miércoles, 29 de junio de 2011

Esperando

Bill:

Dos días. Dos días en los que la espera me estaba matando; dos días en los que Cami, Yos, Abii y Tom no nos despegamos de la habitación de Cristal. Dos días en los que los diagnósticos habían sido inciertos.... dos días en los que ella permaneció inconciente, sin poder ver a su hija... a nuestra querida nena.

Esperando que abriera los ojos y lo primero que viera fuera a nuestra bebé, me quedé a su lado día y noche, pidiéndole que reaccionara... que no podía dejarnos todavía...

Las chicas en varias ocasiones me pidieron que fuera a descansar a casa, que ellas me avisarían si había cambios, peor preferí quedarme con ella, sólo llendo a casa para asearme y nada más. No quería despegarme de mi chica; no ahora que me necesitaba más que nunca.

Una noche, después de haber tenido una vez más a mi niña entre mis brazos, me recosté al lado de Cristal, acariciando su mano.

Sin esperarlo ni quererlo, me quedé dormido, soñando con nuestro primer y accidental encuentro. Tan linda que se veía esa tarde...

Una caricia suave por el rostro me despertó. Abrí los ojos lentamente, topándome con Cristal medio despierta, pasando su mano por mi cara, sonrriendo. -Hola, amor.- me dijo en un hilillo de vos.
-Hola.- la alegría de verla despierta de nuevo y al parecer completamente sana me impidió decir algo más.
-Viniste.
-No podía perderme ésto.- dije en una enorme sonrisa.
-Lo siento, amor. Creí que el bebé sería paciente, pero quiso adelantarce.
-Descuida. Fue una linda sorpresa.
-¿Bill?- Cami entra casi de puntitas, creyendo que aún está dormida, pero al verle despierta, casi se le echa encima. -¡Qué bien que despertaste, Cris!- y la abrazó fuertemente. Yo, como exagerado que soy... o eso me ha dicho mi querido hermano, la separé un poco preocupado de que la fuera a lastimar.
-Tranquilo, Bill, no me hará daño.- sonrió.

Dios... extrañaba su sonrisa. -Llamaré a las chicas.- salió de prisa.
-¿Ya lo viste? ¿Cómo está?- se apresuró a preguntar.
-Bueno... es hermosa... tan linda como tú.
-¿Hermosa? ¿Fue...?
-¡Niña! Una hermosa niña, amor.- besé delicadamente sus labios.

Unos momentos más y Yos entró acompañada de una enermera, de las chicas y de mi hermano. -¿Puedo verla?- preguntó insistente Cristal.

La enfermera sonrió, saliendo de la habitación después de revisarla, regresando con la bebé en brazos. Le pedí que me dejara cargarla a mí primero... es que... era tan hermosa... tan parecida a ella, que no podía estar lejos de las dos.Mi amor y mi pequeño pedacito de vida.

La tomé de manera que pudiera verla bien; Cristal sonrió, dejando escapar un par de lagrimillas. -Hola, nena.
La pequeña movió su cabecita. Tan hermosa que se veía... las dos... Ahora sólo sería cuestión de regresar a casa con ambas sanas.

lunes, 20 de junio de 2011

Bienvenida

Bill:

La gira había empezado bien, como las veces anteriores, pero la presión era mayor: con Cristal en casa y en su estado... sin tener noticias de ella o de las chicas más que por teléfono una o dos veces a la semana por cuestiones de trabajos, presentaciones y entrevistas. La angustia de no estar junto a ella me mataba.
-Tranquilo, Bill. Verás que no le pasará nada malo.- Tom se encontraba de un lado al otro del escenario, en las pruebas de sonido.
-Lo sé, lo sé.- Me senté en el borde, llevándome las manos a la cabeza. -Pero no puedo dejar de preocuparme.
-Yo no te pido que dejes de preocuparte, sólo te pido que te calmes un poco. Estás muy tenso.
-¿Tú no lo estarías si supieras que vas a ser papá y estás lejos de tu chica?
-Supongo.. pero aún así sabría que está en buenas manos y me tranquilizaría un poco.
-¿Se van a quedar ahí o van a venir?- Gustav nos llamó desde debajo. Se supone que antes de ensayar con calma, daríamos una entrevista más.

Pasó el tiempo... y la gira se había alargado de más gracias a que habíamos recuperado parte del éexito perdido en la gira pasada.

Entrevistas; sesiones de fotos; pequeñas presentaciones y conciertos. Nuestra agenda estaba llena, pero con suerte regresaría con un mes de sobra antes del nacimiento de mi bebé, así que trataba de calmarme, como me lo pedía mi hermano.

Sólo un par de días para poder regresar a casa... sólo unos días más de estar lejos de ella... Éste último mes de trabajo me la pasé más relajado, disfrutando un poco de las cosas y tratando de conseguir uno que otro obsequio para Cristal y el bebé.

-¿Todavía no sabes si será niño o niña y ya estás comprando cosas?- los chicos a veces se fastidiaban cuando salía a hacer éste tipo de compras, pero igual me acompañaban.
-Cristal dice que pueden ser colores neutros.- les respondí revisando algunas mantas. -¿Qué tal éste?- le mostré una de color azul cielo a Georg.
-Creí que el azul era para niños.
-Vamos, a puesto que le gustará.- Tom y Gustav se habían quedado ésta vez en el hotel; mi hermano por haber convencido a una chica de estar con él, así que creo aún estaba dormido; Gustav se quedó hablando por teléfono con Yos.
-¡Bill!- de pronto, Nathaly se abrió paso entre un par de guardias que llevávamos con nosotros.
-¡Cuidado, Nathaly! Podrías caerte si corres de esa manera.
-Es Cristal.- la manera en la que lo dijo me hizo ponerme nervioso.
-¿Qué pasa con ella?
-Acaba de llamar su hermana. Está en el hospital.
-¡¿Qué?!- en un acto reflejo, dejé caer las cosas al suelo. -¿Sabes por qué?
-Cálmate, Bill.- Georg se me acercó, tratando de tranquilizarme. -SEguro no es nada grave. Quizás sólo se adelantó el parto.
-Eso...- Nathaly se puso nerviosa... más nerviosa que yo. -Hubo complicaciones y tuvieron que internarla.
-¡¿Qué?! Eso no... eso no puede ser.- me apresuré a salir del lugar, pero antes de poner un pie fuera del negocio, Georg me tomó del brazo.
-¡Tranaquilo, Bill!
-¿Cómo puedo estar tranquilo sabiendo que ella está mal? ¡Suéltame!
-¡Escucha: todos iremos de regreso, ¿de acuerdo?- clavé la mirada en él. -Todos estaremos de regreso pronto. Nathaly...- se volvió a ella, sin soltarme. -¿Qué cosas tenemos pendientes?
-Creo... creo que sólo una sesión de fotos.
-Bien. Ven acá, Bill.- así, sosteniéndome del brazo, volvimos al hotel; tocamos a las puertas de las habitaciones de los chicos; Tom salió con una tremenda cara de sueño, mientras Gustav estaba  terminando su llamada. -Arreglen sus cosas.
-¿Qué? ¿Por qué?- los dos salieron hacia mi pieza, donde Georg me ayudaba a guardar las pocas cosas que estaban fuera de lugar.
-Nos vamos.
-Pero, pero, pero, pero...-Gustav se quedó ahí parado, viéndonos, mientras la noticia terminó de despertar a Tom. -Aún nos queda trabajo aquí.
-Ya arreglaremos eso más tarde, Tom.- en cuanto terminó de ayudarme, se fue, seguido de Gustav.
-Bill, ¿por qué Geo...?
-Cristal está en el hopital.
-¿Se adelantó el parto?
-Está internada por complicaciones.
-Escucha: ella estará bien.
-Por favor, Tom: necesito estar con ella.- le ví insistente. -Tengo que estar con ella. Me necesita y le prometí que no estaría sola... por favor.
-¿David ya lo sabe?
-No.
-¿Te irás como la última vez?
-Si tengo qué hacerlo, sí.- tomé mi maleta y bajé a la recepción. -Si vinieras conmigo, te lo agradecería.
-Tengo una mejor idea: vete. yo me quedo a calmar a David, que le dará un ataque cuando se entere que no estás.
Le agradecí y salí directamente al aeropuerto, sin despedrime de nadie más. Compré un boleto de regreso. En todo el camino no pude dejar de pensar en ella.

Casi 18 horas de vuelo. Apenas aterrizamos, tomé un taxi a casa; seguramente alguien se había quedado.
Toqué, nadie salió. Abrí la puerta, dejé las maletas en el pasillo y me apresuré a llamar a Yos.
-¿Bill?
-¡Yos! Dime, ¿cómo está Cris?- pregunté al tiempo que subía al auto y conducía al hospital.
-Estable, por el momento. ¿Cuaándo regresas?
-Ya voy de camino al hospital. Espérenme, ¿sí?- no esperé respuesta. Colgué y conduje lo más ráido que pude.
Al llegar, Cami  y las demás me recibieron con caras llenas de preocupación. -Entró en trabajo de parto hace mucho... ¿y si le pasa algo?- Cami se aferró a mí, casi llorando. -Yo no quiero que les pase algo.
-Saldrán bien, ya verás.- Yos se mantenía fuerte frente a la situación.
-¿Por qué no le dijiste nada a Gustav?
-No quería preocuparlo.
-¿Quién le avisó a Nathaly?
-Yo.- la vocecilla de Abii se escuchó en un murmullo. -Creí que deberías estar aquí.
Ya no hubo palabras después de eso.Esperamos a que el doctor nos diera noticias.

-¿Bill?- sin darnos cuénta de cómo o en qué momento, nos llamó desde el final del pasillo. Me acerqué temeroso de lo que nos fuera a decir.
¿Qué pasa, doc? ¿Cómo está ella?
-¿Por qué no pasas a verla?- sus palabras me calmaron un poco.
Entré a la habitación nervioso: ahí estaba ella, dormida, mientras una enfermera cargaba un pequeño entre sus brazos. -Felicidades, señor: es una hermosa niña.- Mi corazón dió un salto dentro de mi pecho; me acerqué lentamente. Ella la puso entre mis brazos. -Ella estará bien. El doctor logró estabilizar su estado. Esperamos que despierte pronto.- salió de la habitación.
ME acerqué despacio a Cristal. -Una niña, amor... una hermoza niña. Se parece a tí.- pasé mi vista de la bebé a ella. -Me tenías preocupado: creíq ue pasaría... pasaría algo malo.- pasé saliva. -Regresé sin decirle nada a David o Nathaly; sólo los chicos lo saben. Así que... supongo tendré problemas, pero vale la pena.- al ver a la pequeña bostezar... tan dulce... tan inocente y linda... no pude evitar sonreír. -Despierta pronto, mia mor, para que podamos regresar a casa y disfrutar de ella.


jueves, 16 de junio de 2011

Cuidados

Bill:

Tres días pasaron desde que dimos la noticia... y todo el mundo se comportaba con ella como si fuera una muñequita de porcelana tan frágil como si cualquier corriente de aire la fuese a romper... y, a juzgar por su gesto, le molestaba un poco, aunque también agradecía las atenciones que tenían con ella.
Fuimos al médico en compañía de Tom para el ultrasonido. Al principio, la enfermera nos recibió de muy buena manera, llenándonos de  palabras de aliento, hasta que llegó el doctor y le pidió a ella y a mi hermano que nos dejaran solos con él.
-¿Qué le parece, doc? ¡Voy a ser papá!- dije alegremente ante sus gestos fríos que no cambiaron ni un poco. Cristal captó el mensaje de su frialdad mucho antes que yo y borró su sonrisa, poniéndoce seria. -¿Qué pasa?
-Hay algo que tienen que saber, Bill.
-Es acerca del bebé, ¿verdad?- preguntó mi chica cabizbaja.
-Desgraciadamente, sí.
-¿Qué quiere decir con "desgraciadamente"?- mi cuerpo comenzó a tembblar un poco.
-El embarazo es de alto riesgo debido a la condición de Cristal, Bill. No tenemos la certeza de que llegue a buen término.
El corazón se detuvó dentro de mi pecho al verlo bajar la mirada y apagarse las últimas palabras en sus labios, d emodo que yo no pudiera escucharlas. -¿Es en serio?
-Bill...- escuchaba a mi chica con voz quebradiza, débil... pero algo me impedía verla.
-¿Está diciendo que podríamos perderlo?- al decirlo, una bomba de nervios estalló dentro de mí.
-Perderlo durante el embarazo o...
-¿O?
-En caso de que pase los 9 meses sin complicaciones graves, tendrían que decididir entre la vida de bebé o la de Cristal.
Ya no más... ya no podía ser la fortaleza de ella; ya no me quedaban fuerzas para sostenerme.
Era una ilución nueva que ella y yo habíamos concebido en medio de nuestra felicidad, y se estaba apagando antes de hacerce realidad.
-No. Eso no va a pasar.- su dulce voz rompió con el silencio que se había interpuesto entre nosotros.  Volteé a verla: estaba limpiando la slágrimas que resbalaban por su rostro. -Eso no va a pasar.- repitió.
-Estás muy delicada. En tu estado...
-Sea como sea mi estado eso no afectará al bebé. Ya lo verá.- Se acercó y tomó mi mano. -Éste pequeño regalo vendrá sano y salvo a nuestras vidas y yo estaré a su lado para verle crecer.
La miré sorprendido y con esperanzas de poder lograr lo que decía.
-Los tres estaremos bien.- dije besando su cabeza. -Nada va a separarnos.
Aún con algunas palabras pesimistas del doctor, salimos del consultorio, ocultando cualquier rastro de trsiteza que nos delatara frente a mi hermano.
-¿Y bien?
-¿Qué?
-¿Niña o niño?
Cristal sonrió tiernamente. -Queremos que sea sorpresa, Tom.
-Qué aburrido. Así no sabrán de qué color comprarle su ropa o pintar su cuarto.
-Hay colores neutrales, Tom. Podemos usar el blanco...
-O el amarillo.- s eme ocurrió decir.
-No, amarillo no, amor.
-¿Por qué no?
-Ese no me gusta.- dijo haciendo cara de disgusto. Sonreí y le dije que entonces el amarillo quedaba olvidado.
Regresamos a casa. En un par de meses tuvimos que dejarlas solas, a cargo de un pequeño grupo de seguridad, pues empezaba nuestra gira.
DEspués de asegurarme que estaría en buenas manos, nos despedimos de ellas, pidiéndole en especial a Yos que cuidara de Cristal y que me mantuvieran al pendiente de su estado.