sábado, 13 de agosto de 2011

"Adiós"

Bill:

Las cosas jamás puedes ir como quisieras. La vida es tan injusta, que te arrebata la poca felicidad que tenías en los momentos menos esperados. Yo lo sabía, pero... no quería aceptar que esa regla se aplicaba también a mí.

Después de haberle llevado las rosas... ya no le quedaban fuerzas para levantarse siquiera. Sus energías se habían acabado en un día... y me era tan triste verla así: abatida y derrotada.

No dijimos nada más. Nos acomodamos uno junto al otro y en todo el día, ninguno salió de la habitación.

Varias veces tocaron a la puerta, pero supe alejarlos diciéndoles que todo estaba bien... como me hubiese gustado que fuera verdad.

Incluso en esos momentos no teníamos a nuestra bebé cerca. Sólo éramos ella y yo. La que se había convertido en mi mundo... y yo: un tonto enamorado que se moriría sin ella.

-Cielo...- su voz apenas se oia. -... antes de que me... vaya...- sus palabras me erizaron la piel. -...tienes que prometerme algo.
-Lo... lo que sea, amor.- mi voz se quebraba... no quería hablar, sólo admirarla, pero... tenía que hablarle, para saber que seguía conmigo.
-Tienes que cuidar muy bien de nuestro angelito.- la ví: sonreía. A pesar del dolor y de que la vida se le escapaba, sonreia y estaba... tranquila. Cuánta fortaleza tenía... y yo, muriéndome por dentro junto con ella. -Y... Bill: no te quedes solo.
-No lo estaré. Tengo a mi hermano y a mi bebé.. ¿no?
-No me refiero a eso. Tendrás que buscar a alguien más.
-No. ¿Reemplazarte? Jamás.
-No puedes cuidar tú solo a nuestro angelito.- no dije nada. -Alguien entrará a tu vida... y serás feliz, como antes.
-No...
-Yo la eligiré con cuidado, tranquilo. No quiero que te quedes solo... no así.- hubo unos minutos de silencio. -Y, Bill... cuida de mi hermana.- Una lágrima resbaló por mi mejilla.
-Lo juro.- besé su cabeza.

Ya no hubo palabras de por medio; sólo silencio.

Nos quedamos dormidos, sin atender a nadie, yo aferrado al cuerpo de Cristal, como si así pudiera evitar el inminente final.


Al despertar en al mañana y sentir el frío de su cuerpo, le ví al rostro, admirando sus facciones y apreciar la sonrisa con la que había partido.

Estaba muerta, sí. Mi amada Cristal... la chica de mis sueños había fallecido en mis brazos, en completa calma.

¿Qué más podía decir? Habíamos tenido lo que muchas parejas no tienen: disfrutamos hasta los últimos momentos juntos.

-¿Bill?- La voz de Cami me obligó a abrir la boca. -Ángel quiere ver a su mamá. ¿Está despierta?
-¿Podrías llamar a Tom, por favor?- le pedí desde la cama, sin moverme.
-Está dormido todavía.
-Despiértalo.
-Se enfadará conmigo...
-Vamos, Cami, por favor... despiértalo. Dile que... lo necesito.
-¿Qué pasa?
-Sólo... sólo tráelo.

Se fue, regresando en seguida con mi hermano, que se escuchaba fastidiado, preguntándole por qué lo necesitaba.

-Pasen.- dije apagando la voz.

Cami venía con ángel entre los brazos, entrando primero. -Bill...- y clavando los ojos en una Cristal que palidecía cada vez más. -...mi hermana...
-¿Por qué me despiertas tan temprano, Bill? ¿Qué es tan importante como para...?- se quedó callado al verme aferrado al cuerpo de Cristal, triste... y al ver a Cami derramar un par de lágrimas.
-Mi hermana, Bill... no...
-Bill... ¿ella...? ¿ella está...?
-Murió en la madrugada.- le completé a Tom, con voz apagada.

Cami en seguida se echó a llorar en el pecho de mi hermano. Yo por más que queria, ni una lagrima salía de mis ojos.

-Será mejor que llamen a Abii y a Yos.

No dijeron nada. Salieron de ahí, dejándome solo de nuevo. -No puedo llorar... ¿por qué? Quizás soy tan ingrato que... no puedo demostrarte lo que te amé.. y lo que me duele perderte.- dije susurrándole.

Los chicos llegaron en unas horas, junto con los doctores y todo el personal que se encargaría de dictar el certificado de defunción y hacer los preparativos del funeral.

Me duché y estuve presente en toa la ceremonia en silencio, cargando a nuestra bebé, que estaba tranquila, a pesar del llanto de Cami y la tristeza que la rodeaba.

Ni una lágrima... ni un quejido. Nada. ¿Por qué no podía demostrar lo deshecho que estaba por dentro?

Mi mundo se había acabado... mi vida se había ido junto con ella... y no podía demostrarlo.

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