Bill:
El mes que el doctor le había dado como plazo, se había agotado unos días atrás, dándome pocas esperanzas de retenerla más conmigo.
En todo el tiempo transcurrido, jamás la ví triste. Ea como si lo olvidara al tener en brazos a nuestra pequeña Angelito; o al ver a su hermana pasar el tiempo con las chicas; o al ver cómo se peleaban eternamente Tom y Abii... era... había algo en ella que no me explicaba cómo, pero la hacía fuerte.
A mí, en un principio, me mataba la sola idea de perderla... pero me parece que con el paso de los días un poco de su fortaleza se me había contagiado, olvidando nuestra situación al verla sonreír. Inclusive, en su estado físico no se reflejaba su desgaste... de ninguna manera pareciera que estaba.. muriendo lentamente.
Hoy estamos solos en casa: Tom y los chicos han llevado a Abii y a Yos al aeropuerto, pues tenían que estar de regreso antes de que el padre de la pequeña volviera de su viaje de negocios.
Acostados en el piso de la sala, platicábamos de cualquier cosa, cuidando de la pequeña que estaba a nuestro lado, jugueteando con su sonaja favorita, regalo de Gustav.
De pronto, todo quedó en silencio a nuestro alrededor. -Gracias, amor.
-¿Por qué?- pregunté clavando mi vista en ella.
Por todo... por amarme como lo haces.
-Me pondrás sentimental, linda.- sonreí. -Sabes que eres mi todo, ¿verdad?
-Ajá.- se colocó de frente a mí. -Eres un gran chico, Bill.- y besó mis labios, sonriendo.
-Quiero tenerte así siempre, linda... cerca.
-Sabes lo que...
-Sé lo que pasará.- dije un poco triste. -Pero aún tengo esperanzas de que no ocurra tan pronto.
-Eso lo veremos...- suspiramos. -...yo tampoco quiero dejarte.
-Eso lo veremos.- sonreímos de nuevo.
El tiempo se acababa... pero eso no iba a ser factor para que nos distanciáramos ahora.

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