Bill:
Tres días pasaron desde que dimos la noticia... y todo el mundo se comportaba con ella como si fuera una muñequita de porcelana tan frágil como si cualquier corriente de aire la fuese a romper... y, a juzgar por su gesto, le molestaba un poco, aunque también agradecía las atenciones que tenían con ella.
Fuimos al médico en compañía de Tom para el ultrasonido. Al principio, la enfermera nos recibió de muy buena manera, llenándonos de palabras de aliento, hasta que llegó el doctor y le pidió a ella y a mi hermano que nos dejaran solos con él.
-¿Qué le parece, doc? ¡Voy a ser papá!- dije alegremente ante sus gestos fríos que no cambiaron ni un poco. Cristal captó el mensaje de su frialdad mucho antes que yo y borró su sonrisa, poniéndoce seria. -¿Qué pasa?
-Hay algo que tienen que saber, Bill.
-Es acerca del bebé, ¿verdad?- preguntó mi chica cabizbaja.
-Desgraciadamente, sí.
-¿Qué quiere decir con "desgraciadamente"?- mi cuerpo comenzó a tembblar un poco.
-El embarazo es de alto riesgo debido a la condición de Cristal, Bill. No tenemos la certeza de que llegue a buen término.
El corazón se detuvó dentro de mi pecho al verlo bajar la mirada y apagarse las últimas palabras en sus labios, d emodo que yo no pudiera escucharlas. -¿Es en serio?
-Bill...- escuchaba a mi chica con voz quebradiza, débil... pero algo me impedía verla.
-¿Está diciendo que podríamos perderlo?- al decirlo, una bomba de nervios estalló dentro de mí.
-Perderlo durante el embarazo o...
-¿O?
-En caso de que pase los 9 meses sin complicaciones graves, tendrían que decididir entre la vida de bebé o la de Cristal.
Ya no más... ya no podía ser la fortaleza de ella; ya no me quedaban fuerzas para sostenerme.
Era una ilución nueva que ella y yo habíamos concebido en medio de nuestra felicidad, y se estaba apagando antes de hacerce realidad.
-No. Eso no va a pasar.- su dulce voz rompió con el silencio que se había interpuesto entre nosotros. Volteé a verla: estaba limpiando la slágrimas que resbalaban por su rostro. -Eso no va a pasar.- repitió.
-Estás muy delicada. En tu estado...
-Sea como sea mi estado eso no afectará al bebé. Ya lo verá.- Se acercó y tomó mi mano. -Éste pequeño regalo vendrá sano y salvo a nuestras vidas y yo estaré a su lado para verle crecer.
La miré sorprendido y con esperanzas de poder lograr lo que decía.
-Los tres estaremos bien.- dije besando su cabeza. -Nada va a separarnos.
Aún con algunas palabras pesimistas del doctor, salimos del consultorio, ocultando cualquier rastro de trsiteza que nos delatara frente a mi hermano.
-¿Y bien?
-¿Qué?
-¿Niña o niño?
Cristal sonrió tiernamente. -Queremos que sea sorpresa, Tom.
-Qué aburrido. Así no sabrán de qué color comprarle su ropa o pintar su cuarto.
-Hay colores neutrales, Tom. Podemos usar el blanco...
-O el amarillo.- s eme ocurrió decir.
-No, amarillo no, amor.
-¿Por qué no?
-Ese no me gusta.- dijo haciendo cara de disgusto. Sonreí y le dije que entonces el amarillo quedaba olvidado.
Regresamos a casa. En un par de meses tuvimos que dejarlas solas, a cargo de un pequeño grupo de seguridad, pues empezaba nuestra gira.
DEspués de asegurarme que estaría en buenas manos, nos despedimos de ellas, pidiéndole en especial a Yos que cuidara de Cristal y que me mantuvieran al pendiente de su estado.

1 comentario:
bell aunque corto pero belllo siguela :)
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