Bill:
Los días pasaban... y el temor de perderla de la noche a la mañana acrecentaba cada vez más. La sostenía entre mis brazos todo el tiempo que podía y disfrutaba cada sonrisa suya; cada movimiento... cada palabra y cada aliento de su ser... tratar de retenerla lo más que podía... aunque las cosas no se pudiesen ya cambiar de curso.
Todo el tiempo del mundo me la pasaba a su lado, admirándola y cuidándola en silencio y a la distancia, ya que Cristal non quería sentirse "vigilada" todo el tiempo.
Nadie lo sabía... nadie sospechaba que su vida se extinguía a prisa. Claro, era lógico al ver lo bien que aparentaba con sus sonrisas y su calma... a veces, envidiaba lo bien que lo sobrellevaba. Me gustaría aprender tanto de ella y su fortaleza...
Por las noches la aferraba contra mi pecho y durante el día, la apresaba entre mis brazos cuando cargaban a nuestra pequeña bebé, para admirar a ambas... mis dos más grandes tesoros.
La boda no se llevaría a cabo ya, gracias a su decisión. -No me gustaría que te comprometieras a algo serio con alguien que no podrá durar lo que le gustaría a tu lado... no es justo, cielo.- le dije que no me importaba; que quería estar con ella... pero no pude hacerla cambiar de opinión.
Nunca le dijo nada ni siquiera a su hermana. Tampoco era justo que ellas estuvieran viviendo en la ignorancia, pero nunca le dije nada. Me limité a cumplir sus deseos; a hacer realidad sus caprichos, por mínimos que fueran... a tratar de hacerla feliz el tiempo que le quedara a mi lado... y no sé si lo estaba haciendo bien.
Me estaba muriendo junto con ella, en silencio. ¿Qué más podía hacer? Nada.
Una tarde, mientras mi querido hermano entretenía a los chicos, incluyendo a su pequeña dama, Abii, aprovechamos para ir a un lugar acogedor que guardaba para ocasiones especiales, junto con nuestra pequeña.
-¿A qué se debe la sorpresa, amor?- preguntó Cristal una vez que llegamos, mientras bajaba del auto con la bebé entre sus brazos, que, sonriente, asomaba su pequeña cabecita por entre la manta, viendo curiosa a su alrededor.
-No tiene que ser una ocasión especial para consentir a las dos mujeres más maravillosas del mundo, ¿o sí?
-Cielo, eres tan dulce....- me besó en los labios ante la vista de Ángel.
La tomé de la mano y la llevé hasta la orilla de un pequeño lago al lado de una cabañuela. -Es... maravilloso, Bill.- se puso delante de mí, besándome de nuevo. -Gracias.
-Me alegro que te guste, linda.- volteé a ver a mi bebé: estaba alargando uno de sus brasitos hacia mí. -¿Y a tí, pequeña? ¿Te gusta?- le tomé delicadamente mientras se reía.
Nos sentamos a orillas del agua: Cristal entre mis brazos y Ángel entre los suyos, admirando el paisaje. -¿Sabes que te amo más que a mi vida?
-Lo sé.- respondió en una sonrisa. -Y yo a tí... te quiero muhísimo más, Bill. Te amo mucho más de lo que cualquiera podría imaginar...
-No quiero perderte.- la apreté un poco más contra mí.
-Sabes que nada es para siempre... sólo el amor.- suspiró. - Sólo nuestro amor, cielo.
-Han pasado tres semanas...- lo dije inconscientemente. -El doc dijo...
-...Que era un mes el que me quedaba. Lo sé.- Ángel se distraía con cualquier cosa a su alcance: florecillas o alguna mariposa distraída que volaba cerca de nosotros. -Amor, ¿puedo pedirte algo?
-Lo que quieras.- respondí besando su cabeza.
-Ya no pienses en eso.
-Me pides algo que no puedo hacer. He estado pensando en eso desde hace tiempo.
-Por favor: no quiero que sufras por ésto.
-¿Perderte sin sufrir por ello? Eso no puede ser.
-Por favor... por mí... por nuestra pequeña.
Suspiré. -Trataré... pero no prometo nada.
-Gracias cielo.
El resto del día lo pasamos en silencio, admirando el paisaje... y disfrutando de la bebé.

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