Bill:
Durante el funeral no solté a mi pequeña angelito... y, aunque veía el cuerpo de la que había sido mi vida... ni una lágrima cayó por mis mejillas. Ni un sentimiento de tristeza ni desesperanza... nada. Sólo un vacío en el pecho... pero eso era normal: el lugar que había estado ocupando mi corazón estaba vacío, porque a ella se lo había obsequiado y se lo había llevado a la tumba.
Dejé a los chicos a media ceremonia, sin decir nada.
Si no podía demostrar lo destrozado que debería estar, no valía la pena quedarme.
Llevé a nuestra bebé conmigo y, ya en casa, paseé la mirada or las paredes, viendo las pocas fotografías que teníamos de Cristal... de la chica de mis sueños.
Ángel alargó su manita hasta tocar mi rostro. Le ví sin dibujar ningún gesto, hasta que balbuceó y clavó su dulce mirada en mis ojos. -¿Qué pasa, pequeña? ¿Extrañas a tu mamá?- como respuesta movió su mano, como si señalara una fotografía tomada a los pocos días que ella nació, donde los tres nos veíamos tan felices... -Sí... la extrañaremos demasiado, ¿verdad?- seguía viendo la fotografía. -Ya no la veremos, pero... siempre estará con nosotros, ¿no, cielo?
"Siempre."
Me parecia escuchar su voz a mis espaldas.
Me giré, sólo para descubrir que estábamos solos. -¿Lo ves, nena? Tu papá no llora, pero ya empieza a enloquecer.- Ángel rió, fijando la vista en uno de los muros, como si viera a alguien. -¿Qué ves, nena?- nada. Aunque no había nada, ella seguía riendo.
-Bien, vamos, ya empieza a anochecer... supongo que tienes sueño ¿verdad?- subí las escaleras, dejándola en su cuna, a un lado de mi cama... la que fuera nuestra cama.
Maldición. Extrañaba a Cristal... demasiado. Y yo sin poder llorarle.
Me recosté, clavando la vista en el techo. Recordando los momentos que vivimos juntos.
Los días pasaron: Yos llegó en cuanto pudo, dándome el pésame y haciéndose cargo de Ángel y de Cami, para mudarse a unas casas después y así, poder estar al tanto de nosotros.
Abii y su padre llegaron una semana después de ella. La pequeña monstruo de mi hermano estaba destrozada por la noticia... y no paraba de llorar en sus brazos.
Yo las veía: tan tristes sin ella... era extraño verlas.
Yo no pude sonreír en mucho tiempo... y las sonrisas para las entrevistas eran falsas.... tan falsas que hasta las fans lo notaban con demasiada facilidad.
David y los chicos trataron de hablar conmigo y hacerme salir de mi eterna melancolía, pero no lograron nada.
Parecía que sólo estando con mi pequeña, que era lo único que me quedaba de mi adorada Cristal, me sacaba un poco de eso.
Ella, nuestra pequeña angelito, tomaba la apariencia de su madre con el pasar del tiempo: hermosa y sonriente siempre...

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