lunes, 30 de mayo de 2011

Cumpleaños

Cristal:

Acababa de regresar del médico. Me había atrevido a ir sin Bill... sin nadie. Ésto era algo que quería mantener en secreto, por lo menos hasta ésta tarde.
Era cumpleaños de la pequeña Abii. Su padre aún estaba de viaje, así que sería su primer cumpleaños no lejos de él, sino lejos de su hogar. Era una fecha muy importante.
Había pasado ya dos meses desde esa sorpresa que Bill había preparado para mí... dos meses en los que habían pasado tantas cosas... los chicos ya preparaban su gira próxima; el noviazgo de Yosy y Gustav iba genial... al igual que mi pequeña vampiro con Louis, ya que habían optado por regresar... y creo que estaban felices, tanto como Bill y yo. En cuanto a Tom... bueno, él aún frecuentaba a varias chicas, sin desatender a su pequeña dama.
Al llegar a casa, oculté el sobre donde estaban los resultados. Me dirigí a la sala, donde Tom, como siempre,
estaba jugando como niño pequeño con Abii. -¿La festejada ya está lista para su fiesta?- pregunté con una gran sonrisa.
-Obviamente, Cris.- me recibió con una sonrisa, al igual que su compañero de juegos.
-Qué bien. ¿Y las demás?
-Salieron con sus novios.- dijo borrando su gesto. -Nadie se acordó de mi cumpleaños.
-Yo me acordé.- repuso orgulloso Tom.
-Porque te dije ayer. Así no cuenta.- le sacó al lengua. Yo sólo me reía.
-Peor me acordé. Eso ya es algo, ¿no?
-Supongo.- se le veía molesta... y aunque él y yo sabíamos que sólo lo hacía por molestar y hacernos creer que en verdad estaba resentida, se acercó y besó su mejilla, para contentarla un poco, lo que resultó a la perfección.
-¿Saben dónde está Bill?
-Mi querido hermano está arriba, preocupado porque no encuentra sus libretas.- cargó a la pequeña y la llevó hasta la sala.
-No la vayas a lastimar, Tomi.
-Eso jamás, tu tranquila.
Subí las escaleras escuchando las risas de ambos detrás de mí.
Saqué el sobre de mis ropas y lo coloqué detrás de mi espalda. Al entrar a la habitación, ví a Bill revolviendo las cosas, hasta dar con una libretilla forrada de negro, con algunos dibujos en la portada. -Hola, amor.
-¡Cris! Creí que habías salido con tu hermana.
-¿Hacerla de chaperona? No, eso no lo haría. ¿Qué es eso?
-Era mi manera de tenerte cerca cuando no nos conocíamos.- me lo extendió. Lo abrí con cuidado, admirando los retratos que hacía de mí. Eran... tan... lindos. - Cielo... son hermosos.- se acercó tomándome por la cintura y me besó tiernamente.
-No pude dibujar lo hermoza que eres, pero por lo menos lo intenté.- sonrió. -¿y eso?- preguntó señalando con la vista el sobre que tenía entre mis manos.
-Bueno, de ésto era de lo que quería hablar contigo.- lo llevé a la cama y le pedí que tomara asiento. Él me veía atento y de manera tan dulce... -Fui al médico ésta mañana y...
-¿Te sentías mal? ¿Por qué no me despertaste para acompañarte?
-Porque era muy de mañana y no quise hacerlo. Quería ir sola, Bill... además, no era nada grave.
-¿Entonces?
-Bueno, sí tenía algunas molestias y fue por eso que fui al médico. Me hicieron unos estudios y... bueno... resulta que... estoy embarazada.- ésto último lo dije en voz baja. -Mira, yo sé que por el momento no quieres tener hijos ni algún compromiso de ese tamaño... yo... si tú me dices que no quieres tener nada qué ver, lo entenderé y... no tendrás de qué preocuparte, de verdad. Me iré sin decir nada y viviré por éste pequeño; me haré cargo de él y no tendrás que hacer nada... ni siquiera te pediré que le des tu apellido... nada. - le miré: estaba atento a mis palabras, con la vista baja, pensando.
En verdad creía que me diría algo... que no quería verme por un tiempo, por lo menos. -Bill... ¿qué piensas?- no hubo respuesta. -Dime algo, Bill.
-¿Es en serio?- le dí los resultados, para que lo comprobara. -Yo... yo...
-Si me pides que me vaya, me iré hoy mismo.- respondí con la vista baja, colocando las manos sobre mi vientre.
-Ésto es... es...- ni siquiera me dí cuenta de cuando se puso de pie; sólo sentí  cómo me rodeaba con sus brazos y me alzaba. -¡Es maravilloso!- sus palabras iluminaron mi rostro. -¿Por qué creíste que te diría que te fueras?
-Yo... no sé.- le respondí con voz entrecortada, emocionadísima de que lo hubiese tomado de esa manera.
-¿Voy a ser papá?- preguntó alegremente. Yo asentí. -¡Voy a ser papá! ¡Espera que los demás lo sepan! ¡Que mi hermano se entere de que será tío! Le dará un infarto...- reí junto con él.
-¡Bill!- comenzó a darme vueltas. -¡Bill, bájame!
-¿Cuánto...?
-Dos meses.
-¿Desde que...?
-Ajá.- se detuvo y nos volvimos a besar dulcemente. -Creí que nos habíamos cuidado bien.
-Es el destino, linda. La vida nos ha dado una razón más para seguir juntos.- sonreímos.
-¿Cuándo se los diremos?
-Me parece que hoy es un buen día: hay fiesta, ¿no? Hagámosla más grande.
-No suena mal.
Bajamos al escuchar que las chicas habían llegado y habían felicitado a la pequeña en coro. -¿Les decimos ya?
-No comas ansias, amor.- le tomé de la mano y salimos de la habitación. -Espera a que apague las velitas y después ya veremos.- bajamos y nos encontramos con la mirada de todos encima.
-Todos tienen pareja menos tu hermano, Bill.- se le ocurrió decir a Geo, quien iba acompañado de su novia.
-No necesito compañía mientras la pequeña monstruo cumpleañera esté pegada a mi como anguijuela.
-Malo.- y una vez más, comenzaron a pelear.
La verdad, era divertido verlos así.
-¿Y ustedes por qué tan felices?- preguntó mi hermana, separándoce de su chico.
-Sorpresa.- respondió Bill, tomándome de la cadera y caminando hacia la sala.
Esperamos a que apagara las velas del pastel que amablemente Gustav le había regalado; a que abriera los pequeños presentes que le habíamos dado y entonces Bill pidió su atención.
-Am.. chicos... Cris y yo tenemos que decirles algo.
-¿Es algo del médico?
-Digamos que sí.- todos le miraron preocupados. -Pero quiten esas caras que no es nada grave.
-Pues dilo ya de una vez, Bill.- Tom estaba ansioso. -Si es por la gira...  por la boda.... o...
-Espera, ¿tu hermano se va a casar?- preguntó Gustav.
-Sí.
-¿Por que no nos habían dicho nada?
-Yo ya lo sabía.- respondió Georg en una sonrisa.
-¿Y por qué yo no lo sabía?
-Quizás porque...- antes de que Tom le contestara, su hermano le robó la palabra.
-Resulta que... bueno... vamos a ser papás.
-...tal vez... ¡¿Qué?!- en cuanto le escuchó, volteó a verlo, con los ojos completamente abiertos. -¡¿Qué demonios dices, Bill?!
-Que tú y Cami van a ser tíos, sordo.
-¿Es en serio, hermana?
-¿Cuándo te he mentido, Cami?- no me respondió. Se acercó junto con los demás a felicitarnos, menos Tom. Él aún estaba en shock.
-Pero, pero, pero, pero...
-Pero nada, Tom. ¿Qué no entiendes? ¡Voy a ser papá!
La sonrisa de mi chico le bastó para asimilar las cosas y alegrarce junto con nosotros.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Pasión

Cristal:

La noche había sido mágica... hasta que recordé mi condición... lo que atrajo un poco de melancolía al momento. Bill trató de retomar la calma y lo agradable de la noche, diciéndome que no pensara en nada más que no fuera en nosotros. Y creo que funcionó un poco.

-Cielo...- me condujo con los ojos cerrados a lo largo de la pequeña vivienda. -...me caeré.- dije en una sonrisa.
-¿No confías en mí?
-No es eso... sólo tengo la sensación de que me caeré.
-Yo nunca te dejaría caer.- me pidió que abriera los ojos: estabamos frente a una cama enorme rodeada de velas y pétalos de rosas rojas.

Yo... yo creí que esas cosas no existían... no existía chico capaz de hacer ésto.
Bill era un ángel... un chico de ensueño... y yo... no era justo que fuera para mí.
-Bill...
-Shh.- puso un dedo sobre mis labios, besándome en seguida. Yo me dejé hacer... si no podría estar toda una vida junto a él, por lo menos quería que se quedara con un gran recuerdo de mi parte.
Entre besos que él profundizaba más y más, y caricias intercambiadas, terminamos cayendo en la cama.
Mi vestido se desvaneció entre sus manos, al igual que su ropa fue desapareciendo en algún rincón de la habitación.
Sus manos se pasearon libremente a lo largo de mi cuerpo; creando nuevos senderos y reviviendo los que antes ya había trazado, hasta llegar a la cicatriz de mi pecho. Ahí fue donde tomé sus manos y lo detuve.
-¿Qué pasa amor?
-Ésto... no me gusta. Me recuerda lo que va a pasar...
-Tranquila.- tomó mis manos entre las suyas, colocándolas sobre la marca. -Eso no le resta belleza a tu cuerpo.- besó mis labios.
Sus palabras me levantaban el ánimo un  poco, así que me dejé hacer. Dejé que recorriera de nuevo mi cuerpo; de arriba abajo; que se perdiera en mi interior; susurrando palabrillas que por momentos no entendía... abandonándome al amor que sentía por él y que era una de las cosas que me mantenía con vida.


Pasamos el resto de la noche así, sin parar... con la respiración agitada y nuestros cuerpos bañados en sudor, hasta que llegó un nuevo dia y con él, la obligación de regresar a casa.

viernes, 13 de mayo de 2011

Regalo

Cristal:

Después de dos meses de encierro, los doctores por fin habían dicho que podría salir. Y aprovechando que las chicas estarían fuera todo el día, Bill y yo podríamos escaparnos por ahí.
-¿Todo bien, Cris?
Me había quedado viendo la calle desde el ventanal de nuestra habitación. Me giré a verlo, sonreinte. -Claro, cielo.
-Y bien...- me abrazó por detrás. -..en tus ojos se ve que planeas algo. ¿Puedo saber qué es?
-Quiero salir, Bill.
-Salir... ¿eh?- besó mi cuello. -¿En serio?
-Bill... he estado encerrada durante días... ¿y me preguntas si es en serio?
-Sólo preguntaba.- me giré, besándolo en lo labios. -¿Sabes? Te tengo una sorpresa.
-¿Sorpresa? ¡Yo quiero ssaber!
-Tendrás que esperar.
-No quiero esperar.- hice pucheros. -¿no me puedes decir ahorita?
-Nop.
-Sólo dame una pista.
-Nop.
-No seas malo, amor.
-Espera, ¿quieres? No seas impaciente.
-Esta bien.
Pasamos el resto del día en casa, viendo películas y escuchando musica... sin hacer nada especial, hasta que llegó la noche.
Bill desaprareció por unos momentos, regresando con una caja enorme envuelta en un hermozo papel color azul. -¿Qué es eso, cielo?
-Ésto...- me entregó el paquete. -...es parte de la sorpresa. Abrelo.
Me apresuré a rasgar el papel y abrir la caja...  era un vestido nergo... hermozo.


-Oh, cielo...- la cara de Bill mostraba alegría.
-¿Te gusta?
-Esta divino... gracias.- lo abracé.
-Vamos, póntelo.- le hice caso sin subir a la habitación; simplemente me dí la vuelta para vestirme.  -Te ves... hermoza.- me tomó de la cintura. -me encantas.
-¿En serio?
-Como no tienes idea.
-¿Puedo saber a qué se debe tu regalo?
-Ya verás.- se separó de mí. -Me arreglo rápido y te mostraré la sorpresa.
en vez de esperarlo a que bajara, le seguí. -¿No crees que yo tabién me tengo que arreglar? Yo también me quiero ver linda.- él sólo sonrió.
Pasados unos minutos, me vió fijamente. -No creí que fuera posible...
-¿Qué?
-Que pudieras ser más hermoza de lo que ya eres.- sus palabras me sonrojaron.
En un descuido, me tomó entre sus brazos, llevándome afuera así. -¡Bill! ¡Bájame!- se lo pedía sonriendo, pero me ignoraba.
Me metió en su auto. En unos instantes, él conducía a las afueras de la ciudad. -¿A dónde me llevas?- no me respondió.
Una hora más y se detuvo. -Bill... ¿ahora sí me dirás a dónde me has traído?
-Cierra los ojos.
-Bill...
-Por favor.- su mirada era tan dulce... que no supe decir que no.
Una vez más me bajó en brazos, caminando un largo trecho así. -Llegamos. Abrelos, linda.
Me quedé sin palabras al ver el lugar: era tan... hermozo. Era un lugar parecido a la cabañuela en donde se quedaron cuando estaban de visita con nosotras.
-Bill...
-Ven.- Tomó mi mano, llevándome al interior.
En medio, había una mesilla y dos sillas; velas y rosas por todo el lugar... era tan... romántico.  -¡Mi vida! ¿tú lo hiciste?
-Bueno, el momento tenía que ser mágico.
Nos sentamos a la mesa. Él se notaba nervioso... pero no fui capaz de preguntarle.
Después de la cena, acercó un poco más su silla a mí. -Amor... ¿te gustó?
-No.
-¿No?
-Me encantó.- le besé. -Grcias por éstos momentos, Bill.
-Espera.- metió las manos a su saco. -Hay más...- y sacó una pequeña cajilla de terciopelo.
-Bill...- llevé mis manos al rostro, al tiempo que mis ojos se rasgaron de la emoción.
-Yo... sé que no he sido el mejor novio del mundo... y que no tengo el tiempo que quisiera para tí, pero... te amo. Te amo con toda mi alma y... sé que eres la indicada... y yo... bueno, lo he pensado.. y el entrometido de mi hermano me ayudó a decidir.... y... bueno... me preguntaba si...- abrió la cajilla lentamente, dejando ver en su interior un hermoso anillo, con un gran diamante en el centro. -... si tú... si tú querías...
-Oh, Bill...- u par de lagrimillas bajaron por mi rostro. -...¡claro que sí!
-¿En... en serio?
-¡Por supuesto que sí, tontito!- me eché a sus brazos. -Pero...- en cuanto recordé mi condición, me entristecí un poco. -...Yo...
-La boda no será pronto, pero prometo que sucederá.- dijo colocando el anillo en mi dedo. - Y la fiesta será grandiosa...
-Bill...
-¿Qué pasa, linda?- su mirada tan dulce me partía el alma... ¿cómo quitarle la felicidad?
-Yo... ¿sabes si el tiempo nos lo permitirá?- su semblante se ensombreció un poco. -Yo... quizás no deberías comprometerte.- dije devolviéndole el anillo.  -No sería justo ilusionarte y después... dejarte solo y con una herida muy grande.
Tomó mi mano y el anillo entre sus manos, colocándocelas a la altura del corazón. -Te amo. Eso debería bastar.
-Bill...
-No me importa lo que tenga que pasar. Encontraré la manera de que te quedes conmigo... y si... - sus ojos también dejaron libres un par de lágrimas. -...si te pierdo, ya encontraré la manera de ir tras de ti... o de regresarte.
No había más que decir... sería cuestión de ver qué tan fuertes podríamos llegar a ser con el tiempo.

viernes, 6 de mayo de 2011

Regreso a Casa

Cristal:

Tuve que regresar a casa sin mi hermana y sin Yos. Cami porque aún no regresaba de recibir a su amigo y Yosy... simplemente porque tenía que conocer a su ahora novio... además, el desatenderce un poco de mí le haría bien... la operación y todo éste asunto de mi salud seguramente había resultado agotadr y tedioso para todos, especialmente para Bill, a quien notaba con cara soriente.... pero con mirada decaída, cansada.
-Como que hace hambre, ¿no?- Tom fue directamente a la cocina, haciendo el ruido suficiente para que pudiéramos darnos cuenta de que revolvía las cosas de la alacena en busca de algo comestible. -¡¡¡BILL!! ¡¡¡Olvidaste comprar alimentos!!!
-¡¡¡A mí no me tocaba abastecernos!!!
-¡¡¡Mentiroso!!!! ¡¡¡A tí te tocaba ir al super!!!
-¿Tienen que gritar?- pregunté divertida, sosteniéndome del brazo de Bill. Aún estaba un poco débil y me costaba algo de trabajo mantenerme en pie.
Antes de contestarle, él me tomó entre sus brazos, pidiéndome disculpas por mantenerme de pie mientras discutia con su hermano. -Es más divertido gritarnos y pelearnos de ésta manera que lanzándonos objetos al rostro.- sonrió.
-¡¡¡BIIIIIIIIIIIIIIIIILL!!!
-¡¡¡Déja ya de gritarme, idiota!!!- le respondí la sonrisa de igual manera. Me encantaba la relación que ambos llevaban... parecían niños pequeños, y eso era lindo... por lo menos para mí, pues aún no perdían su inocencia... su dulzura.
-Bill...- la cabecita de Abii se asomó desde la cocina. -...el estómago de Tomi necesita comida.- ambos reimos.
-El idiota de mi hermano olvidó comprar los víveres, pequeña.
-Sí, lo sé. Traté de decirle que era él el encargado de comprarlos pero no me escucha. Prefiere estarce peleando contigo.
Bill me dejó en el sofá meintras iba con su gemelo. Abii se acercó a hacerme compañía. -¿Cómo se la pasaron sin mí?
-Aburrido.- respondió sentándoce a un lado de mí. -No tuve a nadie a quién molestar.
-Tenías a Tomi, a Yos, a Cami... incluso a Bill y a los chicos.
-Es más divertido molestarte a tí, porque te sonrojas cuando te hablo de Bill y otras cosas...- en sus ojos se vió reflejado un poco de picardía. Aún una niña y había veces en que era tremenda con ciertos temas. -Pero Yosy no me dejaba molestarte.
-¿Será por que te conoce demasiado bien y sabe que a veces se te pasa la mano con tus bromitas?
-Perdón.- me dijo en un puchero.
-No tienes por qué disculparte, pequeña. Si no fuera por tus bromitas, todo sería muy aburrido.- ambas sonreímos.
-Linda, tenemos que salir.
-¿La comida?
-Sí. Tom está de necio en que era mi turno de comprarla... y como no quiere ir solo, lo acompañaré. Así cuido que no sólo compre cosas para él.
-Y terminarás haciendo las compras por él.- bromeó Abii.
-Eso es seguro.- rió.
-¡Rápido que muero de hambre!- Tom salió de la cocina y le jaló del brazo, arrastrándolo hasta la puerta de salida, sin siquiera darle tiempo de despedirce de nosotras.
-Abii...- me vió dulcemente. -...¿crees que Cami tarde mucho?
-No sé.
Apenas acabó de decírmelo, Cami, Geo y su novia aparecieron cruzando la puerta. -¡Cris!- mi hermana se tiró en mis brazos. -¡Qué bueno que ya estas bien!
-Estoy mejor, no bien, hermanita.- le devolví el abrazo, sin quejarme. Me había dolido un poco su efusivo abrazo, pero no dije nada.
-¿Recuerdas a Louis?- un chico castaño salió detrás de ella, con un pequeño paquete entre las manos.
Se acercó a mí, me abrazó delicadamente, como temiendo romperme o lastimarme y besó mi mejilla a manera de saludo.
-Nosotros tenemos que irnos.- dijo Geo viendo su reloj. -Tenemos... am...
-Tenemos que ir a visitar a alguien más.- dijo su novia sonriéndole.
-Está bien, ¿pero vendrán mañana?
-¡Claro que sí!- se despidieron de mi con un beso y una sonrisa.
-Bien, ¿quién es él?- preguntó curiosa Abii, clavando al mirada en él.
-Es un amigo de la familia.... más amigo de Cami que mío.- bromeé.  Mi hermanita se coloreó un poco del rostro, igual que él.
-Me dijeron que te habían operado...
-Sip, pero ya ves que salí bien de la operación.
-Toma.- me alargó el paquete. -Es un pequeño regalo.- Lo abrí sonriente: era una pequeña muñeca vestida de hada. -Sé que te gustan mucho.
-Gracias.- le volví a abrazar.
Hablamos un poco de todo. Hasta que los gemelos llegaron. como Louis y yo estábamos juntos en el sofá, riéndo animadamente, Bill se acercó en seguida, dándole antes las bolsas a Tom para que las fuera a dejar a al cocina.
-Buen día.- saludó en tono seco. Louis, Cmai y Abii le vieron un poco extraño, devolviendo el saludo un pooc incómodos.
-Amor, él es Louis. Es un buen amigo de la familia.- volteé a verle, sonriéndole dulcemente, lo que molestó a Bill.
-Gusto en conocerte, Bill.
-Si... quisiera decir lo mismo.- Bill no dejaba de ver el como nuestras manos se rozaban delicadamente. Siempre me habia llevado así con Louis y yo no le veía nada de malo.
Qué tonta. No supe ver que eso le molestaba a Bill.
-Amor...- se inclinó a mi oído. -¿podemos hablar?
-Sí, claro.- Me levanté y, antes de que pudiera dar un paso, Bill me tomó entr sus brazos, llevándome a nuestra habitación ante el silencio de todos. -¿Qué pasa, cielo?
-¿Quién es él?
-Ya te lo dije: un amigo de la familia. Bueno, es más amigo de Cami que mío.
-No parecía.
-¿Estas celoso de Louis?- sin querer, eché a reir.
-No.- su tono de voz era molesto.
-No tendrías por qué, Bill. Es como mi hermanito. Fue novio de Cami un tiempo, terminaron y aún siguen siendo buenos amigos.
-Su sonrisa no era sólo de amigos.
-¿Qué te pasa, Bill?- pasé mi mano por su rostro. -En serioe s sólo un amigo. ¿Crees que te engañaría o me gustaría un chico como él? Yo sólo te amo a tí, mi niño... sólo a tí.- besé sus labios.
Sus ánimos se iban calmando poco a poco. -Lo siento, nena. Es sólo que...
-Tranquilo, no hay por qué dar explicaciones.- le sonreí.

Fuera de eso, ningún accidente durante días... sin contar el que me tenían prohibido salir a la calle aunque me muriera de ganas por ver el exterior y les rogara a más no poder. Tenían miedo de que me pasara algo y yo me estaba hastando.
-Por favor, Bill... necesito aire fresco...
-EL doctor dijo...
-¡El doctor no sabe cómo em siento!- sólo estabamos nosotros dos en casa, pues los chicos y mis hermanitas estaban fuera. -Quiero salir.- dije en tono triste.
Bill me abrazó. -Sé que te desespera el estar aquí dentro, pero tenemos que acatar las órdenes del doctor, linda.
-Quiero ir al parque, Bill. Quiero sentir el aire en mi rostro; el sentir la lluvia bajando por mi cuerpo... el ver los colores del paisaje de nuevo... Llevo días encerrada en casa... necesito salir.
-Y yo me muero por estar contigo a solas y llevarte a un lugar muy especial, pero no podemos.- en días de no aparecer, una lágrima bajó por mi mejilla mientras ocultaba el rostro en su pecho.
-Odio ésto.
-Lo sé, pero verás que pronto podremos escaparnos del mundo sin que nadie se entere de eso; tendremos todo el tiempo del mundo para nosotros dos lejos de casa.
-¿Lo prometes?
-Lo juro.