Bill:
El mes que el doctor le había dado como plazo, se había agotado unos días atrás, dándome pocas esperanzas de retenerla más conmigo.
En todo el tiempo transcurrido, jamás la ví triste. Ea como si lo olvidara al tener en brazos a nuestra pequeña Angelito; o al ver a su hermana pasar el tiempo con las chicas; o al ver cómo se peleaban eternamente Tom y Abii... era... había algo en ella que no me explicaba cómo, pero la hacía fuerte.
A mí, en un principio, me mataba la sola idea de perderla... pero me parece que con el paso de los días un poco de su fortaleza se me había contagiado, olvidando nuestra situación al verla sonreír. Inclusive, en su estado físico no se reflejaba su desgaste... de ninguna manera pareciera que estaba.. muriendo lentamente.
Hoy estamos solos en casa: Tom y los chicos han llevado a Abii y a Yos al aeropuerto, pues tenían que estar de regreso antes de que el padre de la pequeña volviera de su viaje de negocios.
Acostados en el piso de la sala, platicábamos de cualquier cosa, cuidando de la pequeña que estaba a nuestro lado, jugueteando con su sonaja favorita, regalo de Gustav.
De pronto, todo quedó en silencio a nuestro alrededor. -Gracias, amor.
-¿Por qué?- pregunté clavando mi vista en ella.
Por todo... por amarme como lo haces.
-Me pondrás sentimental, linda.- sonreí. -Sabes que eres mi todo, ¿verdad?
-Ajá.- se colocó de frente a mí. -Eres un gran chico, Bill.- y besó mis labios, sonriendo.
-Quiero tenerte así siempre, linda... cerca.
-Sabes lo que...
-Sé lo que pasará.- dije un poco triste. -Pero aún tengo esperanzas de que no ocurra tan pronto.
-Eso lo veremos...- suspiramos. -...yo tampoco quiero dejarte.
-Eso lo veremos.- sonreímos de nuevo.
El tiempo se acababa... pero eso no iba a ser factor para que nos distanciáramos ahora.
miércoles, 20 de julio de 2011
viernes, 15 de julio de 2011
Contra Reloj
Bill:
Los días pasaban... y el temor de perderla de la noche a la mañana acrecentaba cada vez más. La sostenía entre mis brazos todo el tiempo que podía y disfrutaba cada sonrisa suya; cada movimiento... cada palabra y cada aliento de su ser... tratar de retenerla lo más que podía... aunque las cosas no se pudiesen ya cambiar de curso.
Todo el tiempo del mundo me la pasaba a su lado, admirándola y cuidándola en silencio y a la distancia, ya que Cristal non quería sentirse "vigilada" todo el tiempo.
Nadie lo sabía... nadie sospechaba que su vida se extinguía a prisa. Claro, era lógico al ver lo bien que aparentaba con sus sonrisas y su calma... a veces, envidiaba lo bien que lo sobrellevaba. Me gustaría aprender tanto de ella y su fortaleza...
Por las noches la aferraba contra mi pecho y durante el día, la apresaba entre mis brazos cuando cargaban a nuestra pequeña bebé, para admirar a ambas... mis dos más grandes tesoros.
La boda no se llevaría a cabo ya, gracias a su decisión. -No me gustaría que te comprometieras a algo serio con alguien que no podrá durar lo que le gustaría a tu lado... no es justo, cielo.- le dije que no me importaba; que quería estar con ella... pero no pude hacerla cambiar de opinión.
Nunca le dijo nada ni siquiera a su hermana. Tampoco era justo que ellas estuvieran viviendo en la ignorancia, pero nunca le dije nada. Me limité a cumplir sus deseos; a hacer realidad sus caprichos, por mínimos que fueran... a tratar de hacerla feliz el tiempo que le quedara a mi lado... y no sé si lo estaba haciendo bien.
Me estaba muriendo junto con ella, en silencio. ¿Qué más podía hacer? Nada.
Una tarde, mientras mi querido hermano entretenía a los chicos, incluyendo a su pequeña dama, Abii, aprovechamos para ir a un lugar acogedor que guardaba para ocasiones especiales, junto con nuestra pequeña.
-¿A qué se debe la sorpresa, amor?- preguntó Cristal una vez que llegamos, mientras bajaba del auto con la bebé entre sus brazos, que, sonriente, asomaba su pequeña cabecita por entre la manta, viendo curiosa a su alrededor.
-No tiene que ser una ocasión especial para consentir a las dos mujeres más maravillosas del mundo, ¿o sí?
-Cielo, eres tan dulce....- me besó en los labios ante la vista de Ángel.
La tomé de la mano y la llevé hasta la orilla de un pequeño lago al lado de una cabañuela. -Es... maravilloso, Bill.- se puso delante de mí, besándome de nuevo. -Gracias.
-Me alegro que te guste, linda.- volteé a ver a mi bebé: estaba alargando uno de sus brasitos hacia mí. -¿Y a tí, pequeña? ¿Te gusta?- le tomé delicadamente mientras se reía.
Nos sentamos a orillas del agua: Cristal entre mis brazos y Ángel entre los suyos, admirando el paisaje. -¿Sabes que te amo más que a mi vida?
-Lo sé.- respondió en una sonrisa. -Y yo a tí... te quiero muhísimo más, Bill. Te amo mucho más de lo que cualquiera podría imaginar...
-No quiero perderte.- la apreté un poco más contra mí.
-Sabes que nada es para siempre... sólo el amor.- suspiró. - Sólo nuestro amor, cielo.
-Han pasado tres semanas...- lo dije inconscientemente. -El doc dijo...
-...Que era un mes el que me quedaba. Lo sé.- Ángel se distraía con cualquier cosa a su alcance: florecillas o alguna mariposa distraída que volaba cerca de nosotros. -Amor, ¿puedo pedirte algo?
-Lo que quieras.- respondí besando su cabeza.
-Ya no pienses en eso.
-Me pides algo que no puedo hacer. He estado pensando en eso desde hace tiempo.
-Por favor: no quiero que sufras por ésto.
-¿Perderte sin sufrir por ello? Eso no puede ser.
-Por favor... por mí... por nuestra pequeña.
Suspiré. -Trataré... pero no prometo nada.
-Gracias cielo.
El resto del día lo pasamos en silencio, admirando el paisaje... y disfrutando de la bebé.
Los días pasaban... y el temor de perderla de la noche a la mañana acrecentaba cada vez más. La sostenía entre mis brazos todo el tiempo que podía y disfrutaba cada sonrisa suya; cada movimiento... cada palabra y cada aliento de su ser... tratar de retenerla lo más que podía... aunque las cosas no se pudiesen ya cambiar de curso.
Todo el tiempo del mundo me la pasaba a su lado, admirándola y cuidándola en silencio y a la distancia, ya que Cristal non quería sentirse "vigilada" todo el tiempo.
Nadie lo sabía... nadie sospechaba que su vida se extinguía a prisa. Claro, era lógico al ver lo bien que aparentaba con sus sonrisas y su calma... a veces, envidiaba lo bien que lo sobrellevaba. Me gustaría aprender tanto de ella y su fortaleza...
Por las noches la aferraba contra mi pecho y durante el día, la apresaba entre mis brazos cuando cargaban a nuestra pequeña bebé, para admirar a ambas... mis dos más grandes tesoros.
La boda no se llevaría a cabo ya, gracias a su decisión. -No me gustaría que te comprometieras a algo serio con alguien que no podrá durar lo que le gustaría a tu lado... no es justo, cielo.- le dije que no me importaba; que quería estar con ella... pero no pude hacerla cambiar de opinión.
Nunca le dijo nada ni siquiera a su hermana. Tampoco era justo que ellas estuvieran viviendo en la ignorancia, pero nunca le dije nada. Me limité a cumplir sus deseos; a hacer realidad sus caprichos, por mínimos que fueran... a tratar de hacerla feliz el tiempo que le quedara a mi lado... y no sé si lo estaba haciendo bien.
Me estaba muriendo junto con ella, en silencio. ¿Qué más podía hacer? Nada.
Una tarde, mientras mi querido hermano entretenía a los chicos, incluyendo a su pequeña dama, Abii, aprovechamos para ir a un lugar acogedor que guardaba para ocasiones especiales, junto con nuestra pequeña.
-¿A qué se debe la sorpresa, amor?- preguntó Cristal una vez que llegamos, mientras bajaba del auto con la bebé entre sus brazos, que, sonriente, asomaba su pequeña cabecita por entre la manta, viendo curiosa a su alrededor.
-No tiene que ser una ocasión especial para consentir a las dos mujeres más maravillosas del mundo, ¿o sí?
-Cielo, eres tan dulce....- me besó en los labios ante la vista de Ángel.
La tomé de la mano y la llevé hasta la orilla de un pequeño lago al lado de una cabañuela. -Es... maravilloso, Bill.- se puso delante de mí, besándome de nuevo. -Gracias.
-Me alegro que te guste, linda.- volteé a ver a mi bebé: estaba alargando uno de sus brasitos hacia mí. -¿Y a tí, pequeña? ¿Te gusta?- le tomé delicadamente mientras se reía.
Nos sentamos a orillas del agua: Cristal entre mis brazos y Ángel entre los suyos, admirando el paisaje. -¿Sabes que te amo más que a mi vida?
-Lo sé.- respondió en una sonrisa. -Y yo a tí... te quiero muhísimo más, Bill. Te amo mucho más de lo que cualquiera podría imaginar...
-No quiero perderte.- la apreté un poco más contra mí.
-Sabes que nada es para siempre... sólo el amor.- suspiró. - Sólo nuestro amor, cielo.
-Han pasado tres semanas...- lo dije inconscientemente. -El doc dijo...
-...Que era un mes el que me quedaba. Lo sé.- Ángel se distraía con cualquier cosa a su alcance: florecillas o alguna mariposa distraída que volaba cerca de nosotros. -Amor, ¿puedo pedirte algo?
-Lo que quieras.- respondí besando su cabeza.
-Ya no pienses en eso.
-Me pides algo que no puedo hacer. He estado pensando en eso desde hace tiempo.
-Por favor: no quiero que sufras por ésto.
-¿Perderte sin sufrir por ello? Eso no puede ser.
-Por favor... por mí... por nuestra pequeña.
Suspiré. -Trataré... pero no prometo nada.
-Gracias cielo.
El resto del día lo pasamos en silencio, admirando el paisaje... y disfrutando de la bebé.
martes, 12 de julio de 2011
Ocultándolo
Bill:
Habíamos vuelto a casa. Yosy se encontraba en la sala, acompañada de Abii y Cami.... las tres se veían tan lindas y felices cuidando de la bebé...
-Ya llegamos.- anuncié desganado. Cristal se apresuró a acercarse a ellas y tomar a nuestra pequeña Ángel entre sus brazos, aparentando que nada pasaba. -¿Dónde están los demás?
-Dijeron que tenían cosas qué hacer... y Tom no me quiso llevar con él.- reclamó Abii haciendo pucheros frente a mí.
-¿No dijeron a dónde iban?
-No. ¿Tardará mucho Tomi, Bill?
-No lo sé.- traté de sonreír, pero no pude. -Quizás fueron al estudio, con David. ¿Cómo se portó mi pequeña?
-Tan bien como se porta su tía... osea, yo.- dijo ella en una sonrisa. lo que hizo reír a las chicas... incluyendo a Cris.
-Ajá. Ella es un angelito completo, Abii. Tú eres la pequeña sanguijuela de Tom.
-Su pequeña monstruo, Cami.- corrigió en una sonrisa. -Él mismo lo ha dicho: soy su pequeña monstruo... pero eso no significa que sea mal portada.
-No, para nada.- remató Yos, acercándose con Cristal, con la mano en su espalda. -¿Y ustedes? ¿Se puede saber a dónde fueron?
-Bueno...
-Yosy nos ha dicho que no es bueno estar de curiosas con la vida de las demás y ahora ella es la que tiene curiosidad de saber todo de ustedes.- De nuevo, Abii volvía a ser la que atraía la atención... ahora que mi bebé estaba dormida en brazos de su madre... de la chica que se había adueñado de mi alma y mi corazón; la misma que se había convertido en mi mundo entero... y que estaba a punto de perder.
-¿Puedo hablar contigo, Bill?- Yos me tomó del brazo y me apartó de ellas, llevándome a la cocina.
-¿Qué pasa?- pasé las manos por mi rostro.
-¿Qué es lo que pasa?- no respondí, concentrando la mirada en ella. -Hay algo mal con Cris, ¿verdad?
-Eso... no.- devié mi mirada de la suya. -Claro que no. Todo está... bien.
-Ese "bien" no me convence.- suspiró. -Pero está bien, déjalo así. Si es algo malo... una parte de mí no quiere saberlo. Conozco a Cristal desde hace algún tiempo y la quiero muchísimo, casi como a una hermana... y lo sabes, peor... no sé. Si no nos lo quieren decir, deben tener sus razones y lo entiendo.... creo.
-Gracias, Yos.- Se fue, dejándome solo en la cocina, pensando.
Pasaron los días, sumiéndolos a ellos cada vez más en la ignorancia mientras mi chica se desvanecía un poco más con cada día que pasaba, entre mis brazos.
Habíamos vuelto a casa. Yosy se encontraba en la sala, acompañada de Abii y Cami.... las tres se veían tan lindas y felices cuidando de la bebé...
-Ya llegamos.- anuncié desganado. Cristal se apresuró a acercarse a ellas y tomar a nuestra pequeña Ángel entre sus brazos, aparentando que nada pasaba. -¿Dónde están los demás?
-Dijeron que tenían cosas qué hacer... y Tom no me quiso llevar con él.- reclamó Abii haciendo pucheros frente a mí.
-¿No dijeron a dónde iban?
-No. ¿Tardará mucho Tomi, Bill?
-No lo sé.- traté de sonreír, pero no pude. -Quizás fueron al estudio, con David. ¿Cómo se portó mi pequeña?
-Tan bien como se porta su tía... osea, yo.- dijo ella en una sonrisa. lo que hizo reír a las chicas... incluyendo a Cris.
-Ajá. Ella es un angelito completo, Abii. Tú eres la pequeña sanguijuela de Tom.
-Su pequeña monstruo, Cami.- corrigió en una sonrisa. -Él mismo lo ha dicho: soy su pequeña monstruo... pero eso no significa que sea mal portada.
-No, para nada.- remató Yos, acercándose con Cristal, con la mano en su espalda. -¿Y ustedes? ¿Se puede saber a dónde fueron?
-Bueno...
-Yosy nos ha dicho que no es bueno estar de curiosas con la vida de las demás y ahora ella es la que tiene curiosidad de saber todo de ustedes.- De nuevo, Abii volvía a ser la que atraía la atención... ahora que mi bebé estaba dormida en brazos de su madre... de la chica que se había adueñado de mi alma y mi corazón; la misma que se había convertido en mi mundo entero... y que estaba a punto de perder.
-¿Puedo hablar contigo, Bill?- Yos me tomó del brazo y me apartó de ellas, llevándome a la cocina.
-¿Qué pasa?- pasé las manos por mi rostro.
-¿Qué es lo que pasa?- no respondí, concentrando la mirada en ella. -Hay algo mal con Cris, ¿verdad?
-Eso... no.- devié mi mirada de la suya. -Claro que no. Todo está... bien.
-Ese "bien" no me convence.- suspiró. -Pero está bien, déjalo así. Si es algo malo... una parte de mí no quiere saberlo. Conozco a Cristal desde hace algún tiempo y la quiero muchísimo, casi como a una hermana... y lo sabes, peor... no sé. Si no nos lo quieren decir, deben tener sus razones y lo entiendo.... creo.
-Gracias, Yos.- Se fue, dejándome solo en la cocina, pensando.
Pasaron los días, sumiéndolos a ellos cada vez más en la ignorancia mientras mi chica se desvanecía un poco más con cada día que pasaba, entre mis brazos.
viernes, 8 de julio de 2011
Poco Tiempo
Cristal:
Le pedí que fuéramos con el médico. Si iba a escuchar un dictamen triste y fatalista, quería tener a alguien a mi lado para que no me dejara caer en esos momentos.
Salimos durante la mañana, dejando a la bebé bajo el cuidado de Yos... así que si Gustav quería estar con ella, tendría que pasar a la casa y quedarse ahí, con ella, haciéndola de niñero.
No dijimos a dónde íbamos, a pesar de las insistencias de mi hermana y de Abii. Nadie sabía a dónde íbamos exactamente... y es una suerte que nadie fuera de ellas preguntara. Seguramente se imaginaban o tenían una ligera idea de lo que íbamos a hacer.
Al llegar, el médico ya nos esperaba con mi expediente en la mano. Nos sentamos en medio de un silencio incómodo, observando cómo su semblante se endurecía cada vez más al pasar las hojas.
-¿Qué pasa, doc?- preguntó Bill tomando fuertemente mi mano.
-Hay malas noticias, Bill.
-¿Qué es?
-Bueno... los estudios que le hemos realizados no mienten y a juzgar por el trabajo de parto...
-Estoy mal, ¿verdad?- pregunté temerosa, con la vista baja. -Vamos, puede decirlo. Después de todo... yo ya lo sé. Lo siento.- Bill apretó un poco más mi mano.
-No te mentiré, Cristal: el parto te debilitó mucho más de lo que ya estabas. A este paso...
-¿Cuánto tiempo me dan?
-Un mes.- esas simples dos palabras apuñalaron el alma de ambos. Lo sé porque sentí que mi corazón se detenía dentro de mi pecho y la mano de Bill se enfriaba de golpe.
-¿No hay nada que...?
-Lo siento, Bill.
Las lágrimas brotaron de mis ojos de repente. Retiré la mano de la de él y las limpié con el dorso de la mano. -Bill, vámonos.
-Cristal, lo lamento.
-No lamente nada, doc. Nada pasa aquí.- levanté la mirada, tratando de dibujar una sonrisa. -Bill... amor, vámonos. Yosy y las chicas deben desesperarse por no vernos llegar.- le tomé de la mano y lo llevé hasta el auto sin dejarle decir nada.
Ya en el camino de regreso, se detuvo unos metros antes de llegar a casa. -¿Te sientes bien, cielo?
-Yo... sí.- trataba de no verlo a los ojos, porque sabía que de hacerlo, terminaría llorando... y no quería seguir haciéndolo.
-Sé que estás mal, amor... pero... no sé qué tanto.
-No pasa nada, Bill. Estoy bien... amor.- la última palabra la dije casi susurrando. Mi voz estaba quebrándose, peor no quería contagiarle mi tristeza.
-Yo también estoy mal, Cris. Pero... pero sé que podremos vivir de la mejor manera... con suerte, las cosas mejorarán y...
-No, Bill. Las cosas no van a mejorar.- volteé a verlo: estaba pálido y nervioso. -Mi tiempo se acaba... pero... pero en serio: no pasa nada. Sabré arreglármelas para poder estar con ustedes y disfrutar a lo máximo éste último mes.- traté de sonreir.
A fuera, la temperatura había bajado algunos grados, haciendo que los vidrios se empañaran. -Lo únco que importa ahora es poder pasar mis últimos días a tu lado, amor. Disfrutar de tí y de nuestra pequeña bebé.- lancé la vista una vez más por la ventana, trazando un corazón en el cristal. -De todos modos, no importa que algo tan gave como la muerte nos separe, Bill. ¿Sabes por qué? Porque te amo... y eso nada lo va a poder cambiar. El amor no muere nunca, cielo: se mantiene a través del tiempo; sobreviviendo a las líneas de la historia...
sábado, 2 de julio de 2011
Ángel
Cristal:
Ahí estaba mi pequeña, en brazos del chico que amaba... que comencé a amar sin conocerlo en persona si quiera.
Era tan hermosa... él decía que se parecía a mí, pero no. Ella era aún más linda; más alegre y tierna y... llena de vida.
Sí, me había quedado facinada con el pequeño fruto de nuestro amor, pero al mismo tiempo me ponía triste. ¿Qué tanta justicia hay en darle vida a un nuevo ser si no vas a estar el tiempo que desearías a su lado?
Yo no querpia dejarlos solos, ni a mi hermana, ni a mis amigas, ni a Tom ni Bill... y mucho menos a mi hija, pero yo sabía que el tiempo se me estaba agotando de manera rápida.
Tuvo que pasar una semana para que volviéramos a casa. Yo me encontraba más decaída que antes; había adelgazado demasiado y mis energías ya no eran las mismas, pero trataba de aparentar lo mejor que podia para no ser una penas más.
Me dediqué a pasar todo el tiempo que podía al lado de Bill y de nuestra bebé, escogiendo el nombre que le pondríamos. -¿Te parece... Simone?
-¿Como mi madre?
-Vamos, Bill, ¿no te gusta?
Dudó un momento. -Mejor escogemos otro, ¿sí?
Reí.- De acuerdo.
-¿Y si lleva tu nombre?
-No, pobre. No quiero desgraciarla con un nombre como el mío.
-A mí me gusta. Cristal se escucha lindo.- besó mi frente.
Estaba sentada en una mesedora que recién había comprado Bill, sosteniendo a la bebé, mientras él estaba a mis espaldas, observándola cómo sonreía y veía curiosa a nuestro alrededor. -Ángel...
-¿Qué?
-¿No te gusta?
-Suena bien, pero...
-Ese nombre siempre me ha gustado.
-Ángel entonces.- sonrió. -¿Escuchaste, nena? ¿Te gusta "Ángel"?- Bill descubió un poco su carita, viéndole sonriente, igual que yo. Ella rió, dándole a entender que estaba de acuerdo. -¿Qué te parece, amor? Creo que le gustó el nombre.
-¿Puedo entrar?- Tom asomó asomó su mirada desde la puerta.
-Pasa.- Entró con Abii detrás.
-Ya llego el tío Tom, nena.- se colocó a un lado de su hermano, escondiendo algo detrás de él; Abii se puso a un lado de mí, todos con atención a la pequeña Ángel.
-¿Ya se lo darás?- preguntó Abii a Tom.
-¿Darle qué a quién?- pregunté viéndolos a los dos.
-Tom le compró algo a mi sobrinita.
-NUESTRA sobrinita.- corrijió Tom con una sonrisa. -Es algo... es... es...
-Es un osito de peluche.- Bill arrebató de sus manos el regalo, mostrándomelo.
-¡Hey! No tenías por qué quitármelo así.- protestó su hermano.
-Si no te lo quitaba, posiblemente no lo hubieras enseñado hasta que Abii o yo te insiséramos.
-Está muy lindo, Tom. Ángel te agradece tu regalo.- lo tomé, enseándocelo. La pequeña sonrió y en seguida trató de tomarlo entre sus manitas.
-¿Hay reunión o qué?- la voz de Cami me hizo girar a la puerta.
-Algo asi... dígamos que sí. ¿Te unes?
-¡Pero claro!- entró sonrriente. -¿Puedo cargarla?
-Sólo ten mucho cuidado, por favor.
-Cris, ya sabes que yo siempre tengo cuidado.
-Ajá.- Todas las miradas se concentraron en mi hermana y en la bebé. Todos en casa estaban encantados con ella... -Cami, cuida mucho de Ángel, ¿sí? Tengo que hablar con Bill.
-¿Ángel? ¿Así le van a poner?
-Síp. Lindo, ¿no?- no me respondió.
Tomé la mano de Bill y bajamos a la sala. -¿Qué pasa, amor?
-Bill, tenemos que ir al médico.
-¿Te sientes mal?
-Un poco, pero no iremos hoy, ¿de acuerdo?
-¿Por qué no? Si et sientes mal, será mejor que vayamos ahora.
-Ahora... no. Quiero pasar un día más con nuestra bebé.
Ahí estaba mi pequeña, en brazos del chico que amaba... que comencé a amar sin conocerlo en persona si quiera.
Era tan hermosa... él decía que se parecía a mí, pero no. Ella era aún más linda; más alegre y tierna y... llena de vida.
Sí, me había quedado facinada con el pequeño fruto de nuestro amor, pero al mismo tiempo me ponía triste. ¿Qué tanta justicia hay en darle vida a un nuevo ser si no vas a estar el tiempo que desearías a su lado?
Yo no querpia dejarlos solos, ni a mi hermana, ni a mis amigas, ni a Tom ni Bill... y mucho menos a mi hija, pero yo sabía que el tiempo se me estaba agotando de manera rápida.
Tuvo que pasar una semana para que volviéramos a casa. Yo me encontraba más decaída que antes; había adelgazado demasiado y mis energías ya no eran las mismas, pero trataba de aparentar lo mejor que podia para no ser una penas más.
Me dediqué a pasar todo el tiempo que podía al lado de Bill y de nuestra bebé, escogiendo el nombre que le pondríamos. -¿Te parece... Simone?
-¿Como mi madre?
-Vamos, Bill, ¿no te gusta?
Dudó un momento. -Mejor escogemos otro, ¿sí?
Reí.- De acuerdo.
-¿Y si lleva tu nombre?
-No, pobre. No quiero desgraciarla con un nombre como el mío.
-A mí me gusta. Cristal se escucha lindo.- besó mi frente.
Estaba sentada en una mesedora que recién había comprado Bill, sosteniendo a la bebé, mientras él estaba a mis espaldas, observándola cómo sonreía y veía curiosa a nuestro alrededor. -Ángel...
-¿Qué?
-¿No te gusta?
-Suena bien, pero...
-Ese nombre siempre me ha gustado.
-Ángel entonces.- sonrió. -¿Escuchaste, nena? ¿Te gusta "Ángel"?- Bill descubió un poco su carita, viéndole sonriente, igual que yo. Ella rió, dándole a entender que estaba de acuerdo. -¿Qué te parece, amor? Creo que le gustó el nombre.
-¿Puedo entrar?- Tom asomó asomó su mirada desde la puerta.
-Pasa.- Entró con Abii detrás.
-Ya llego el tío Tom, nena.- se colocó a un lado de su hermano, escondiendo algo detrás de él; Abii se puso a un lado de mí, todos con atención a la pequeña Ángel.
-¿Ya se lo darás?- preguntó Abii a Tom.
-¿Darle qué a quién?- pregunté viéndolos a los dos.
-Tom le compró algo a mi sobrinita.
-NUESTRA sobrinita.- corrijió Tom con una sonrisa. -Es algo... es... es...
-Es un osito de peluche.- Bill arrebató de sus manos el regalo, mostrándomelo.
-¡Hey! No tenías por qué quitármelo así.- protestó su hermano.
-Si no te lo quitaba, posiblemente no lo hubieras enseñado hasta que Abii o yo te insiséramos.
-Está muy lindo, Tom. Ángel te agradece tu regalo.- lo tomé, enseándocelo. La pequeña sonrió y en seguida trató de tomarlo entre sus manitas.
-¿Hay reunión o qué?- la voz de Cami me hizo girar a la puerta.
-Algo asi... dígamos que sí. ¿Te unes?
-¡Pero claro!- entró sonrriente. -¿Puedo cargarla?
-Sólo ten mucho cuidado, por favor.
-Cris, ya sabes que yo siempre tengo cuidado.
-Ajá.- Todas las miradas se concentraron en mi hermana y en la bebé. Todos en casa estaban encantados con ella... -Cami, cuida mucho de Ángel, ¿sí? Tengo que hablar con Bill.
-¿Ángel? ¿Así le van a poner?
-Síp. Lindo, ¿no?- no me respondió.
Tomé la mano de Bill y bajamos a la sala. -¿Qué pasa, amor?
-Bill, tenemos que ir al médico.
-¿Te sientes mal?
-Un poco, pero no iremos hoy, ¿de acuerdo?
-¿Por qué no? Si et sientes mal, será mejor que vayamos ahora.
-Ahora... no. Quiero pasar un día más con nuestra bebé.
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