Cristal:
Después de dos meses de encierro, los doctores por fin habían dicho que podría salir. Y aprovechando que las chicas estarían fuera todo el día, Bill y yo podríamos escaparnos por ahí.
-¿Todo bien, Cris?
Me había quedado viendo la calle desde el ventanal de nuestra habitación. Me giré a verlo, sonreinte. -Claro, cielo.
-Y bien...- me abrazó por detrás. -..en tus ojos se ve que planeas algo. ¿Puedo saber qué es?
-Quiero salir, Bill.
-Salir... ¿eh?- besó mi cuello. -¿En serio?
-Bill... he estado encerrada durante días... ¿y me preguntas si es en serio?
-Sólo preguntaba.- me giré, besándolo en lo labios. -¿Sabes? Te tengo una sorpresa.
-¿Sorpresa? ¡Yo quiero ssaber!
-Tendrás que esperar.
-No quiero esperar.- hice pucheros. -¿no me puedes decir ahorita?
-Nop.
-Sólo dame una pista.
-Nop.
-No seas malo, amor.
-Espera, ¿quieres? No seas impaciente.
-Esta bien.
Pasamos el resto del día en casa, viendo películas y escuchando musica... sin hacer nada especial, hasta que llegó la noche.
Bill desaprareció por unos momentos, regresando con una caja enorme envuelta en un hermozo papel color azul. -¿Qué es eso, cielo?
-Ésto...- me entregó el paquete. -...es parte de la sorpresa. Abrelo.
Me apresuré a rasgar el papel y abrir la caja... era un vestido nergo... hermozo.
-Oh, cielo...- la cara de Bill mostraba alegría.
-¿Te gusta?
-Esta divino... gracias.- lo abracé.
-Vamos, póntelo.- le hice caso sin subir a la habitación; simplemente me dí la vuelta para vestirme. -Te ves... hermoza.- me tomó de la cintura. -me encantas.
-¿En serio?
-Como no tienes idea.
-¿Puedo saber a qué se debe tu regalo?
-Ya verás.- se separó de mí. -Me arreglo rápido y te mostraré la sorpresa.
en vez de esperarlo a que bajara, le seguí. -¿No crees que yo tabién me tengo que arreglar? Yo también me quiero ver linda.- él sólo sonrió.
Pasados unos minutos, me vió fijamente. -No creí que fuera posible...
-¿Qué?
-Que pudieras ser más hermoza de lo que ya eres.- sus palabras me sonrojaron.
En un descuido, me tomó entre sus brazos, llevándome afuera así. -¡Bill! ¡Bájame!- se lo pedía sonriendo, pero me ignoraba.
Me metió en su auto. En unos instantes, él conducía a las afueras de la ciudad. -¿A dónde me llevas?- no me respondió.
Una hora más y se detuvo. -Bill... ¿ahora sí me dirás a dónde me has traído?
-Cierra los ojos.
-Bill...
-Por favor.- su mirada era tan dulce... que no supe decir que no.
Una vez más me bajó en brazos, caminando un largo trecho así. -Llegamos. Abrelos, linda.
Me quedé sin palabras al ver el lugar: era tan... hermozo. Era un lugar parecido a la cabañuela en donde se quedaron cuando estaban de visita con nosotras.
-Bill...
-Ven.- Tomó mi mano, llevándome al interior.
En medio, había una mesilla y dos sillas; velas y rosas por todo el lugar... era tan... romántico. -¡Mi vida! ¿tú lo hiciste?
-Bueno, el momento tenía que ser mágico.
Nos sentamos a la mesa. Él se notaba nervioso... pero no fui capaz de preguntarle.
Después de la cena, acercó un poco más su silla a mí. -Amor... ¿te gustó?
-No.
-¿No?
-Me encantó.- le besé. -Grcias por éstos momentos, Bill.
-Espera.- metió las manos a su saco. -Hay más...- y sacó una pequeña cajilla de terciopelo.
-Bill...- llevé mis manos al rostro, al tiempo que mis ojos se rasgaron de la emoción.
-Yo... sé que no he sido el mejor novio del mundo... y que no tengo el tiempo que quisiera para tí, pero... te amo. Te amo con toda mi alma y... sé que eres la indicada... y yo... bueno, lo he pensado.. y el entrometido de mi hermano me ayudó a decidir.... y... bueno... me preguntaba si...- abrió la cajilla lentamente, dejando ver en su interior un hermoso anillo, con un gran diamante en el centro. -... si tú... si tú querías...
-Oh, Bill...- u par de lagrimillas bajaron por mi rostro. -...¡claro que sí!
-¿En... en serio?
-¡Por supuesto que sí, tontito!- me eché a sus brazos. -Pero...- en cuanto recordé mi condición, me entristecí un poco. -...Yo...
-La boda no será pronto, pero prometo que sucederá.- dijo colocando el anillo en mi dedo. - Y la fiesta será grandiosa...
-Bill...
-¿Qué pasa, linda?- su mirada tan dulce me partía el alma... ¿cómo quitarle la felicidad?
-Yo... ¿sabes si el tiempo nos lo permitirá?- su semblante se ensombreció un poco. -Yo... quizás no deberías comprometerte.- dije devolviéndole el anillo. -No sería justo ilusionarte y después... dejarte solo y con una herida muy grande.
Tomó mi mano y el anillo entre sus manos, colocándocelas a la altura del corazón. -Te amo. Eso debería bastar.
-Bill...
-No me importa lo que tenga que pasar. Encontraré la manera de que te quedes conmigo... y si... - sus ojos también dejaron libres un par de lágrimas. -...si te pierdo, ya encontraré la manera de ir tras de ti... o de regresarte.
No había más que decir... sería cuestión de ver qué tan fuertes podríamos llegar a ser con el tiempo.


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