, acercó un poco más su silla a mí. -Amor... ¿te gustó?
-No.
-¿No?
-Me encantó.- le besé. -Grcias por éstos momentos, Bill.
-Espera.- metió las manos a su saco. -Hay más...- y sacó una pequeña cajilla de terciopelo.
-Bill...- llevé mis manos al rostro, al tiempo que mis ojos se rasgaron de la emoción.
-Yo... sé que no he sido el mejor novio del mundo... y que no tengo el tiempo que quisiera para tí, pero... te amo. Te amo con toda mi alma y... sé que eres la indicada... y yo... bueno, lo he pensado.. y el entrometido de mi hermano me ayudó a decidir.... y... bueno... me preguntaba si...- abrió la cajilla lentamente, dejando ver en su interior un hermoso anillo, con un gran diamante en el centro. -... si tú... si tú querías...
-Oh, Bill...- u par de lagrimillas bajaron por mi rostro. -...¡claro que sí!
-¿En... en serio?
-¡Por supuesto que sí, tontito!- me eché a sus brazos. -Pero...- en cuanto recordé mi condición, me entristecí un poco. -...Yo...
-La boda no será pronto, pero prometo que sucederá.- dijo colocando el anillo en mi dedo. - Y la fiesta será grandiosa...
-Bill...
-¿Qué pasa, linda?- su mirada tan dulce me partía el alma... ¿cómo quitarle la felicidad?
-Yo... ¿sabes si el tiempo nos lo permitirá?- su semblante se ensombreció un poco. -Yo... quizás no deberías comprometerte.- dije devolviéndole el anillo. -No sería justo ilusionarte y después... dejarte solo y con una herida muy grande.
Tomó mi mano y el anillo entre sus manos, colocándocelas a la altura del corazón. -Te amo. Eso debería bastar.
-Bill...
-No me importa lo que tenga que pasar. Encontraré la manera de que te quedes conmigo... y si... - sus ojos también dejaron libres un par de lágrimas. -...si te pierdo, ya encontraré la manera de ir tras de ti... o de regresarte.
No había más que decir... sería cuestión de ver qué tan fuertes podríamos llegar a ser con el tiempo.
viernes, 6 de mayo de 2011
Regreso a Casa
Cristal:
Tuve que regresar a casa sin mi hermana y sin Yos. Cami porque aún no regresaba de recibir a su amigo y Yosy... simplemente porque tenía que conocer a su ahora novio... además, el desatenderce un poco de mí le haría bien... la operación y todo éste asunto de mi salud seguramente había resultado agotadr y tedioso para todos, especialmente para Bill, a quien notaba con cara soriente.... pero con mirada decaída, cansada.
-Como que hace hambre, ¿no?- Tom fue directamente a la cocina, haciendo el ruido suficiente para que pudiéramos darnos cuenta de que revolvía las cosas de la alacena en busca de algo comestible. -¡¡¡BILL!! ¡¡¡Olvidaste comprar alimentos!!!
-¡¡¡A mí no me tocaba abastecernos!!!
-¡¡¡Mentiroso!!!! ¡¡¡A tí te tocaba ir al super!!!
-¿Tienen que gritar?- pregunté divertida, sosteniéndome del brazo de Bill. Aún estaba un poco débil y me costaba algo de trabajo mantenerme en pie.
Antes de contestarle, él me tomó entre sus brazos, pidiéndome disculpas por mantenerme de pie mientras discutia con su hermano. -Es más divertido gritarnos y pelearnos de ésta manera que lanzándonos objetos al rostro.- sonrió.
-¡¡¡BIIIIIIIIIIIIIIIIILL!!!
-¡¡¡Déja ya de gritarme, idiota!!!- le respondí la sonrisa de igual manera. Me encantaba la relación que ambos llevaban... parecían niños pequeños, y eso era lindo... por lo menos para mí, pues aún no perdían su inocencia... su dulzura.
-Bill...- la cabecita de Abii se asomó desde la cocina. -...el estómago de Tomi necesita comida.- ambos reimos.
-El idiota de mi hermano olvidó comprar los víveres, pequeña.
-Sí, lo sé. Traté de decirle que era él el encargado de comprarlos pero no me escucha. Prefiere estarce peleando contigo.
Bill me dejó en el sofá meintras iba con su gemelo. Abii se acercó a hacerme compañía. -¿Cómo se la pasaron sin mí?
-Aburrido.- respondió sentándoce a un lado de mí. -No tuve a nadie a quién molestar.
-Tenías a Tomi, a Yos, a Cami... incluso a Bill y a los chicos.
-Es más divertido molestarte a tí, porque te sonrojas cuando te hablo de Bill y otras cosas...- en sus ojos se vió reflejado un poco de picardía. Aún una niña y había veces en que era tremenda con ciertos temas. -Pero Yosy no me dejaba molestarte.
-¿Será por que te conoce demasiado bien y sabe que a veces se te pasa la mano con tus bromitas?
-Perdón.- me dijo en un puchero.
-No tienes por qué disculparte, pequeña. Si no fuera por tus bromitas, todo sería muy aburrido.- ambas sonreímos.
-Linda, tenemos que salir.
-¿La comida?
-Sí. Tom está de necio en que era mi turno de comprarla... y como no quiere ir solo, lo acompañaré. Así cuido que no sólo compre cosas para él.
-Y terminarás haciendo las compras por él.- bromeó Abii.
-Eso es seguro.- rió.
-¡Rápido que muero de hambre!- Tom salió de la cocina y le jaló del brazo, arrastrándolo hasta la puerta de salida, sin siquiera darle tiempo de despedirce de nosotras.
-Abii...- me vió dulcemente. -...¿crees que Cami tarde mucho?
-No sé.
Apenas acabó de decírmelo, Cami, Geo y su novia aparecieron cruzando la puerta. -¡Cris!- mi hermana se tiró en mis brazos. -¡Qué bueno que ya estas bien!
-Estoy mejor, no bien, hermanita.- le devolví el abrazo, sin quejarme. Me había dolido un poco su efusivo abrazo, pero no dije nada.
-¿Recuerdas a Louis?- un chico castaño salió detrás de ella, con un pequeño paquete entre las manos.
Se acercó a mí, me abrazó delicadamente, como temiendo romperme o lastimarme y besó mi mejilla a manera de saludo.
-Nosotros tenemos que irnos.- dijo Geo viendo su reloj. -Tenemos... am...
-Tenemos que ir a visitar a alguien más.- dijo su novia sonriéndole.
-Está bien, ¿pero vendrán mañana?
-¡Claro que sí!- se despidieron de mi con un beso y una sonrisa.
-Bien, ¿quién es él?- preguntó curiosa Abii, clavando al mirada en él.
-Es un amigo de la familia.... más amigo de Cami que mío.- bromeé. Mi hermanita se coloreó un poco del rostro, igual que él.
-Me dijeron que te habían operado...
-Sip, pero ya ves que salí bien de la operación.
-Toma.- me alargó el paquete. -Es un pequeño regalo.- Lo abrí sonriente: era una pequeña muñeca vestida de hada. -Sé que te gustan mucho.
-Gracias.- le volví a abrazar.
Hablamos un poco de todo. Hasta que los gemelos llegaron. como Louis y yo estábamos juntos en el sofá, riéndo animadamente, Bill se acercó en seguida, dándole antes las bolsas a Tom para que las fuera a dejar a al cocina.
-Buen día.- saludó en tono seco. Louis, Cmai y Abii le vieron un poco extraño, devolviendo el saludo un pooc incómodos.
-Amor, él es Louis. Es un buen amigo de la familia.- volteé a verle, sonriéndole dulcemente, lo que molestó a Bill.
-Gusto en conocerte, Bill.
-Si... quisiera decir lo mismo.- Bill no dejaba de ver el como nuestras manos se rozaban delicadamente. Siempre me habia llevado así con Louis y yo no le veía nada de malo.
Qué tonta. No supe ver que eso le molestaba a Bill.
-Amor...- se inclinó a mi oído. -¿podemos hablar?
-Sí, claro.- Me levanté y, antes de que pudiera dar un paso, Bill me tomó entr sus brazos, llevándome a nuestra habitación ante el silencio de todos. -¿Qué pasa, cielo?
-¿Quién es él?
-Ya te lo dije: un amigo de la familia. Bueno, es más amigo de Cami que mío.
-No parecía.
-¿Estas celoso de Louis?- sin querer, eché a reir.
-No.- su tono de voz era molesto.
-No tendrías por qué, Bill. Es como mi hermanito. Fue novio de Cami un tiempo, terminaron y aún siguen siendo buenos amigos.
-Su sonrisa no era sólo de amigos.
-¿Qué te pasa, Bill?- pasé mi mano por su rostro. -En serioe s sólo un amigo. ¿Crees que te engañaría o me gustaría un chico como él? Yo sólo te amo a tí, mi niño... sólo a tí.- besé sus labios.
Sus ánimos se iban calmando poco a poco. -Lo siento, nena. Es sólo que...
-Tranquilo, no hay por qué dar explicaciones.- le sonreí.
Fuera de eso, ningún accidente durante días... sin contar el que me tenían prohibido salir a la calle aunque me muriera de ganas por ver el exterior y les rogara a más no poder. Tenían miedo de que me pasara algo y yo me estaba hastando.
-Por favor, Bill... necesito aire fresco...
-EL doctor dijo...
-¡El doctor no sabe cómo em siento!- sólo estabamos nosotros dos en casa, pues los chicos y mis hermanitas estaban fuera. -Quiero salir.- dije en tono triste.
Bill me abrazó. -Sé que te desespera el estar aquí dentro, pero tenemos que acatar las órdenes del doctor, linda.
-Quiero ir al parque, Bill. Quiero sentir el aire en mi rostro; el sentir la lluvia bajando por mi cuerpo... el ver los colores del paisaje de nuevo... Llevo días encerrada en casa... necesito salir.
-Y yo me muero por estar contigo a solas y llevarte a un lugar muy especial, pero no podemos.- en días de no aparecer, una lágrima bajó por mi mejilla mientras ocultaba el rostro en su pecho.
-Odio ésto.
-Lo sé, pero verás que pronto podremos escaparnos del mundo sin que nadie se entere de eso; tendremos todo el tiempo del mundo para nosotros dos lejos de casa.
-¿Lo prometes?
-Lo juro.
Tuve que regresar a casa sin mi hermana y sin Yos. Cami porque aún no regresaba de recibir a su amigo y Yosy... simplemente porque tenía que conocer a su ahora novio... además, el desatenderce un poco de mí le haría bien... la operación y todo éste asunto de mi salud seguramente había resultado agotadr y tedioso para todos, especialmente para Bill, a quien notaba con cara soriente.... pero con mirada decaída, cansada.
-Como que hace hambre, ¿no?- Tom fue directamente a la cocina, haciendo el ruido suficiente para que pudiéramos darnos cuenta de que revolvía las cosas de la alacena en busca de algo comestible. -¡¡¡BILL!! ¡¡¡Olvidaste comprar alimentos!!!
-¡¡¡A mí no me tocaba abastecernos!!!
-¡¡¡Mentiroso!!!! ¡¡¡A tí te tocaba ir al super!!!
-¿Tienen que gritar?- pregunté divertida, sosteniéndome del brazo de Bill. Aún estaba un poco débil y me costaba algo de trabajo mantenerme en pie.
Antes de contestarle, él me tomó entre sus brazos, pidiéndome disculpas por mantenerme de pie mientras discutia con su hermano. -Es más divertido gritarnos y pelearnos de ésta manera que lanzándonos objetos al rostro.- sonrió.
-¡¡¡BIIIIIIIIIIIIIIIIILL!!!
-¡¡¡Déja ya de gritarme, idiota!!!- le respondí la sonrisa de igual manera. Me encantaba la relación que ambos llevaban... parecían niños pequeños, y eso era lindo... por lo menos para mí, pues aún no perdían su inocencia... su dulzura.
-Bill...- la cabecita de Abii se asomó desde la cocina. -...el estómago de Tomi necesita comida.- ambos reimos.
-El idiota de mi hermano olvidó comprar los víveres, pequeña.
-Sí, lo sé. Traté de decirle que era él el encargado de comprarlos pero no me escucha. Prefiere estarce peleando contigo.
Bill me dejó en el sofá meintras iba con su gemelo. Abii se acercó a hacerme compañía. -¿Cómo se la pasaron sin mí?
-Aburrido.- respondió sentándoce a un lado de mí. -No tuve a nadie a quién molestar.
-Tenías a Tomi, a Yos, a Cami... incluso a Bill y a los chicos.
-Es más divertido molestarte a tí, porque te sonrojas cuando te hablo de Bill y otras cosas...- en sus ojos se vió reflejado un poco de picardía. Aún una niña y había veces en que era tremenda con ciertos temas. -Pero Yosy no me dejaba molestarte.
-¿Será por que te conoce demasiado bien y sabe que a veces se te pasa la mano con tus bromitas?
-Perdón.- me dijo en un puchero.
-No tienes por qué disculparte, pequeña. Si no fuera por tus bromitas, todo sería muy aburrido.- ambas sonreímos.
-Linda, tenemos que salir.
-¿La comida?
-Sí. Tom está de necio en que era mi turno de comprarla... y como no quiere ir solo, lo acompañaré. Así cuido que no sólo compre cosas para él.
-Y terminarás haciendo las compras por él.- bromeó Abii.
-Eso es seguro.- rió.
-¡Rápido que muero de hambre!- Tom salió de la cocina y le jaló del brazo, arrastrándolo hasta la puerta de salida, sin siquiera darle tiempo de despedirce de nosotras.
-Abii...- me vió dulcemente. -...¿crees que Cami tarde mucho?
-No sé.
Apenas acabó de decírmelo, Cami, Geo y su novia aparecieron cruzando la puerta. -¡Cris!- mi hermana se tiró en mis brazos. -¡Qué bueno que ya estas bien!
-Estoy mejor, no bien, hermanita.- le devolví el abrazo, sin quejarme. Me había dolido un poco su efusivo abrazo, pero no dije nada.
-¿Recuerdas a Louis?- un chico castaño salió detrás de ella, con un pequeño paquete entre las manos.
Se acercó a mí, me abrazó delicadamente, como temiendo romperme o lastimarme y besó mi mejilla a manera de saludo.
-Nosotros tenemos que irnos.- dijo Geo viendo su reloj. -Tenemos... am...
-Tenemos que ir a visitar a alguien más.- dijo su novia sonriéndole.
-Está bien, ¿pero vendrán mañana?
-¡Claro que sí!- se despidieron de mi con un beso y una sonrisa.
-Bien, ¿quién es él?- preguntó curiosa Abii, clavando al mirada en él.
-Es un amigo de la familia.... más amigo de Cami que mío.- bromeé. Mi hermanita se coloreó un poco del rostro, igual que él.
-Me dijeron que te habían operado...
-Sip, pero ya ves que salí bien de la operación.
-Toma.- me alargó el paquete. -Es un pequeño regalo.- Lo abrí sonriente: era una pequeña muñeca vestida de hada. -Sé que te gustan mucho.
-Gracias.- le volví a abrazar.
Hablamos un poco de todo. Hasta que los gemelos llegaron. como Louis y yo estábamos juntos en el sofá, riéndo animadamente, Bill se acercó en seguida, dándole antes las bolsas a Tom para que las fuera a dejar a al cocina.
-Buen día.- saludó en tono seco. Louis, Cmai y Abii le vieron un poco extraño, devolviendo el saludo un pooc incómodos.
-Amor, él es Louis. Es un buen amigo de la familia.- volteé a verle, sonriéndole dulcemente, lo que molestó a Bill.
-Gusto en conocerte, Bill.
-Si... quisiera decir lo mismo.- Bill no dejaba de ver el como nuestras manos se rozaban delicadamente. Siempre me habia llevado así con Louis y yo no le veía nada de malo.
Qué tonta. No supe ver que eso le molestaba a Bill.
-Amor...- se inclinó a mi oído. -¿podemos hablar?
-Sí, claro.- Me levanté y, antes de que pudiera dar un paso, Bill me tomó entr sus brazos, llevándome a nuestra habitación ante el silencio de todos. -¿Qué pasa, cielo?
-¿Quién es él?
-Ya te lo dije: un amigo de la familia. Bueno, es más amigo de Cami que mío.
-No parecía.
-¿Estas celoso de Louis?- sin querer, eché a reir.
-No.- su tono de voz era molesto.
-No tendrías por qué, Bill. Es como mi hermanito. Fue novio de Cami un tiempo, terminaron y aún siguen siendo buenos amigos.
-Su sonrisa no era sólo de amigos.
-¿Qué te pasa, Bill?- pasé mi mano por su rostro. -En serioe s sólo un amigo. ¿Crees que te engañaría o me gustaría un chico como él? Yo sólo te amo a tí, mi niño... sólo a tí.- besé sus labios.
Sus ánimos se iban calmando poco a poco. -Lo siento, nena. Es sólo que...
-Tranquilo, no hay por qué dar explicaciones.- le sonreí.
Fuera de eso, ningún accidente durante días... sin contar el que me tenían prohibido salir a la calle aunque me muriera de ganas por ver el exterior y les rogara a más no poder. Tenían miedo de que me pasara algo y yo me estaba hastando.
-Por favor, Bill... necesito aire fresco...
-EL doctor dijo...
-¡El doctor no sabe cómo em siento!- sólo estabamos nosotros dos en casa, pues los chicos y mis hermanitas estaban fuera. -Quiero salir.- dije en tono triste.
Bill me abrazó. -Sé que te desespera el estar aquí dentro, pero tenemos que acatar las órdenes del doctor, linda.
-Quiero ir al parque, Bill. Quiero sentir el aire en mi rostro; el sentir la lluvia bajando por mi cuerpo... el ver los colores del paisaje de nuevo... Llevo días encerrada en casa... necesito salir.
-Y yo me muero por estar contigo a solas y llevarte a un lugar muy especial, pero no podemos.- en días de no aparecer, una lágrima bajó por mi mejilla mientras ocultaba el rostro en su pecho.
-Odio ésto.
-Lo sé, pero verás que pronto podremos escaparnos del mundo sin que nadie se entere de eso; tendremos todo el tiempo del mundo para nosotros dos lejos de casa.
-¿Lo prometes?
-Lo juro.
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