Bill:
Nos quedamos un buen rato acostados, aferrados al cuerpo del otro: ella quizás buscando soporte en mí, yo apresándola entre mis brazos por el miedo a perderla.
-Bill.- se sentó en el borde de la cama, dándome la espalda. -¿Puedo pedirte algo?- me enderecé y le tomé de los brazos delicadamente.
-Lo que quieras.
-No digas nada de ésto... a nadie.
-¿No crees que tu hermana tiene derecho a saberlo? Quizás hasta Tom debería saberlo.
-No. No quiero que se preocupen por mí.- se giró. En su rostro aún bajaban unas cuántas lágrimas, pero sus labios sostenían una sonrisa. -No quiero abrir otra herida en Cami y no quiero que tu hermano se preocupe.
-Pero...
-Escucha, amor: No hay nada que puedan hacer y no quiero verlos tristes. Quiero que sus vidas sigan sin sobresaltos... quiero que estén tranquilos. No debí habertelo dicho, pero eres mi todo... sería egoísta de mi parte el habérmelo guardado.- la abracé una vez más. -Si algo ha de pasar... quiero que seas mi apoyo.
-Seré eso... y la garantía de que encontraremos la manera de que no te vayas.
-¿Cómo? Los resultados ya están... y no son alentadores.
-Buscaremos una segunda opinión, nena: siempre hay una segunda opinión.
Toc-toc. Alguien tocó de manera queda a la puerta. -Bill.- Era Tom.
-¿Qué pasa?
-Tú sólo sal de ahí.- sonaba serio. Me levanté, besé la frente de mi chica; me vestí a prisa y me acerqu aé la puerta. Antes de abrirla, volteé a verla una vez más: se quedó con el cuerpo echado hacia adelante, cubriéndose adelante con las sábanas y dejando al descubierto su espalda.
-¿Qué quieres, Tom?
-Bien... am...- pasó una mano por su cabeza.
-Si veniste a despertarme, debió se rpor que tienes algo importante que decirme y no sólo para mostrarme lo idiota que te ves cuando divagas.- me lanzó una mirada de enojo. -Vaya, no me veas así que no esm i culpa que te veas así.... yo sólo digo las cosas como son.
-No te diré nada porque no tenemos tiempo de pelear.
-¿Qué pasa, entonces?
-Es que...
-Mira, de verdad: si vas a seguir dándole largas a lo que me tienes que decir, mejor vete.- estaba por cerrar la puerta cuando me detuvo.
-Es el trabajo, ¿si? Unas canciones han salido mal y hay que regresar a re-grabarlas.
-¡Pero ya habíamos termiando con eso! Se supone que nos tomaríamos un tiempo y después regresaríamos para ver lo de la gira...
-Ya te dije que las grabaciones fallaron. Algo salió mal con la edición, así que tenemos que regresar al trabajo.- suspiré. Lancé la mirada al interior de la habitación: Cristal ya no estaba en la cama. -Los chicos pasarán por nosotros en una hora.
-Está bien. Me arreglo rápido y bajo.
-Otra cosa, Bill.- Su rostro mostraba seriedad... era raro verlo así: normalmente me molesta con cualquier estupidez. -Debemos hablar de algo.
-¿De qué?
-Cristal.- me sobresalté un poco. ¿Qué tal si había escuchado lo que me había dicho?
-¿Cris... Cristal? ¿qué hay con ella?
-Cami está preocupada. Sospecha que algo anda mal con ella y... no es que me interese del todo, pero a mí también me preocupa.
-Idiota: claro que te interesa: ahora ya es parte de la familia.
-Supongo.- ambos suspiramos. -Como sea: Cami quiere hablar con nosotros en la cocina.
-Me baño y estoy con ustedes, ¿si?
-Está bien.- cerré de nuevo. Me recargué en la puerta, pensando las cosas y alcanando a escuchar un poco el repiqueteo de las gotas del agua dentro del baño.
Si sospechaban algo y empezaban a cuestionarme, ¿podría ocultarles las cosas? Nunca fui bueno mintiendo... menos frente a mi hermano. ¿Qué debía hacer?
Decidí dejar las cosas de lado, pues me dí cuenta que no valía la pena el preocuparme por eso ahora. Ya se me ocurriría algo.
Me acerqué a la puerta del baño y giré la perilla, esperando que ella no hubiese ehcado seguro: para mi suerte, estaba abierto.
Me deshice de mi ropa y entré a la ducha con ella. La abracé por la espalda, mientras ella dejaba sus manos sobre las mías. -Te estaba esperando, ¿por qué tardaste tanto?
-Tom vino a decirme algo.
-¿No puede vivir sin tí ni diez minutos? Creo que me pondré celosa.- sonreimos.
-Amor: tenemos trabajo.
-¿No habían terminado con eso?
-Hubo un error y tenemos que volver. Lo siento.
-No te disculpes, cielo. Ya habrá tiempo para nosotros.- se volvió a mí y me besó, tratando de tranquilizar mi espíritu un poco.
Tiempo... sabía que tiempo era lo que no teníamos... si es que era cierto que ya nada se podía hacer. Así que el enterarme de este "pequeño inconveniente" me molestaba demasiado.
Nos duchamos juntos, sin que pudiésemos resistrinos a acariciarnos y besarnos bajo el agua: me embelezaba el ver cómo las gotas bajaban por su cuerpo... pero la magia se desvanecía al recordar sus palabras. Ni su sonrisa más dulce me podía sacar ahora del dolor que empezaba a sentir.
Salimos ambos enredados en una toalla.
Mientras se vestía despacio (en contraste conmigo que me vestí a prisa), le dije que tenía que hablar a solas con Tom. -No te preocupes: no pienso bajar todavía. Quiero quedarme un poco a ver el cielo nublado desde la ventana.
-Nunca cambiarás, nena.- dije besando sus labios.
-No. Me gusta la melancolía que encierran los días como hoy.- respondió en una sonrisa y una mirada tranquila. A través de sus ojos me dí cuenta que eldecírmelo la libraba de un gran peso. Eso, en cierta manera, me alegraba.
Bajé directamente a la cocina, sin hacer escalas ésta vez en la sala. -Buenos días.- les saludé. AMbos estaban en silencio con un vaso de jugo de naranja en las manos.
-Hallo, Bill.- Cami estaba triste, como si sintiera lo que le pasaba a su hermana.
-¿Qué pasa, pequeña?
-Es mi hermana.
-Ella está bien.- me apareció un nudo en la garganta de inmediato. -No te preocupes.
-Es que ya no salimos a pasear como antes... ya ni siquiera hemos platicado. Ya no la conozco...
-Estará cansada.
-Tengo miedo de perderla, Bill.- su confeción me erió la piel. -Tengo miedo de que algo le pase y yo no sea capaz de verlo.
-Las cosas estan bien.- Maldición: me costaba tanto mentir...
-¡Cami!- afortunadamente, su hermana la llamó desde la habitación. Ella aendió la llamada de inmediato, dejandonos solos a mi y a Tom.
-Mientes.- mi gemelo se acercó, viéndome de manera severa.
-No sé a quéte refieres.
-Le mentiste. Algo pasa con tu novia... y es grave, ¿verdad?
-Eso no es cierto. Todo está bien.
-Sabes que puedes decirme. Despuésd e todo, a mí también me concierne.
-Todo está bien, en serio.
-Está bien, te creeré... por ahora.- salió también, dejándome con mis pensamientos... y mi culpa.
miércoles, 16 de marzo de 2011
lunes, 14 de marzo de 2011
Amargo Despertar
Bill:
Me tenía tan preocupado... no nos dijo a dónde había ido ni por qué había tardado tanto... siempre mantenía esa sonrisa en sus labios, ocultándome algo... escondiendo algo de todos nosotros... y que sólo su hermana parecía adivinar.
Pasaron los días y ella se mantenía activa, sonriente... y de buen humor... o eso aparentaba, pero su mirada permanecía melancólica.
No me atrevía a preguntarle la razón.Ésta vez decidí seguir el consejo de Yos y esperar que ella me dijera todo.
No tuve que esperar mucho.
Una tarde, Tom decidió llevar a Cami a conocer la ciudad... bajo la amenaza de que si la llevaba a algún hotel o la seducía o siquiera intentaba liguarsela, mi chica lo haría arrepentirse de por vida.
-Ya, Cris: no hagas drama. Sólo será un paseo.
-Más te vale, Tom.
-¿No crees que la proteges mucho?
-Cállate, Tomi.- le silenció con una sonrisa y se fueron.
-Eres toda una hermana sobreprotectora- la abracé.
-Lo sé. ¿Qié quieres que haga? Pata mí aún es mi bebé... mi pequeña princesa.- suspiró. alzó la mirada directamente a mi rostro. -Bill...
-¿Qué pasa?
-¿Sabías que te amo?- sonreí.
-¿Sabías que yo te amo mucho más?- la hice sonreir conmigo. Se veía hermoza sonriendo a la escasa luz del recinto.
-Bill...
-¿Qué?
-Ya llevamos dos meses...
-Casi tres.- le interrumpí besándola dulcemente.
-Casi tres...- completó sonriendo. -...y no hemos celebrado nada.
-¿Quieres celebrar los meses atrasados?
-Sería lindo.- ambos reímos un poco.
-¿Quieres salir a cenar?- pasé mis dedos por su rostro.
-Mejor que sea algo más... íntimo. ¿Sí?- mi sonrisa se amplió.
-¿Qué tienes en mente, amor?- supongo que mi mirada la intimidó, porque se puso un poco roja y bajó el rostro.
-Vamos, Bill, no me veas así que quizás no sea lo que estás pensando.
-Yo no he pensado nada. En éstos momentos tengo la mente ocupada...
-¿Ocupada por qué?- regresó su mirada a mi rostro.
-Porque tu imagen lo ocupa todo en mí.- sus ojos se cirstalizaron.
-Bill... eres un amor... ¿sabías?- me besó. -Esperaba que pudiéramos pasar la noche juntos... aprovechando que mi hermana y Tom llegarán tarde.
Le sonreí a manera de respuesta. La tomé de la mano y fuimos a nuestra habitación... la que se había convertido en nuestra habitación desde hacía algunos días.
La besé una vez más y bajé a la cocina, esperando que las botellas de champagne que había escondido de mi hermano sigvuieran en su lugar... afortunadamente seguían en su lugar.
Tomé una junto con un par de copas y regresé a la habitación. Cristal estaba de espaldas a mí, viendo la luna creciente con las manos entrelazadas sobre su pecho. Parecía como una doncella medieval encerrada en una torre... sobre todo por su cabello suelto a la altura de la espalda y ese vestido ligero color azul que se había puesto. O parecía eso o yo, en medio del amor que le tenía, ya estaba enloqueciendo y la veía como algo irreal... como mi ángel personal...
-¿Amor?- dejó la vista nocturna y volteó a verme con una sonrisa que iluminó su rostro. Alcé las copas y le invité a sentarce en el borde de la cama. Abrí la botella y serví un poco a ambos.
Me senté a sus pies, sobre un cojín en el suelo, bebiendo y admirando su rostro: parecía tan sereno...
-Amor... ¿sabes? Te agradezco todo.- me dijo jugueteando con la orilla de la copa. -No eres impaciente como el resto de los chicos...- la miré atento. -...podemos pasar la noche sólo abrazados, como hasta ahora... sin nada de más.
-No haré nada que no quieras, nena.
-Lo sé. Eres especial.- se agachó, para besarnos, dejando de lado las copas. -Es por eso que ésta noche quiero que sea diferente.- nos levantamos sin separar nuestros labios.
La tomé de la cintura y caímos delicadamente en la cama. -¿Estás egura?- dije colocando las manos a sus costados, viéndola fijamente: estaba un poco roja y se veía muy dulce.
-Quiero que ésta noche sea especial, amor.- sonrió.
Ya seguro de que era lo que quería, seguimos entre besos y caricias, hasta que la ropa empezó a desvanecerse en algún lugar de la habitación. Me detuve un momento para admirarla: se veía sumamente inocente y frágil, así que dentro de mí algo me hizo sentir culpable y con un poco de remordimiento. ¿quién era yo para invadir su cuerpo y violar su intimidad?
Ya tenía su consentimiento, sí; era lo que los dos deceábamos más que nada en el momento, pero aún así me sentía sin poder hacerlo.
-Amor.- se puso en cuclillas, acercándoce a mí. -¿Qué pasa?
-Yo... no sé.
Me besó, poniendo las manos sobre mi pecho. -No pasa nada... serás el primero en mi intimidad; el primero... y el único. ¿A qué le temes? Si tienes miedo de hacerme daño, ten por seguro que no lo harás. El amor nunca ha dañado a alguien cuando es correspondido.- poco a poco fue colocando sus manos en mi nuca, profundizando los besos; imponiéndome su ritmo y animándome a seguir.
¿Quién era yo para resistirme a ello? Era un simple muñeco de trapo ante sus caricias: me dejaba hacer... dejaba que ella me dejara bien claro lo que quería que hiciéramos... y fue hasta que cayó encima de mí que reaccioné y comencé a poner de mi parte, colocándola a ella, ahora, entre mis manos, bajo mis caricias y mis besos.
La noche pasó así: ambos envueltos en un ambiente de pasión; de amor... de deseos.
Ni siquiera nos dimos cuenta de a qué hora habían llegado los chicos.
La luz del sol nos despertó al cubrir nuestros rostros, pues habíamos olvidado cerrar las cortinas.
Giré a verla: estaba acostada muy cerca de mi pecho, con sus manos aferrando las sábanas y mirada triste.
-Buen día, amor.- traté de hacerla sonreír, pero fue inútil.
-Bill, tenemos que hablar.
-¿Qué pasa?
-¿Sabes por qué hicimos lo de anoche?- me quedé en silencio.
-Hay algo que...
-Te arrepientes de haberlo hecho.- dije decaído. -Sabía que no debí seguir...
-No es eso, tonto. Es otra cosa.
-Te escucho.
-Te amo, lo sabes, ¿verdad?- asentí. -Es que... es el acto mayor cuando amas a alguien... o eso creo. A parte de dar la vida por aquella persona que se convirtió en tu mundo.
-Me asustas, nena. ¿Qué pasa?- todo quedó en silencio unos momentos. -Si quieres regresar a casa, verémos qué podemos hacer. Si quieres que traigamos a Abii y a Yos, las traerémos; si hay algo que te haga falta... lo conseguiré. Aún si lo que quieres es el sol o la luna... veré al manera de conseguirlos sólo para tí... pero ya no estés triste.
-Bill...
-Si hay algo que te molesta, lo cambiaré. Si existe algo que te robe la alegría, lo terminaré con tal de verte sonrreir...
-Bill, escucha...
-Si lo que quieres es tiempo... aunque me duela, trataré de comprenderlo y te lo daré.
-...estoy muriendo.- sus manos apretaron aún más las sábanas al tiempo que mi cuerpo se erizaba.
-¿Qué?
-Muero, Bill... y es algo que no se puede evitar.- sentí una lágrima suya sobre mí.
-Deebs estar bromeando, nena.- dije nervioso y tenso.
-Ese día que llegué tarde... fui al médico.- alzó su rostro. -Llevaba un tiempo sintiéndome mal y too empeoró con la muerte de mi padre. Me hice unos estudios que enviaron aquella tarde por correo; fui a recogerlos y a ver a un doctor aquí para que los leyera y...- su voz comenzó a temblar, impidiéndole seguir.
-¿Cuánto tiempo?- me dolía enormemente, pero logré preguntarle.
-Poco. Lo siento.- Las lágirmas comenaron a salir de sus ojos mientras regresaba su cabeza a mi pecho. Yo traté de aguantar el llanto... pero un par d elágrimas rodaron por mi rostro.
Ya no dijimos nada. Sólo la abracé en el silencio de la habitación...
Me tenía tan preocupado... no nos dijo a dónde había ido ni por qué había tardado tanto... siempre mantenía esa sonrisa en sus labios, ocultándome algo... escondiendo algo de todos nosotros... y que sólo su hermana parecía adivinar.
Pasaron los días y ella se mantenía activa, sonriente... y de buen humor... o eso aparentaba, pero su mirada permanecía melancólica.
No me atrevía a preguntarle la razón.Ésta vez decidí seguir el consejo de Yos y esperar que ella me dijera todo.
No tuve que esperar mucho.
Una tarde, Tom decidió llevar a Cami a conocer la ciudad... bajo la amenaza de que si la llevaba a algún hotel o la seducía o siquiera intentaba liguarsela, mi chica lo haría arrepentirse de por vida.
-Ya, Cris: no hagas drama. Sólo será un paseo.
-Más te vale, Tom.
-¿No crees que la proteges mucho?
-Cállate, Tomi.- le silenció con una sonrisa y se fueron.
-Eres toda una hermana sobreprotectora- la abracé.
-Lo sé. ¿Qié quieres que haga? Pata mí aún es mi bebé... mi pequeña princesa.- suspiró. alzó la mirada directamente a mi rostro. -Bill...
-¿Qué pasa?
-¿Sabías que te amo?- sonreí.
-¿Sabías que yo te amo mucho más?- la hice sonreir conmigo. Se veía hermoza sonriendo a la escasa luz del recinto.
-Bill...
-¿Qué?
-Ya llevamos dos meses...
-Casi tres.- le interrumpí besándola dulcemente.
-Casi tres...- completó sonriendo. -...y no hemos celebrado nada.
-¿Quieres celebrar los meses atrasados?
-Sería lindo.- ambos reímos un poco.
-¿Quieres salir a cenar?- pasé mis dedos por su rostro.
-Mejor que sea algo más... íntimo. ¿Sí?- mi sonrisa se amplió.
-¿Qué tienes en mente, amor?- supongo que mi mirada la intimidó, porque se puso un poco roja y bajó el rostro.
-Vamos, Bill, no me veas así que quizás no sea lo que estás pensando.
-Yo no he pensado nada. En éstos momentos tengo la mente ocupada...
-¿Ocupada por qué?- regresó su mirada a mi rostro.
-Porque tu imagen lo ocupa todo en mí.- sus ojos se cirstalizaron.
-Bill... eres un amor... ¿sabías?- me besó. -Esperaba que pudiéramos pasar la noche juntos... aprovechando que mi hermana y Tom llegarán tarde.
Le sonreí a manera de respuesta. La tomé de la mano y fuimos a nuestra habitación... la que se había convertido en nuestra habitación desde hacía algunos días.
La besé una vez más y bajé a la cocina, esperando que las botellas de champagne que había escondido de mi hermano sigvuieran en su lugar... afortunadamente seguían en su lugar.
Tomé una junto con un par de copas y regresé a la habitación. Cristal estaba de espaldas a mí, viendo la luna creciente con las manos entrelazadas sobre su pecho. Parecía como una doncella medieval encerrada en una torre... sobre todo por su cabello suelto a la altura de la espalda y ese vestido ligero color azul que se había puesto. O parecía eso o yo, en medio del amor que le tenía, ya estaba enloqueciendo y la veía como algo irreal... como mi ángel personal...
-¿Amor?- dejó la vista nocturna y volteó a verme con una sonrisa que iluminó su rostro. Alcé las copas y le invité a sentarce en el borde de la cama. Abrí la botella y serví un poco a ambos.
Me senté a sus pies, sobre un cojín en el suelo, bebiendo y admirando su rostro: parecía tan sereno...
-Amor... ¿sabes? Te agradezco todo.- me dijo jugueteando con la orilla de la copa. -No eres impaciente como el resto de los chicos...- la miré atento. -...podemos pasar la noche sólo abrazados, como hasta ahora... sin nada de más.
-No haré nada que no quieras, nena.
-Lo sé. Eres especial.- se agachó, para besarnos, dejando de lado las copas. -Es por eso que ésta noche quiero que sea diferente.- nos levantamos sin separar nuestros labios.
La tomé de la cintura y caímos delicadamente en la cama. -¿Estás egura?- dije colocando las manos a sus costados, viéndola fijamente: estaba un poco roja y se veía muy dulce.
-Quiero que ésta noche sea especial, amor.- sonrió.
Ya seguro de que era lo que quería, seguimos entre besos y caricias, hasta que la ropa empezó a desvanecerse en algún lugar de la habitación. Me detuve un momento para admirarla: se veía sumamente inocente y frágil, así que dentro de mí algo me hizo sentir culpable y con un poco de remordimiento. ¿quién era yo para invadir su cuerpo y violar su intimidad?
Ya tenía su consentimiento, sí; era lo que los dos deceábamos más que nada en el momento, pero aún así me sentía sin poder hacerlo.
-Amor.- se puso en cuclillas, acercándoce a mí. -¿Qué pasa?
-Yo... no sé.
Me besó, poniendo las manos sobre mi pecho. -No pasa nada... serás el primero en mi intimidad; el primero... y el único. ¿A qué le temes? Si tienes miedo de hacerme daño, ten por seguro que no lo harás. El amor nunca ha dañado a alguien cuando es correspondido.- poco a poco fue colocando sus manos en mi nuca, profundizando los besos; imponiéndome su ritmo y animándome a seguir.
¿Quién era yo para resistirme a ello? Era un simple muñeco de trapo ante sus caricias: me dejaba hacer... dejaba que ella me dejara bien claro lo que quería que hiciéramos... y fue hasta que cayó encima de mí que reaccioné y comencé a poner de mi parte, colocándola a ella, ahora, entre mis manos, bajo mis caricias y mis besos.
La noche pasó así: ambos envueltos en un ambiente de pasión; de amor... de deseos.
Ni siquiera nos dimos cuenta de a qué hora habían llegado los chicos.
La luz del sol nos despertó al cubrir nuestros rostros, pues habíamos olvidado cerrar las cortinas.
Giré a verla: estaba acostada muy cerca de mi pecho, con sus manos aferrando las sábanas y mirada triste.
-Buen día, amor.- traté de hacerla sonreír, pero fue inútil.
-Bill, tenemos que hablar.
-¿Qué pasa?
-¿Sabes por qué hicimos lo de anoche?- me quedé en silencio.
-Hay algo que...
-Te arrepientes de haberlo hecho.- dije decaído. -Sabía que no debí seguir...
-No es eso, tonto. Es otra cosa.
-Te escucho.
-Te amo, lo sabes, ¿verdad?- asentí. -Es que... es el acto mayor cuando amas a alguien... o eso creo. A parte de dar la vida por aquella persona que se convirtió en tu mundo.
-Me asustas, nena. ¿Qué pasa?- todo quedó en silencio unos momentos. -Si quieres regresar a casa, verémos qué podemos hacer. Si quieres que traigamos a Abii y a Yos, las traerémos; si hay algo que te haga falta... lo conseguiré. Aún si lo que quieres es el sol o la luna... veré al manera de conseguirlos sólo para tí... pero ya no estés triste.
-Bill...
-Si hay algo que te molesta, lo cambiaré. Si existe algo que te robe la alegría, lo terminaré con tal de verte sonrreir...
-Bill, escucha...
-Si lo que quieres es tiempo... aunque me duela, trataré de comprenderlo y te lo daré.
-...estoy muriendo.- sus manos apretaron aún más las sábanas al tiempo que mi cuerpo se erizaba.
-¿Qué?
-Muero, Bill... y es algo que no se puede evitar.- sentí una lágrima suya sobre mí.
-Deebs estar bromeando, nena.- dije nervioso y tenso.
-Ese día que llegué tarde... fui al médico.- alzó su rostro. -Llevaba un tiempo sintiéndome mal y too empeoró con la muerte de mi padre. Me hice unos estudios que enviaron aquella tarde por correo; fui a recogerlos y a ver a un doctor aquí para que los leyera y...- su voz comenzó a temblar, impidiéndole seguir.
-¿Cuánto tiempo?- me dolía enormemente, pero logré preguntarle.
-Poco. Lo siento.- Las lágirmas comenaron a salir de sus ojos mientras regresaba su cabeza a mi pecho. Yo traté de aguantar el llanto... pero un par d elágrimas rodaron por mi rostro.
Ya no dijimos nada. Sólo la abracé en el silencio de la habitación...
lunes, 7 de marzo de 2011
Miedos
Cami:
Bill y Tom salieron temprano de casa. Raro porque cuando estaban con nosotras siempre se levantaban tarde, pero supongo que el compromiso que tienen con el trabajo es muy grande.
-Buen día, hermanita.- y ahora la que se levantaba tarde era Cristal. -¿Por qué hasta éstas horas?
-Ya, ya, que apenas son las... am... son como las 11, ¿que no?
-Nain. Ya son las 12:30. Tú siempre te levantas antes, ¿por qué ahora...?
-Tenía sueño, es todo.- se sirvió un poco de cereal.
-Que se me hace que estuviste haciendo cosas con Bill anoche.- le dije alzando una ceja.
-¿Cosas como qué, eh niña? ¿Qué cosas pervertidas pasan por la mente de mi hermanita?- dibujó una media sonrisa y golpeó un poco mi cabeza, a manera de juego.
-¿Pervertida yo? ¿Qué quieres ver? Tengo una buena maestra.- reí y le dí con el codo. Ambas reíamos. -Hace mucho que no te veía así.
-¿Así cómo?
-Felíz; sonriendo.- bajó la vista. -¿Qué tienes?
-Nada. Es sólo que todo ésto es... no sé. Extraño.
-La única extraña eres tú: se supone que deberías estar feliz por lo que tienes con Bill; porque los chicos nos han aceptado y nos cuidan y quieren mucho. ¿Por qué no estás feliz por eso?
-Ah, pequeña vampira...
-Hace mucho que no me decías así.- se acercó y me abrazó.
-...las cosas son complicadas y difíciles de explicar.
-Creo que las entenderé si me las dices. Aunque nunca has sido buena explicando, siempre termino entnediendo lo que quieres decirme.- sonrió de nuevo.
-Tienes razón, pero esta vez no te lo puedo decir.
-De acuerdo. Estaré aquí cuando quieras decírmelo.- noté que su sonrisa era más melancólica que feliz o tranquila. Definitivamente algo andaba mal con ella.
-Saldré un momento, ¿si?
-¿Puedo ir contigo? Hace mucho que no salimos juntas.
-Esta noche, lo prometo. Ahora tengo que ver unas cosas.
-¿No te perderás? Digo, somos nuevas aquí, no conocemos nada.
-No te preocupes, llevaré a alguien.- pasó su manos por entre mi cabello y regresó a su habitación.
Terminé mi desayuno y fui a la sala, a ver qué de bueno había en la tele... era una suerte que éste último año de colegio haya mejorado mis notas en alemán e inglés, sino, no hubiera entendido nada.
Cinco minutos después de haberme acomodado en el sillón y a ver encontrado algo "entretenido", Cris bajó a prisa. -Regreso pronto. Cami, por favor no vayas a destruir al casa, ¿quieres?
-Sabes que puedes confiar en mí.
-Sí, claro. Lo mismo dijiste la vez que papá y yo te dejamos sola unas horas y al regresar ya habías roto los cuadros y los floreros de la sala.
-No es mi culpa que se hayan metido en el camino de la pelota.
-Sí, ya sé: las cosas tienen la culpa. Son ellas las que se meten en tu camino, ¿no?
-Exactamente.- me reí. Se despidió entre risas y me dejó sola.
Bien... los chicos no regresarían hasta dentro de unas tres horas... quizás más, quizás menos; Cristal no sé cuánto tardaría... y yo, sola en la casa, sin nada qué hacer.
Me puse boca abajo en mi asiento, dándole mil vueltas a las opciones que tenía para ya no aburrirme viendo programas... no eran muchas mis opciones, pero igual les daba vueltas, hasta que me decidí ir de compras... o andar turisteando por ahí, aprovechando que las nubues ocultaban el sol.
Me arreglé un poco y salí aocmpañana de un guardaespaldas. -Me han encargado que no las deje solas.- dijo en cuanto subí a una camioneta negra.
Recorrimos varios parque y tiendas; compré un par de cosas para los chicos y mi hermana y unas cuantas más para mí. Sobre todo ropa negra: esa que mi padre tanto nos peleaba a Cris y a mí porque no le gustaba.
Llegamos faltando unos veinte minutos para las siete de la tarde. Los chicos ya estaban en casa: Tom sentado frente al televisor, hablando con su gemelo y él llendo de un lado al otro con el teléfono en la mano.
-Hallo, chicos.- Tom se puso de pie y me ayudó con las bolsas. -¿Qué pasa? ¿Por qué Bill está tan nervioso?
-Su novia no contesta el celular. Está preocupado.- ambos fuimos a pedirle que se tranquilizara. -Ya le dije que no ha de ser nada grave.
-Quizás sólo se le hizo tarde. Mi hermana es mala para tomar tiempo.
-No sé: siento que algo pasa.- se tomó la frente con una mano y suspiró. -¿Dijo a dónde iba?
-No. Sólo que tenía que arreglar unas cosas... y que en la noche saldríamos las dos juntas, como antes.- no pude evitar decir lo último en una sonrisa.
-Ok, entonces esperaré a que llegue.
Nos sentamos en la sala, viendo una película de terror; yo entre los dos, tratando de poner atención a la trama, pero nos era imposible, ya que estábamos al pendiente del reloj.
Las ocho... las nueve de la noche y ella no aparecía. Fue entonces que nos empezamos a tomar las cosas con seriedad.
Cristal gustaba de los paseos nocturnos, tanto como yo, pero el que anduviera sola... o casi sola por una ciudad que ella no conocía y con ese aire de melancolia me preocupaba.
Caminé hasta la ventana unas cinco ocaciones, para ver si podía verla llegar. -Ya vendrá en camino.- Tom me tomaba de los hombros, tratando de calmarme.
-Bill, ¿no has notado nada extraño en ella?- él estaba a mi lado, sentaod en una silla, atento a la puerta.
-Ha estado distante... y hace preguntas que no me dejan tranquilo.
-¿Preguntas como cuáles?
-Si nos haríamos cargo de tí... y otras cosas. Eso sobresaltó mi corazón.
Las diez... y por fin aparecía, con un gesto sereno. Los gemelos tal vez no se dieron cuenta de lo que había detrás de su mirada, pero yo pude ver que tenía miedo de algo...
¿Qué es lo que te pasa, hermana?
Bill y Tom salieron temprano de casa. Raro porque cuando estaban con nosotras siempre se levantaban tarde, pero supongo que el compromiso que tienen con el trabajo es muy grande.
-Buen día, hermanita.- y ahora la que se levantaba tarde era Cristal. -¿Por qué hasta éstas horas?
-Ya, ya, que apenas son las... am... son como las 11, ¿que no?
-Nain. Ya son las 12:30. Tú siempre te levantas antes, ¿por qué ahora...?
-Tenía sueño, es todo.- se sirvió un poco de cereal.
-Que se me hace que estuviste haciendo cosas con Bill anoche.- le dije alzando una ceja.
-¿Cosas como qué, eh niña? ¿Qué cosas pervertidas pasan por la mente de mi hermanita?- dibujó una media sonrisa y golpeó un poco mi cabeza, a manera de juego.
-¿Pervertida yo? ¿Qué quieres ver? Tengo una buena maestra.- reí y le dí con el codo. Ambas reíamos. -Hace mucho que no te veía así.
-¿Así cómo?
-Felíz; sonriendo.- bajó la vista. -¿Qué tienes?
-Nada. Es sólo que todo ésto es... no sé. Extraño.
-La única extraña eres tú: se supone que deberías estar feliz por lo que tienes con Bill; porque los chicos nos han aceptado y nos cuidan y quieren mucho. ¿Por qué no estás feliz por eso?
-Ah, pequeña vampira...
-Hace mucho que no me decías así.- se acercó y me abrazó.
-...las cosas son complicadas y difíciles de explicar.
-Creo que las entenderé si me las dices. Aunque nunca has sido buena explicando, siempre termino entnediendo lo que quieres decirme.- sonrió de nuevo.
-Tienes razón, pero esta vez no te lo puedo decir.
-De acuerdo. Estaré aquí cuando quieras decírmelo.- noté que su sonrisa era más melancólica que feliz o tranquila. Definitivamente algo andaba mal con ella.
-Saldré un momento, ¿si?
-¿Puedo ir contigo? Hace mucho que no salimos juntas.
-Esta noche, lo prometo. Ahora tengo que ver unas cosas.
-¿No te perderás? Digo, somos nuevas aquí, no conocemos nada.
-No te preocupes, llevaré a alguien.- pasó su manos por entre mi cabello y regresó a su habitación.
Terminé mi desayuno y fui a la sala, a ver qué de bueno había en la tele... era una suerte que éste último año de colegio haya mejorado mis notas en alemán e inglés, sino, no hubiera entendido nada.
Cinco minutos después de haberme acomodado en el sillón y a ver encontrado algo "entretenido", Cris bajó a prisa. -Regreso pronto. Cami, por favor no vayas a destruir al casa, ¿quieres?
-Sabes que puedes confiar en mí.
-Sí, claro. Lo mismo dijiste la vez que papá y yo te dejamos sola unas horas y al regresar ya habías roto los cuadros y los floreros de la sala.
-No es mi culpa que se hayan metido en el camino de la pelota.
-Sí, ya sé: las cosas tienen la culpa. Son ellas las que se meten en tu camino, ¿no?
-Exactamente.- me reí. Se despidió entre risas y me dejó sola.
Bien... los chicos no regresarían hasta dentro de unas tres horas... quizás más, quizás menos; Cristal no sé cuánto tardaría... y yo, sola en la casa, sin nada qué hacer.
Me puse boca abajo en mi asiento, dándole mil vueltas a las opciones que tenía para ya no aburrirme viendo programas... no eran muchas mis opciones, pero igual les daba vueltas, hasta que me decidí ir de compras... o andar turisteando por ahí, aprovechando que las nubues ocultaban el sol.
Me arreglé un poco y salí aocmpañana de un guardaespaldas. -Me han encargado que no las deje solas.- dijo en cuanto subí a una camioneta negra.
Recorrimos varios parque y tiendas; compré un par de cosas para los chicos y mi hermana y unas cuantas más para mí. Sobre todo ropa negra: esa que mi padre tanto nos peleaba a Cris y a mí porque no le gustaba.
Llegamos faltando unos veinte minutos para las siete de la tarde. Los chicos ya estaban en casa: Tom sentado frente al televisor, hablando con su gemelo y él llendo de un lado al otro con el teléfono en la mano.
-Hallo, chicos.- Tom se puso de pie y me ayudó con las bolsas. -¿Qué pasa? ¿Por qué Bill está tan nervioso?
-Su novia no contesta el celular. Está preocupado.- ambos fuimos a pedirle que se tranquilizara. -Ya le dije que no ha de ser nada grave.
-Quizás sólo se le hizo tarde. Mi hermana es mala para tomar tiempo.
-No sé: siento que algo pasa.- se tomó la frente con una mano y suspiró. -¿Dijo a dónde iba?
-No. Sólo que tenía que arreglar unas cosas... y que en la noche saldríamos las dos juntas, como antes.- no pude evitar decir lo último en una sonrisa.
-Ok, entonces esperaré a que llegue.
Nos sentamos en la sala, viendo una película de terror; yo entre los dos, tratando de poner atención a la trama, pero nos era imposible, ya que estábamos al pendiente del reloj.
Las ocho... las nueve de la noche y ella no aparecía. Fue entonces que nos empezamos a tomar las cosas con seriedad.
Cristal gustaba de los paseos nocturnos, tanto como yo, pero el que anduviera sola... o casi sola por una ciudad que ella no conocía y con ese aire de melancolia me preocupaba.
Caminé hasta la ventana unas cinco ocaciones, para ver si podía verla llegar. -Ya vendrá en camino.- Tom me tomaba de los hombros, tratando de calmarme.
-Bill, ¿no has notado nada extraño en ella?- él estaba a mi lado, sentaod en una silla, atento a la puerta.
-Ha estado distante... y hace preguntas que no me dejan tranquilo.
-¿Preguntas como cuáles?
-Si nos haríamos cargo de tí... y otras cosas. Eso sobresaltó mi corazón.
Las diez... y por fin aparecía, con un gesto sereno. Los gemelos tal vez no se dieron cuenta de lo que había detrás de su mirada, pero yo pude ver que tenía miedo de algo...
¿Qué es lo que te pasa, hermana?
jueves, 24 de febrero de 2011
Separación
Bill:
Antes de partir, llamé a Tom a parte. -¿En verdad crees que puedes ser novio de una niña?- le pregunté al ver cómo su relación con Abii se había hecho más cercana de lo que esperaba.
-No. Es algo menor que yo... no creo que podamos ser "novios oficiales".- dibujó una media sonrisa. -Pero es linda y la quiero, es todo.
-Y la besaste.
-¿Quién te lo ha dicho?
-Nadie: Cristal y yo los vimos. en un descuido de Cami, se besaron.
-Sólo fue uno chiquito, Bill. Eres demasiado dramático.- se giró. -Si le gusto y a mi no me incommoda, no le veo sentido para molestarce.
-¡Tom!- me hizo una seña con la mano, dándome a entender que le importaba un comino lo que le dijera.
-Ya está todo, amor.- las palabras de Cristal no me habían dejado dormir muy bien y me intrigaba la facilidad con la que escondía todo tras su sonrisa. -Yos y Abii nos acompañarán al aeropuerto.
-Bien, entonces vámonos.- tomé las maletas y subimos al taxi. Los chicos habían tomado la decición que Cami, su hermana y yo iríamos aparte.
-¿En serio no seremos un estorbo, Bill?- preguntó Cami viendo através de la ventanilla.
-Claro que no, linda.- sonreí, volteándo a ver instantáneamente a mi chica: su mirada seguía llena de melancolía, pero sus labios aún sostenían esa sonrisa con la que había despertado.
Salimos de los vehículosy caminamos hasta el interior. Abii iba tomada de la mano de Tom, platicando ambos con Yos; Cami volteaba a todos lados, como si estuviese buscando a alguien o algo.
-Extrañaré ésto.
-¿Qué?
-Ésto: las prisas; ver a la gente correr de un lado al otro.
-¿A tus amigas?.- le pregunté viendo que seguía buscando algo entre la multitud.
-Puedo estar en contacto con ellas por correo y eso... pero no será lo mismo.- de pronto, un pequeño grupo de chicas salió de no sé dónde y se abalanzaron encima de ella, ante la sonrisa de Cristal.
-¡Cami! ¿Pensabas irte sin decirnos?
-Mala. A puesto que lo hacía a propósito.
-¡No digan eso, chicas! Sabía que no se olvidarían de venir a despedirme.- habían terminado todas en el piso y por la manera en que hablaban, me dí cuenta que eran sus amigas... y que realmente la extrañarían.
Se estaban poniendo de pie, cuando una ola de periodistas se acercaron a nosotros: sus amigas se perdieron entre ellos... y Cami hubiera terminado igual de no haber sido porque mi hermano reaccionó de manera rápida y la tomó de la mano.
Un par de agentes de seguridad del aeropuerto se abrieron paso entre ellos, conduciéndonos a un lugar apartado. Cami pedía que dejaran pasar a sus amigas, pero ya se habían perdido entre ellos.
-Quiero regresar con ellas.- puso cara triste.
-Verás que ya podrás tener tiempo con ellas, lo prometo, hermanita.- se abrazaron. Cinco minutos después ya estaban a nunciando la partida d enuestro vuelo.
-Te voy a extrañar, Tomi.- mi hermano se despidió de su pequeña "novia" con un abrazo y un beso en la mejilla. Ella y Yos estaban a punto de llorar por la despedida.
-Estarán con nosotros antes de que puedan extrañarnos.- tratamos de hacerlas sonreir.
-Mentirosos.- una lágrima escapó de los ojos de Abii. -Todavía no se van y ya los extraño.
-Volveremos, ¿si?- Cristal se despidió de la misma manera. -Es una promesa y sabes que...
-Las promesas son sagradas. No se rompen... nunca.- completó la pequeña con una sonrisa.
-Bein dicho. Yos, cuida mucho de ella, ¿si? y lamento dejarte sola con la tienda...
-Deja ya de preocuparte por eso, ¿quieres? El trabajo no me matará.- comenzó la repartición de besos y abrazos nuevamente, hasta que nos alejamos de ellas.
En el avión, Tom se sentó al lado de Cami; quien, a pesar de no haberce podido despedir como quisiera de sus amigas, platicaba animadamente con él.
-Verás que Alemania les gustará.- Cristal no había despegado al mirada de la ventanilla. No quería encontrarce con mis ojos. -Se la pasarán genial... aunque no podamos estar tanto tiempo con ustedes como quisiéramos.
-Por eso no te preocupes: terminen sus trabajos, nosotras estaremos bien. Los esperaremos.
-Cuando quieras hablar, aquí estaré.- la abracé, sintiéndola temblar entre mis brazos.
Al llegar, David, Nathaly, los chicos y el resto de los chicos nos estaban esperando. Nos recibieron co los brazos abiertos y nbos condujeron a casa, preguntándonos cómo se nos había ocurrido desaparecer así de un día al otro; si habíamos disfrutado nuestras vacaciones auto impuestas... y cosas así.
-Lamento lo de su padre.- mencionó David, viédnolas fijamente. Ninguna de las dos se mostró tan dolida por el recuerdo.
-Gracias, David. Es triste, pero creo que lo hemos superado.- Cami abrazó a su hermana. Ella colocó la mano sobre su cabeza, con la mirada perdida.
Su actitud no era normal; algo andaba mal, en definitiva... Lo que más me dolía era que sus pensamientos estaban totalmente cerrados a todo mundo... ¿Qué podía hacer para llegar a ella?
-Espero se queden mucho tiempo: a los gemelos se les ilumina el rostro cuando estan con ustedes.- Georg iba de salida.
-Se divertirán... aunque ellos no estén.- Igual que Gustav.
Uno a uno se fueron retirando, dejándonos solos al anochecer. -Si me premite, señorita...- Tom tomó la mano de Cami de manera caballerosa. -...le mostraré su habitación.
-Más te vale que no intentes nada con mi hermanita, Tom.- dijo entre risas.
-Sólo le mostraré su cuarto. Lo juro.
-Está bien.- se perdieron escaleras arriba.
-¿Y yo, amor? ¿Dormiré contigo?
-Si quieres...- la tomé por detrás, de la cintura. -¿Quieres ir de una vez?- besé su cuello. Se estremeció una vez más, sin responder. -Anda, vamos arriba.
-Bill... ¿regresarán mañana a las grabaciones?
-Sí.- suspiré. -Las dejaremos solas la mayor parte del día... lo siento.
-No hay problema. Saldré un rato mañana, ¿si? Quiero conocer los alrrededores. Quizás vayamos al parque... o de compras.
-Claro. Pero lleven guardaespaldas, ¿si?
-¿A qué le temes?
-Que me roben mis joyas.- colocó sus manos sobre las mías. -Ustedes son un gran tesoro que no quiero perder.
-No nos pasará nada, amor. Confía.- El tic-tac del reloj inundaba la sala, mientras veíamos la luna tras el ventanal.
Antes de partir, llamé a Tom a parte. -¿En verdad crees que puedes ser novio de una niña?- le pregunté al ver cómo su relación con Abii se había hecho más cercana de lo que esperaba.
-No. Es algo menor que yo... no creo que podamos ser "novios oficiales".- dibujó una media sonrisa. -Pero es linda y la quiero, es todo.
-Y la besaste.
-¿Quién te lo ha dicho?
-Nadie: Cristal y yo los vimos. en un descuido de Cami, se besaron.
-Sólo fue uno chiquito, Bill. Eres demasiado dramático.- se giró. -Si le gusto y a mi no me incommoda, no le veo sentido para molestarce.
-¡Tom!- me hizo una seña con la mano, dándome a entender que le importaba un comino lo que le dijera.
-Ya está todo, amor.- las palabras de Cristal no me habían dejado dormir muy bien y me intrigaba la facilidad con la que escondía todo tras su sonrisa. -Yos y Abii nos acompañarán al aeropuerto.
-Bien, entonces vámonos.- tomé las maletas y subimos al taxi. Los chicos habían tomado la decición que Cami, su hermana y yo iríamos aparte.
-¿En serio no seremos un estorbo, Bill?- preguntó Cami viendo através de la ventanilla.
-Claro que no, linda.- sonreí, volteándo a ver instantáneamente a mi chica: su mirada seguía llena de melancolía, pero sus labios aún sostenían esa sonrisa con la que había despertado.
Salimos de los vehículosy caminamos hasta el interior. Abii iba tomada de la mano de Tom, platicando ambos con Yos; Cami volteaba a todos lados, como si estuviese buscando a alguien o algo.
-Extrañaré ésto.
-¿Qué?
-Ésto: las prisas; ver a la gente correr de un lado al otro.
-¿A tus amigas?.- le pregunté viendo que seguía buscando algo entre la multitud.
-Puedo estar en contacto con ellas por correo y eso... pero no será lo mismo.- de pronto, un pequeño grupo de chicas salió de no sé dónde y se abalanzaron encima de ella, ante la sonrisa de Cristal.
-¡Cami! ¿Pensabas irte sin decirnos?
-Mala. A puesto que lo hacía a propósito.
-¡No digan eso, chicas! Sabía que no se olvidarían de venir a despedirme.- habían terminado todas en el piso y por la manera en que hablaban, me dí cuenta que eran sus amigas... y que realmente la extrañarían.
Se estaban poniendo de pie, cuando una ola de periodistas se acercaron a nosotros: sus amigas se perdieron entre ellos... y Cami hubiera terminado igual de no haber sido porque mi hermano reaccionó de manera rápida y la tomó de la mano.
Un par de agentes de seguridad del aeropuerto se abrieron paso entre ellos, conduciéndonos a un lugar apartado. Cami pedía que dejaran pasar a sus amigas, pero ya se habían perdido entre ellos.
-Quiero regresar con ellas.- puso cara triste.
-Verás que ya podrás tener tiempo con ellas, lo prometo, hermanita.- se abrazaron. Cinco minutos después ya estaban a nunciando la partida d enuestro vuelo.
-Te voy a extrañar, Tomi.- mi hermano se despidió de su pequeña "novia" con un abrazo y un beso en la mejilla. Ella y Yos estaban a punto de llorar por la despedida.
-Estarán con nosotros antes de que puedan extrañarnos.- tratamos de hacerlas sonreir.
-Mentirosos.- una lágrima escapó de los ojos de Abii. -Todavía no se van y ya los extraño.
-Volveremos, ¿si?- Cristal se despidió de la misma manera. -Es una promesa y sabes que...
-Las promesas son sagradas. No se rompen... nunca.- completó la pequeña con una sonrisa.
-Bein dicho. Yos, cuida mucho de ella, ¿si? y lamento dejarte sola con la tienda...
-Deja ya de preocuparte por eso, ¿quieres? El trabajo no me matará.- comenzó la repartición de besos y abrazos nuevamente, hasta que nos alejamos de ellas.
En el avión, Tom se sentó al lado de Cami; quien, a pesar de no haberce podido despedir como quisiera de sus amigas, platicaba animadamente con él.
-Verás que Alemania les gustará.- Cristal no había despegado al mirada de la ventanilla. No quería encontrarce con mis ojos. -Se la pasarán genial... aunque no podamos estar tanto tiempo con ustedes como quisiéramos.
-Por eso no te preocupes: terminen sus trabajos, nosotras estaremos bien. Los esperaremos.
-Cuando quieras hablar, aquí estaré.- la abracé, sintiéndola temblar entre mis brazos.
Al llegar, David, Nathaly, los chicos y el resto de los chicos nos estaban esperando. Nos recibieron co los brazos abiertos y nbos condujeron a casa, preguntándonos cómo se nos había ocurrido desaparecer así de un día al otro; si habíamos disfrutado nuestras vacaciones auto impuestas... y cosas así.
-Lamento lo de su padre.- mencionó David, viédnolas fijamente. Ninguna de las dos se mostró tan dolida por el recuerdo.
-Gracias, David. Es triste, pero creo que lo hemos superado.- Cami abrazó a su hermana. Ella colocó la mano sobre su cabeza, con la mirada perdida.
Su actitud no era normal; algo andaba mal, en definitiva... Lo que más me dolía era que sus pensamientos estaban totalmente cerrados a todo mundo... ¿Qué podía hacer para llegar a ella?
-Espero se queden mucho tiempo: a los gemelos se les ilumina el rostro cuando estan con ustedes.- Georg iba de salida.
-Se divertirán... aunque ellos no estén.- Igual que Gustav.
Uno a uno se fueron retirando, dejándonos solos al anochecer. -Si me premite, señorita...- Tom tomó la mano de Cami de manera caballerosa. -...le mostraré su habitación.
-Más te vale que no intentes nada con mi hermanita, Tom.- dijo entre risas.
-Sólo le mostraré su cuarto. Lo juro.
-Está bien.- se perdieron escaleras arriba.
-¿Y yo, amor? ¿Dormiré contigo?
-Si quieres...- la tomé por detrás, de la cintura. -¿Quieres ir de una vez?- besé su cuello. Se estremeció una vez más, sin responder. -Anda, vamos arriba.
-Bill... ¿regresarán mañana a las grabaciones?
-Sí.- suspiré. -Las dejaremos solas la mayor parte del día... lo siento.
-No hay problema. Saldré un rato mañana, ¿si? Quiero conocer los alrrededores. Quizás vayamos al parque... o de compras.
-Claro. Pero lleven guardaespaldas, ¿si?
-¿A qué le temes?
-Que me roben mis joyas.- colocó sus manos sobre las mías. -Ustedes son un gran tesoro que no quiero perder.
-No nos pasará nada, amor. Confía.- El tic-tac del reloj inundaba la sala, mientras veíamos la luna tras el ventanal.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Temores
Cristal:
Pasó una semana. Bill se mantenía más cerca de mí que al principio... me parece que le preocupaba el que no pudiera superar la muerte de papá, pero eso, para mí, ya había quedado donde tenía que estar: en le pasado. Lo que me preocupaba era otra cosa... que no podía decirle a nadie, hasta confirmar o desmentir mis sospechas.
Abii se había quedado todos éstos días con nosotros. Según ella y su padre, porque quería aprovecharnos la máximo hasta nuestra partida, pero para mí que sólo quería estar cerca de Tom.
-¡Bill!- desde la tarde-noche del beso con el chico de trenzas, Bill se había mantenido tan cerca de ellos como de mí. -¡Bill!- Abii no sospechaba por qué, y le agradaba la idea de que mi chico se hubiera decidido a "jugar" con ellos. -¡Eso no se vale!
-Sí, hermanito... eres un tramposo.- Tom cruzaba los brazos, viendo cómo la pequeña trataba de alcanzar una banda que le había regalado recién. -Dásela.
-Si la alcanza, sí.
-No te aproveches de tu estatura, Billi.- Inclusive Yos había optado por cerrar la tienda algunos días para estar con nocotros. -Dásela ya.
-Que la alcance.- Bill se reía de los intentos de Abii por alcanzar la banda y que los demás sólo dedicaban a observar, sin ayudarla
Terminé de preparar el almuerzo, junto con mi hermana, y nos acercamos a ellos. -¡Bill, dásela ya!- Cami intercedía por ella, pero igual no la ayudaba. De haberce unido todos contra él, se la hubieran arrebatado desde hace horas.
Me le acerqué y, colocando las manos sobre su pecho, lo distraje, haciendo que baja la mano y quitándole la cinta. -¿No te parece que eres muy curel con ella, amor?- le dí su regalo a la pequeña, quien lo tomó gustosa y se la coloó en seguida a manera de diadema.
Bill me sujetó por la cintura. -Eso fue trampa, ¿sabes?
-¿Ah, sí?
-Sí: tú no jugabas.- me besó. -Ella tenía que alcansarla sin ayuda.
-Nunca escuché esa regla.- le devolví el beso.
-Bueno ya, tórtolos.- Cami se interponía entre nosotros. -Ya hay que comer.
-¿Se puede saber qué cocinó la chef?- preguntó Tom a mi hermana.
-Pasta.- repsondió gustosa. -Vengan: les gustará.
Nos sentamos a la mesa. Comimos en silencio... a excepción de Abii y Tom que no podían dejar de jugar o de hacer comentarios de todo tipo, con lo que nos hacían reir a menudo. Supongo que de no haber sido por ellos, las cosas estarían sumamente aburridas en casa.
-¿Ya tienen fecha para el viaje?- Yos preguntó llevándose un poco de pasta a la boca.
-Sí: nos iremos mañana.- Abii, Yos y Tom casi escupen el bocado.
-¡¿Cómo que mañana nos vamos?!- preguntó girándoce a su gemelo. -¡¿Por qué no me dijiste antes, Bill?!
-Porque estabas tan oupado con tu "noviecita" que de seguro no me hibas a hacer caso.
-Pero... pero... pero... ¡Es muy pronto!
-Llevamos dos semanas aquí, ¿no crees que tenemos muy abando el trabajo y a los chicos?- Bill dejó de lado su plato, y si no hubiésemos estado Abii y yo de por medio, seguro hubieran iniciado un pleito por la tontería de si quedarce o no.
-¡Bueno, ya!- Creo que habían fastidiado a Yos. -¿Por qué tan pronto?
-Los chicos tienen que regresar a las grabaciones. De lo contrario odiarán más a mi hermana.- Respondió Cami con toda la calma del mundo.
-¿Odiarla, por qué?
-Hay, chicos: son muy inocentes. ¿No han visto las páginas, los blogs y esas cosas?
-Sabes que no nos mezclamos con eso.- respondieron al mismo tiempo.
-Pues deberían: por todos lados andan diciendo cosas de Cris y de mí, porque ella es tu novia y eso me pone demasiado cerca de ustedes. Sus fans se ponen celosas.
-Lo aceptarán con el tiempo.- Bill me abrazó. -Ya verás.
-Lo sé, pero... las palabras duelen, Bill.- sabía que le dolían tanto como a mí, pero aparentaba bastante bien. Esa era una de las cosas que le envidiaba a mi querida hermana: su fortaleza.
-Regresando al tema...- Tom se acercó un poco más a nosotros. -¿No podemos posponer el regreso hasta dentro de unos tres días?
-uano David llamó dijimos que sólo sería una semana a más tardar... tenemos de retraso una semana, Tom. Tenemos que regresar.
-No quiero que se vayan.- Abii se giró a nosotros. -No quiero que me dejen sola.
-Te quedarás con Yos.- pasé mi mano por su rostro.
-Sabes que no es muy divertido estar conmigo.- Me dijo en una sonrisa.
-Se divertirán sin nosotros.
-No quiero que se vayan...- se aferró a mi brazo.
-Las vendremos a visitar...
-Sería más fácil mandar por ellas y que vayan de visita.- la opción de Tom parecía buena.
-¿En serio nos aceptarías, Tomi?
-A tí, ¡claro que sí! Podemos mandar a Yos con Gustav... tiene muchas ganas de volverla a ver.- Yos se sonrrojó y sonrió tímidamente.
-Eso suena buien.- sonreí.
Terminamos la plática. Yos se quedó a dormir en mi habitación, junto con las chicas; Tom se quedó en la habitación de Cami y Bill y yo en la que fue de mi padre.
-Bill...- acostados en la cama, el uno junto al otro, con mi cabeza sobre su pecho, escuchando el latir de su corazón... y tratando de no pensar en nada, intenté decirle de mis sospechas. -...hay algo que...
-¿Me dirás lo que te pasa ahora sí?- su mano se paseaba por entre mi cabello.
-Yo... te preguntaré algo.
-Lo que sea.
-Si de pronto algo nos separara... ¿te olvidarías d emí y buscarías a otra?- dejó de pasar sus dedos por mi cabeza.
-¿Por qué lo preguntas?
-Nada más... curiosidad.
-¿Tengo que responder ahora?
-Si no quieres, no. Pero me gustaría que respondieras...
-Nunca podría olvidarme de tí, nena. Eres mi todo... si el destino nos llegara a separar, no buscaría a otra... nunca. El amor verdadero se conoce una sola vez; sólo existe un alma gemela para cada uno de nosotros... no puedes encontrar a alguien parecido al que fue tu único amor... preferiría pasar los días recordándote a intentar encontrarte en alguien más.
-Entonces harías mal.- me enderecé un poco para verlo de frente. -No me gustaría saber que te quedarías solo en caso de ya no tenerme.
-Me preocupas, amor, ¿por qué la pregunta?
-Curiosidad, en serio. Es todo.- volví a acomodarme sobre su pecho, abrazándolo fuertemente hasta quedarme dormida.
"Lo siento, Bill. Pero en caso de que mis temores sean ciertos, no quiero que te quedes solo..."
Pasó una semana. Bill se mantenía más cerca de mí que al principio... me parece que le preocupaba el que no pudiera superar la muerte de papá, pero eso, para mí, ya había quedado donde tenía que estar: en le pasado. Lo que me preocupaba era otra cosa... que no podía decirle a nadie, hasta confirmar o desmentir mis sospechas.
Abii se había quedado todos éstos días con nosotros. Según ella y su padre, porque quería aprovecharnos la máximo hasta nuestra partida, pero para mí que sólo quería estar cerca de Tom.
-¡Bill!- desde la tarde-noche del beso con el chico de trenzas, Bill se había mantenido tan cerca de ellos como de mí. -¡Bill!- Abii no sospechaba por qué, y le agradaba la idea de que mi chico se hubiera decidido a "jugar" con ellos. -¡Eso no se vale!
-Sí, hermanito... eres un tramposo.- Tom cruzaba los brazos, viendo cómo la pequeña trataba de alcanzar una banda que le había regalado recién. -Dásela.
-Si la alcanza, sí.
-No te aproveches de tu estatura, Billi.- Inclusive Yos había optado por cerrar la tienda algunos días para estar con nocotros. -Dásela ya.
-Que la alcance.- Bill se reía de los intentos de Abii por alcanzar la banda y que los demás sólo dedicaban a observar, sin ayudarla
Terminé de preparar el almuerzo, junto con mi hermana, y nos acercamos a ellos. -¡Bill, dásela ya!- Cami intercedía por ella, pero igual no la ayudaba. De haberce unido todos contra él, se la hubieran arrebatado desde hace horas.
Me le acerqué y, colocando las manos sobre su pecho, lo distraje, haciendo que baja la mano y quitándole la cinta. -¿No te parece que eres muy curel con ella, amor?- le dí su regalo a la pequeña, quien lo tomó gustosa y se la coloó en seguida a manera de diadema.
Bill me sujetó por la cintura. -Eso fue trampa, ¿sabes?
-¿Ah, sí?
-Sí: tú no jugabas.- me besó. -Ella tenía que alcansarla sin ayuda.
-Nunca escuché esa regla.- le devolví el beso.
-Bueno ya, tórtolos.- Cami se interponía entre nosotros. -Ya hay que comer.
-¿Se puede saber qué cocinó la chef?- preguntó Tom a mi hermana.
-Pasta.- repsondió gustosa. -Vengan: les gustará.
Nos sentamos a la mesa. Comimos en silencio... a excepción de Abii y Tom que no podían dejar de jugar o de hacer comentarios de todo tipo, con lo que nos hacían reir a menudo. Supongo que de no haber sido por ellos, las cosas estarían sumamente aburridas en casa.
-¿Ya tienen fecha para el viaje?- Yos preguntó llevándose un poco de pasta a la boca.
-Sí: nos iremos mañana.- Abii, Yos y Tom casi escupen el bocado.
-¡¿Cómo que mañana nos vamos?!- preguntó girándoce a su gemelo. -¡¿Por qué no me dijiste antes, Bill?!
-Porque estabas tan oupado con tu "noviecita" que de seguro no me hibas a hacer caso.
-Pero... pero... pero... ¡Es muy pronto!
-Llevamos dos semanas aquí, ¿no crees que tenemos muy abando el trabajo y a los chicos?- Bill dejó de lado su plato, y si no hubiésemos estado Abii y yo de por medio, seguro hubieran iniciado un pleito por la tontería de si quedarce o no.
-¡Bueno, ya!- Creo que habían fastidiado a Yos. -¿Por qué tan pronto?
-Los chicos tienen que regresar a las grabaciones. De lo contrario odiarán más a mi hermana.- Respondió Cami con toda la calma del mundo.
-¿Odiarla, por qué?
-Hay, chicos: son muy inocentes. ¿No han visto las páginas, los blogs y esas cosas?
-Sabes que no nos mezclamos con eso.- respondieron al mismo tiempo.
-Pues deberían: por todos lados andan diciendo cosas de Cris y de mí, porque ella es tu novia y eso me pone demasiado cerca de ustedes. Sus fans se ponen celosas.
-Lo aceptarán con el tiempo.- Bill me abrazó. -Ya verás.
-Lo sé, pero... las palabras duelen, Bill.- sabía que le dolían tanto como a mí, pero aparentaba bastante bien. Esa era una de las cosas que le envidiaba a mi querida hermana: su fortaleza.
-Regresando al tema...- Tom se acercó un poco más a nosotros. -¿No podemos posponer el regreso hasta dentro de unos tres días?
-uano David llamó dijimos que sólo sería una semana a más tardar... tenemos de retraso una semana, Tom. Tenemos que regresar.
-No quiero que se vayan.- Abii se giró a nosotros. -No quiero que me dejen sola.
-Te quedarás con Yos.- pasé mi mano por su rostro.
-Sabes que no es muy divertido estar conmigo.- Me dijo en una sonrisa.
-Se divertirán sin nosotros.
-No quiero que se vayan...- se aferró a mi brazo.
-Las vendremos a visitar...
-Sería más fácil mandar por ellas y que vayan de visita.- la opción de Tom parecía buena.
-¿En serio nos aceptarías, Tomi?
-A tí, ¡claro que sí! Podemos mandar a Yos con Gustav... tiene muchas ganas de volverla a ver.- Yos se sonrrojó y sonrió tímidamente.
-Eso suena buien.- sonreí.
Terminamos la plática. Yos se quedó a dormir en mi habitación, junto con las chicas; Tom se quedó en la habitación de Cami y Bill y yo en la que fue de mi padre.
-Bill...- acostados en la cama, el uno junto al otro, con mi cabeza sobre su pecho, escuchando el latir de su corazón... y tratando de no pensar en nada, intenté decirle de mis sospechas. -...hay algo que...
-¿Me dirás lo que te pasa ahora sí?- su mano se paseaba por entre mi cabello.
-Yo... te preguntaré algo.
-Lo que sea.
-Si de pronto algo nos separara... ¿te olvidarías d emí y buscarías a otra?- dejó de pasar sus dedos por mi cabeza.
-¿Por qué lo preguntas?
-Nada más... curiosidad.
-¿Tengo que responder ahora?
-Si no quieres, no. Pero me gustaría que respondieras...
-Nunca podría olvidarme de tí, nena. Eres mi todo... si el destino nos llegara a separar, no buscaría a otra... nunca. El amor verdadero se conoce una sola vez; sólo existe un alma gemela para cada uno de nosotros... no puedes encontrar a alguien parecido al que fue tu único amor... preferiría pasar los días recordándote a intentar encontrarte en alguien más.
-Entonces harías mal.- me enderecé un poco para verlo de frente. -No me gustaría saber que te quedarías solo en caso de ya no tenerme.
-Me preocupas, amor, ¿por qué la pregunta?
-Curiosidad, en serio. Es todo.- volví a acomodarme sobre su pecho, abrazándolo fuertemente hasta quedarme dormida.
"Lo siento, Bill. Pero en caso de que mis temores sean ciertos, no quiero que te quedes solo..."
lunes, 21 de febrero de 2011
Tom y Abii
Bill:
Pasaron los días y las cosas seguían bien... dentro de lo normal. Por lo menos Cami asimilaba la muerte de su padre mejor que Cristal. Había algo en ella que me preocupaba y no me atrevía a preguntar.
-¡Tom!- Abii se colgaba, como siempre, de mi hermano. Se les veía felices... y a mí me había cambiado por completo por una niña. -¿Iremos a casa de las chicas?
-Así es, pequeña.- Yos también precentía que algo andaba mal con ella, pero ya me había dicho que sería mejor dejarla así. "A veces se siente mejor cvuadno está sola. Quizás ésta vez sea una de esas. Cuadno se sienta bien, nos lo contará."
-¡Abii!- Cami la tomó de la mano y ambas se perdieron en el centro comercial. Cristal regresaba de una tienda de antigüedades.
-¿No te basta con el trabajo en la tienda?- le preguntó Yos divertida.
-Me gustó ésto.- dijo mostrándonos una muñeca de porcelana; de facciones tan finas como las de ella y su hermana. -¿A poco no está linda?
-Tanto como tú.- le dije atrayéndola a mí y besando sus labios.
-¡Ea, Bill!- Tom casi metió las manos entre nosotros para separarnos. -¿No dijiste que te ibas a abstenerte de hacerlo para no salir de nuevo como página principal?
-Lo siento, lo siento.- le dibujé un gesto de enfado.
-Vayamos a casa.- sugirió Cristal al mismo tiempo que Yos, sonrientes las dos. -Primero tenemos que encintrar a las niñas...
-¡Aquí estamos!- ambas chicas llegaron con unos helados enormes. -¿Quieren?
-Sabes que sí.- repartieron sus helados... a escepción de mí. a manera de reclamo les pedí que me dieran uno, pero todo lo que recibí a cambio fue un "compártelo con tu novia." Cristal se sonrrojó.
Llegamos a eso de las siete a su casa. Yos se disculpó, diciendo que tenía que abrir la tienda más temprano de lo normal, ya que un importante empresario quería adquirir algunas cosas para la recepción de su empresa.
-Entonces nos vemos mañana, Yos.- mi chica se despidió de ella con un beso en la mejilla.
-Ah, no. Tú te quedas aquí con tu novio, con tu cuñado, con tu hermana y con la pequeña sanguijuela que se la pasa pegada a él.
-¡¡¡Buuuuuuuuuuuuuu!!! Yo no soy ninguna sanguijuela.- Abii se defendía sacando la lengua... tan infantil...
-No, no es una sanguijuela: es una mostruo que vive debajo de las camas.- rió Tom, comenzando una nueva pelea entre ellos.
-¿No necestarás ayuda?
-Estaré bien, no te preocupes. Además, tienes que terminar de arreglar todo para su viaje. ¡Adiós chicos!
Se fue.
-Ahora, Cris... tenemos que hablar.- dije aprovechando que mi hermano había distraído a las chicas con sus estúpidos jueguitos.
-Sí, claro, amor.- nos sentamos en el sofá. -¿Qué pasa?
-Te he notado extraña...- estaba rompiendo las palabras de Yos. "esperar a que se decidiera a decir lo que estaba mal" no era de mi agrado. Si había algo mal con ella, quería saberlo. -...como distante. ¿Qué tienes?
-Nada.- un "nada" ya sabía que significaba que quizás le pasaban mil cosas pero no estaba lista para decirlas, y no me importó. Quería saber a toda costa lo que andaba mal y ayudarla. -Dime, anda.
-No pasa nada, Bill. en serio.- creo que notó en seguida mi gesto de incredulidad. Se recargó en mi pecho. -Me preocupa mi hermana.
-No tendrías por qué. Ella está bien. Lo ha asimilado bastante bien y...
-Escucha, Bill.- tomó mi playera entre sus manos, apretándola un poco. -¿Puedo pedirte algo?
-Lo que quieras.
-Prométeme que la cuidarán bien, ¿si?
-Sabes que sí. ¿Por qué?
-Nada más. Quiero tener la seguridad que habrá alguien que se preocupe por ella.
-Sabes que Tom y yo cuidaremos de las dos... incluyendo a esa niña por la que me ha cambiado.- traté de hacerla sonreir, pero ese "algo" que le pasaba no la ejaba. Tomé su rostro con mis manos y lo alcé para verla mejor: sus ojos tenían una melancolía muy grande. -Nena: jamás... jamás las dejaremos. Contarán con nostros para lo que sea, cuando sea.
-Gracias, amor.- nos besamos. -Como que ya hace hambre, ¿no?- hizo un intento de sonrisa. -¿Me ayudarás con la cena?
-¡Claro!- me tomó de la mano y fuimos directo a la cocina. Cristal se detuvo a la entrada, lanzando la mirada al interior. -¿Qué pasa?- con una seña me dijo que guardara silencio y me asomara discretamente.
Tom estaba frrente a Abii, ambos viéndose de una manera tan tierna...
-Anda, Tom. Uno pequeño.
-¿Pequeño? ¿Segura?- ella asintió. -Cierra los ojos.- y Abii obedeció.
Tom se acercó a ella despacio y la besó.
-Tom...- estaba por escaárceme un gritito, peor Cristal me detuvo.
-Déjalos, se ven lindos.
-Es una niña.
-No hagas drama, Bill. Es lo que Abii ha soñado desde no sé cuando. Deja que disfrute...
Pasaron los días y las cosas seguían bien... dentro de lo normal. Por lo menos Cami asimilaba la muerte de su padre mejor que Cristal. Había algo en ella que me preocupaba y no me atrevía a preguntar.
-¡Tom!- Abii se colgaba, como siempre, de mi hermano. Se les veía felices... y a mí me había cambiado por completo por una niña. -¿Iremos a casa de las chicas?
-Así es, pequeña.- Yos también precentía que algo andaba mal con ella, pero ya me había dicho que sería mejor dejarla así. "A veces se siente mejor cvuadno está sola. Quizás ésta vez sea una de esas. Cuadno se sienta bien, nos lo contará."
-¡Abii!- Cami la tomó de la mano y ambas se perdieron en el centro comercial. Cristal regresaba de una tienda de antigüedades.
-¿No te basta con el trabajo en la tienda?- le preguntó Yos divertida.
-Me gustó ésto.- dijo mostrándonos una muñeca de porcelana; de facciones tan finas como las de ella y su hermana. -¿A poco no está linda?
-Tanto como tú.- le dije atrayéndola a mí y besando sus labios.
-¡Ea, Bill!- Tom casi metió las manos entre nosotros para separarnos. -¿No dijiste que te ibas a abstenerte de hacerlo para no salir de nuevo como página principal?
-Lo siento, lo siento.- le dibujé un gesto de enfado.
-Vayamos a casa.- sugirió Cristal al mismo tiempo que Yos, sonrientes las dos. -Primero tenemos que encintrar a las niñas...
-¡Aquí estamos!- ambas chicas llegaron con unos helados enormes. -¿Quieren?
-Sabes que sí.- repartieron sus helados... a escepción de mí. a manera de reclamo les pedí que me dieran uno, pero todo lo que recibí a cambio fue un "compártelo con tu novia." Cristal se sonrrojó.
Llegamos a eso de las siete a su casa. Yos se disculpó, diciendo que tenía que abrir la tienda más temprano de lo normal, ya que un importante empresario quería adquirir algunas cosas para la recepción de su empresa.
-Entonces nos vemos mañana, Yos.- mi chica se despidió de ella con un beso en la mejilla.
-Ah, no. Tú te quedas aquí con tu novio, con tu cuñado, con tu hermana y con la pequeña sanguijuela que se la pasa pegada a él.
-¡¡¡Buuuuuuuuuuuuuu!!! Yo no soy ninguna sanguijuela.- Abii se defendía sacando la lengua... tan infantil...
-No, no es una sanguijuela: es una mostruo que vive debajo de las camas.- rió Tom, comenzando una nueva pelea entre ellos.
-¿No necestarás ayuda?
-Estaré bien, no te preocupes. Además, tienes que terminar de arreglar todo para su viaje. ¡Adiós chicos!
Se fue.
-Ahora, Cris... tenemos que hablar.- dije aprovechando que mi hermano había distraído a las chicas con sus estúpidos jueguitos.
-Sí, claro, amor.- nos sentamos en el sofá. -¿Qué pasa?
-Te he notado extraña...- estaba rompiendo las palabras de Yos. "esperar a que se decidiera a decir lo que estaba mal" no era de mi agrado. Si había algo mal con ella, quería saberlo. -...como distante. ¿Qué tienes?
-Nada.- un "nada" ya sabía que significaba que quizás le pasaban mil cosas pero no estaba lista para decirlas, y no me importó. Quería saber a toda costa lo que andaba mal y ayudarla. -Dime, anda.
-No pasa nada, Bill. en serio.- creo que notó en seguida mi gesto de incredulidad. Se recargó en mi pecho. -Me preocupa mi hermana.
-No tendrías por qué. Ella está bien. Lo ha asimilado bastante bien y...
-Escucha, Bill.- tomó mi playera entre sus manos, apretándola un poco. -¿Puedo pedirte algo?
-Lo que quieras.
-Prométeme que la cuidarán bien, ¿si?
-Sabes que sí. ¿Por qué?
-Nada más. Quiero tener la seguridad que habrá alguien que se preocupe por ella.
-Sabes que Tom y yo cuidaremos de las dos... incluyendo a esa niña por la que me ha cambiado.- traté de hacerla sonreir, pero ese "algo" que le pasaba no la ejaba. Tomé su rostro con mis manos y lo alcé para verla mejor: sus ojos tenían una melancolía muy grande. -Nena: jamás... jamás las dejaremos. Contarán con nostros para lo que sea, cuando sea.
-Gracias, amor.- nos besamos. -Como que ya hace hambre, ¿no?- hizo un intento de sonrisa. -¿Me ayudarás con la cena?
-¡Claro!- me tomó de la mano y fuimos directo a la cocina. Cristal se detuvo a la entrada, lanzando la mirada al interior. -¿Qué pasa?- con una seña me dijo que guardara silencio y me asomara discretamente.
Tom estaba frrente a Abii, ambos viéndose de una manera tan tierna...
-Anda, Tom. Uno pequeño.
-¿Pequeño? ¿Segura?- ella asintió. -Cierra los ojos.- y Abii obedeció.
Tom se acercó a ella despacio y la besó.
-Tom...- estaba por escaárceme un gritito, peor Cristal me detuvo.
-Déjalos, se ven lindos.
-Es una niña.
-No hagas drama, Bill. Es lo que Abii ha soñado desde no sé cuando. Deja que disfrute...
lunes, 14 de febrero de 2011
Noticia
Cristal:
A la tarde siguiente, fuimos al aeropuerto a recoger a Tom. Llegó un poco enfadado y en cuanto vió a su hermano, comenzó con los reclamos. -¡Cómo se te ocurre irte así sin decir nada!
-¿No puedes esperar a que lleguemos?
-Me dejaste hablando solo... no me dijiste nada de nada... ¡Arrojaste el maldito periódico a mis pies!
-Cálmate, Tom.- Cami lo tomó del brazo. -¿No pudes esperar?- algo tenía mi hermana que lo hacía calmarce.
Al llegar a casa, arrojó a la cara de Bill una maleta. -Aquí están tus cosas. Ni creas que para la próxima que se te ocurra irte así te traeré algo.
-Ya, ya. Para lapróxima te avisaré, ¿si?- él medio borró su enojo hacia su hermano,abrazando a Cami.
-Lamento lo que pasó, pequeña.
-Ya todo va a estar bien porque ya están aquí.- ella sonrió.
-Lamento no haber podido llegar antes...- dijo voltenado a verme meintras le ayudaba a Bill con su maleta. -...casi no nos enteremos por las noticias y cuando lo hacemos, ya es tarde.
-No hay problema, Tom, en serio. Lo importante es que ya están aquí.- traté de sonreír.
Tocaron a la puerta. -¡Voy!¨Cami: cuida que los chicos se instalen, ¿si? Ahora vuelvo.
-¡Cristal!- Abii se arrojó a mis brazos, feliz de verme. Yos me saludó pasando su mano por mi cabeza. Con ellas parecía que nada hubiera pasado.
-Pensamos que ya no querías vernos.
-No estaba de humor, nada más. Pero creo que ya estoy un poco mejor.
-¿Podemos saber por qué?- Les iba a responder, cuando Abii escuchó la voz de Tom y entró corriendo.
-¡Tomi!
-¡Abii!- y al parecer,a tom también le daba gusto verla.
-Pasa, Yos.
-Danke, niña.- entramos juntas a la sala, donde Bill estaba al lado de Cami, viendo cómo Abii se le colgaba a Tom.
-En verdad le quiere. Se ven lindos.- me dijo Yos, tratando de distraerme.
-Sí.- Bill volteó a verme. -Los chicos se quedarán unos días, en lo que nosotros preparamos nuestros papeles y eso...
-¿Qué?
-Nos iremos, Yos.- la pequeñanos alcanzó a escuchar.
-¿A dónde se van?
-Si, ¿a dónde?- preguntó casi al mismo tiempo el chico de trenzas.
-Les propuse ir con nosotros a Alemania, ¿te molesta?
-¡Para nada! Verán qué bien la pasaremos.
-Nos van a dejar...- Abii se puso triste. -... se van a ir y no van a regresar.
-Vamos a regresar, descuida.- Tom la abrazó. -No nos vamos a olvidar de ustedes...menos de tí, pequeño monstruo.
-No soy monstruo.- Intentó darle un pequeño golpe al chico, pero lo esquivó. A pesar de ya ser mayor, tom aún actuaba como todo un niño...
A la tarde siguiente, fuimos al aeropuerto a recoger a Tom. Llegó un poco enfadado y en cuanto vió a su hermano, comenzó con los reclamos. -¡Cómo se te ocurre irte así sin decir nada!
-¿No puedes esperar a que lleguemos?
-Me dejaste hablando solo... no me dijiste nada de nada... ¡Arrojaste el maldito periódico a mis pies!
-Cálmate, Tom.- Cami lo tomó del brazo. -¿No pudes esperar?- algo tenía mi hermana que lo hacía calmarce.
Al llegar a casa, arrojó a la cara de Bill una maleta. -Aquí están tus cosas. Ni creas que para la próxima que se te ocurra irte así te traeré algo.
-Ya, ya. Para lapróxima te avisaré, ¿si?- él medio borró su enojo hacia su hermano,abrazando a Cami.
-Lamento lo que pasó, pequeña.
-Ya todo va a estar bien porque ya están aquí.- ella sonrió.
-Lamento no haber podido llegar antes...- dijo voltenado a verme meintras le ayudaba a Bill con su maleta. -...casi no nos enteremos por las noticias y cuando lo hacemos, ya es tarde.
-No hay problema, Tom, en serio. Lo importante es que ya están aquí.- traté de sonreír.
Tocaron a la puerta. -¡Voy!¨Cami: cuida que los chicos se instalen, ¿si? Ahora vuelvo.
-¡Cristal!- Abii se arrojó a mis brazos, feliz de verme. Yos me saludó pasando su mano por mi cabeza. Con ellas parecía que nada hubiera pasado.
-Pensamos que ya no querías vernos.
-No estaba de humor, nada más. Pero creo que ya estoy un poco mejor.
-¿Podemos saber por qué?- Les iba a responder, cuando Abii escuchó la voz de Tom y entró corriendo.
-¡Tomi!
-¡Abii!- y al parecer,a tom también le daba gusto verla.
-Pasa, Yos.
-Danke, niña.- entramos juntas a la sala, donde Bill estaba al lado de Cami, viendo cómo Abii se le colgaba a Tom.
-En verdad le quiere. Se ven lindos.- me dijo Yos, tratando de distraerme.
-Sí.- Bill volteó a verme. -Los chicos se quedarán unos días, en lo que nosotros preparamos nuestros papeles y eso...
-¿Qué?
-Nos iremos, Yos.- la pequeñanos alcanzó a escuchar.
-¿A dónde se van?
-Si, ¿a dónde?- preguntó casi al mismo tiempo el chico de trenzas.
-Les propuse ir con nosotros a Alemania, ¿te molesta?
-¡Para nada! Verán qué bien la pasaremos.
-Nos van a dejar...- Abii se puso triste. -... se van a ir y no van a regresar.
-Vamos a regresar, descuida.- Tom la abrazó. -No nos vamos a olvidar de ustedes...menos de tí, pequeño monstruo.
-No soy monstruo.- Intentó darle un pequeño golpe al chico, pero lo esquivó. A pesar de ya ser mayor, tom aún actuaba como todo un niño...
sábado, 12 de febrero de 2011
Luto
Cristal:
"Parte buena de ser la novia de una estrella de la música: que tenienes la atención y eres reconocida en casi todos lados..."
¿Quién demonios dijo que eso era la parte buena? Para mí es la parte mala. Mi padre murió recientemente y ha sido publicado en todos los periódicos que he visto hasta ahora. Incluso lo mencionan en las noticias a todas horas... y lo peor es que siempre hacen la pregunta ¿por qué Bill no está con ellas cuando más lo necesitan?
-Cristal...- la voz temblorosa de mi hermana me hizo dejar de lado la vista qe tenía frente a mí, desde ela azotea de la casa. -...¿cuándo le dirás?
-No lo sé. Quizás a esta hora ya debe saberlo. Las noticias se corren como pólvora ahora...
-Deberías llamarle.
-Las llamadas se cortan.- me acerqué a ella y la abracé. -Pronto estarán aquí, ya verás.
-¿Estás bien?
-¿Qué?
-Que si estás bien.- me vió directamente a los ojos. -Yo ya me desahogué, pero a tí no te he visto ni siquiera llorar y no hablas de ésto. Te hará daño guardártelo.
-Estoy bien, tranquila, ¿si? Todo está bien.- la abracé con mayor fuerza, como si temiera perderla y lancé mi mirada a su espalda.
Otra noche sin dormir, parada en la entrada de la habitación de Cami, pensando.
Yos y Abii habían venido un parv de veces a vernos, pero sólo mi hermana hablaba con ellas. Yo prefería esconderme en la azotea y ver el paisaje; preguntándome por qué se tenía que marchar ta pronto... por qué ahora... por qué nos dejaba solas.
Intenté llamar a los chicos, peor al dar el primer timbrazo, me entraban los nervios y colgaba. No era que se cortaran las llamadas, era que no me sentía con fuerzas para hablar; no era que las cartas no llegaban, como siempre le dije a Cami, sino que no tenía fuerzas ni siquiera para tomar el lapicero entre mis dedos.
Abrí la cajetilla que escondía mi padre detrás de su cama... la encontré el dpia que falleció, cuando me encerré en su habitación, llena de rabia por haberme sentido tan impotente. Tomé un cigarrillo y lo llevé a mis labios.
-No deberías fumar. A papá no le gustaría verte así.
-Pensé que dormías.
-No puedo. Tengo pesadillas.- guardé el cigarro y me senté en la orilla de su cama.la abracvé una vez más. -Tu corazón late muy rápido.
-Es que... necesito verlo.
-Llámale.
-No puedo.
-Entonces le llamaré yo.
-No hace falta. Verás que en menos de lo que lo imaginamos, estarán con nosotras.- El timbre de la puerta sonó insistentemente. No quería abrir, pero mi hermana me dijo unas cinco veces que bajara a ver quién era a esas horas de la noche. -Está bien. Ahora vuelvo.
Bajé con desgano. -¿Quién es?- no obtuve respuesta. Abrí la puerta despacio, dejando ver afuera a Bill, con la respiración agitada. -¡Bill!- me lancé a sus brazos.
-Lo... lo lamento. En cuanto lo supe, tomé el primer vuelo de regreso.
-Pasa.- entramos abrazados. En cuanto le escuchó mi hermana, bajó corriendo y tambipén se echó a sus brazos.
-¿Por qué no llamaron?
-Yo no...
-¿Y Tom?- preguntó Cami.
-Vine sin decirle nada. En cuanto leí la nota en el periódico, sali de casa sin decirle nada. Vine sin equipaje... sin nada. Sólo quería verlas.
-Lo dejaste preocupado. Debiste decirle.- Mi hermana dejó caerse en sus brazos, derramando un alágrima. -Nos hacían falta.
-Lo sé. Lo siento.- la abrazó.
-Cami, deberías dormir un poco. Mañana tenemos cosas qué hacer.
-Quiero quedarme con Bill un rato.- él volteó a verme. Yo sólo asentí. La cargó y acomodó su cabeza sobre su pecho... se veían tan lindos...
Bill la consoló todo el tiempo, hasta que se quedó dormida. Subimos en silencio a su habitación, donde la dejó en su cama, en silencio.
-¿Estás bien?- se acercó a mí, en la entrada. N podía dejar de ver a mi hermana.
-Yo... no sé.- las lágrimas por fin empezaron a salir. -Me duele, Bill. Algo se rompió dentro de mí... aunque casi no pasaba tiempo con él, lo extraño.- me abrazó con fuerza. -Era lo único que teníamos, Bill. Ahora... ahora... yo... Cami...- el llanto ya no me dejaba hablar.
Por primera vez en días, dejé libre mi dolor, sobre el pecho de Bill. -Verás que todo estará bien. No las dejaremos solas.
-Yo...
-Vendrán con nosotros a Alemania. ¿si?
-Yos... y Abii...
-Supongo que ellas entenderán.- su celular comenzó a sonar. Se separó un poco para contestar. -¡Tom! Espera... Caálmate, no me grites que no estoy sordo.... sí, ya sé, lo siento, pero... enonces ya sabes por qué salí así... ya te dije que lo siento. ¿mañana? Está bien, iré a buscarte al aeropuerto. Sí... genial. Adiós.- volví a esconderme en su cuello. -Linda, Tomj llegará mañana.
-¿Estaba enfadado?
-Un poco.
-Espero que se queden un buen rato. Nos hará bien tener un poco de apoyo.
"Parte buena de ser la novia de una estrella de la música: que tenienes la atención y eres reconocida en casi todos lados..."
¿Quién demonios dijo que eso era la parte buena? Para mí es la parte mala. Mi padre murió recientemente y ha sido publicado en todos los periódicos que he visto hasta ahora. Incluso lo mencionan en las noticias a todas horas... y lo peor es que siempre hacen la pregunta ¿por qué Bill no está con ellas cuando más lo necesitan?
-Cristal...- la voz temblorosa de mi hermana me hizo dejar de lado la vista qe tenía frente a mí, desde ela azotea de la casa. -...¿cuándo le dirás?
-No lo sé. Quizás a esta hora ya debe saberlo. Las noticias se corren como pólvora ahora...
-Deberías llamarle.
-Las llamadas se cortan.- me acerqué a ella y la abracé. -Pronto estarán aquí, ya verás.
-¿Estás bien?
-¿Qué?
-Que si estás bien.- me vió directamente a los ojos. -Yo ya me desahogué, pero a tí no te he visto ni siquiera llorar y no hablas de ésto. Te hará daño guardártelo.
-Estoy bien, tranquila, ¿si? Todo está bien.- la abracé con mayor fuerza, como si temiera perderla y lancé mi mirada a su espalda.
Otra noche sin dormir, parada en la entrada de la habitación de Cami, pensando.
Yos y Abii habían venido un parv de veces a vernos, pero sólo mi hermana hablaba con ellas. Yo prefería esconderme en la azotea y ver el paisaje; preguntándome por qué se tenía que marchar ta pronto... por qué ahora... por qué nos dejaba solas.
Intenté llamar a los chicos, peor al dar el primer timbrazo, me entraban los nervios y colgaba. No era que se cortaran las llamadas, era que no me sentía con fuerzas para hablar; no era que las cartas no llegaban, como siempre le dije a Cami, sino que no tenía fuerzas ni siquiera para tomar el lapicero entre mis dedos.
Abrí la cajetilla que escondía mi padre detrás de su cama... la encontré el dpia que falleció, cuando me encerré en su habitación, llena de rabia por haberme sentido tan impotente. Tomé un cigarrillo y lo llevé a mis labios.
-No deberías fumar. A papá no le gustaría verte así.
-Pensé que dormías.
-No puedo. Tengo pesadillas.- guardé el cigarro y me senté en la orilla de su cama.la abracvé una vez más. -Tu corazón late muy rápido.
-Es que... necesito verlo.
-Llámale.
-No puedo.
-Entonces le llamaré yo.
-No hace falta. Verás que en menos de lo que lo imaginamos, estarán con nosotras.- El timbre de la puerta sonó insistentemente. No quería abrir, pero mi hermana me dijo unas cinco veces que bajara a ver quién era a esas horas de la noche. -Está bien. Ahora vuelvo.
Bajé con desgano. -¿Quién es?- no obtuve respuesta. Abrí la puerta despacio, dejando ver afuera a Bill, con la respiración agitada. -¡Bill!- me lancé a sus brazos.
-Lo... lo lamento. En cuanto lo supe, tomé el primer vuelo de regreso.
-Pasa.- entramos abrazados. En cuanto le escuchó mi hermana, bajó corriendo y tambipén se echó a sus brazos.
-¿Por qué no llamaron?
-Yo no...
-¿Y Tom?- preguntó Cami.
-Vine sin decirle nada. En cuanto leí la nota en el periódico, sali de casa sin decirle nada. Vine sin equipaje... sin nada. Sólo quería verlas.
-Lo dejaste preocupado. Debiste decirle.- Mi hermana dejó caerse en sus brazos, derramando un alágrima. -Nos hacían falta.
-Lo sé. Lo siento.- la abrazó.
-Cami, deberías dormir un poco. Mañana tenemos cosas qué hacer.
-Quiero quedarme con Bill un rato.- él volteó a verme. Yo sólo asentí. La cargó y acomodó su cabeza sobre su pecho... se veían tan lindos...
Bill la consoló todo el tiempo, hasta que se quedó dormida. Subimos en silencio a su habitación, donde la dejó en su cama, en silencio.
-¿Estás bien?- se acercó a mí, en la entrada. N podía dejar de ver a mi hermana.
-Yo... no sé.- las lágrimas por fin empezaron a salir. -Me duele, Bill. Algo se rompió dentro de mí... aunque casi no pasaba tiempo con él, lo extraño.- me abrazó con fuerza. -Era lo único que teníamos, Bill. Ahora... ahora... yo... Cami...- el llanto ya no me dejaba hablar.
Por primera vez en días, dejé libre mi dolor, sobre el pecho de Bill. -Verás que todo estará bien. No las dejaremos solas.
-Yo...
-Vendrán con nosotros a Alemania. ¿si?
-Yos... y Abii...
-Supongo que ellas entenderán.- su celular comenzó a sonar. Se separó un poco para contestar. -¡Tom! Espera... Caálmate, no me grites que no estoy sordo.... sí, ya sé, lo siento, pero... enonces ya sabes por qué salí así... ya te dije que lo siento. ¿mañana? Está bien, iré a buscarte al aeropuerto. Sí... genial. Adiós.- volví a esconderme en su cuello. -Linda, Tomj llegará mañana.
-¿Estaba enfadado?
-Un poco.
-Espero que se queden un buen rato. Nos hará bien tener un poco de apoyo.
domingo, 6 de febrero de 2011
Regreso
Bill:
El día de nuestro regreso a Alemania. Aunque no queríamos dejarlas solas, insistieron junto con Richard para que volviéramos a lo nuestro.
Al aeropuerto sólo nos acompañó Cami, pues Cristal se había quedado a cuidar a su padre. Me hubiera gustado tanto que nos acompañase...
-Volverán pronto, ¿verdad?- preguntó ella con tono triste. Mi hermano la abrazó, diciéndole que cuanto antes. Yo no supe qué responderle: teníamos tanto trabajo pendiente en casa que no sabía si en verdad íbamos a volver antes de dos meses.
-Verás que ni tiempo les daremos de extrañarnos.- ambos trataron de sonreír.
-Bill, las cosas saldrán bien.- Cami trataba de hacerme sonreir también, pero algo me hacía sentir enormemente triste. -Todo estará bien y ustedes volverán y todo será genial.- En esos momentos envidiaba la fortaleza de ella: su mirada estaba ensombrecida, y aún así sonreía.
-Volveremos pronto. Dile a tu hermana que la amo.
-Te despediste de ella en el hospital. ¿No te bastó con los besos, los abrazos y toda la miel que derramaron?- Tom se hacía el gracioso, haciéndome dibujar una media sonrisa.
Un par de minutos más y subimos al avión, dejándolas atrás.
Apenas llegamos, no aguanté las ganas de llamarlas. Esperaba que la llamada fuera larga, pero sólo escuché un "todo está bien." y la conexión se cortó. -No te preocupes, todo saldrá bien.- Tom intentaba calmarme, pero algo me decía que las cosas se iban a poner mal.
Los días pasaban; mis nervios crecían demasiado, haciéndome equivocar en las letras, retrasando las grabaciones... y preocupando a los chicos y a David y Nathaly.
-¿Cómo no preocuparme? ¡No he sabido nada de ellas en semanas!
-¿No las has llamado?- preguntaba Gustav desde el sillón.
-Las llamadas se cortan y no responden los mensajes, ni los correos, ni mis cartas.- dije con aire triste. -¿Y si pasó algo?- volteé a ver a Georg: meido en los mensajes con su novia. Cómo le envidiaba el que él sí pudiese estar en contacto con la persona que amaba.
-Déjate de pesimismos, Bill.- Aunque estaba de meloso con ella, se daba tiempo de escucharnos. -Estan bien, confía.
-Pero...
-El que no te contesten no significa que algo ande mal.
-Hagen tiene razón, hermanito. Anda, ven. Tenemos que llegar a dormir.- bostezó.
Nos despedimos y fuimos a casa. Me encargué de encender las luces mientras Tom se dejaba caer en el sofá... como siempre. -¿No saldrás hoy?- preguntémientras me acercaba a la mesilla, donde había dejado el periódico de la mañana.
-Estoy cansado. Aunque...- sacó el celular de su chaqueta e iba a marcar. -¿Quieres salir? Puedo conseguir compañía extra.- dijo guiñándome. Estaba por responderle cuando abrí la sección de en medio y el encabezado me heló la sangre.
-No puede ser...
-¿Qué pasa?
-No es cierto. Ésto... ésto no...
-Bill, ¿qué pasa?- no contesté. Tomé mi chaqueta, arrojando el periódico a sus pies y salí de ahí. Subí a mi auto y me alejé de casa, ignorando los gritos de mi hermano.
Sabía que algo andaba mal.... que las cosas no estarían bien, pero, ¿por qué demonios me tenía que enterar de esa manera?
El día de nuestro regreso a Alemania. Aunque no queríamos dejarlas solas, insistieron junto con Richard para que volviéramos a lo nuestro.
Al aeropuerto sólo nos acompañó Cami, pues Cristal se había quedado a cuidar a su padre. Me hubiera gustado tanto que nos acompañase...
-Volverán pronto, ¿verdad?- preguntó ella con tono triste. Mi hermano la abrazó, diciéndole que cuanto antes. Yo no supe qué responderle: teníamos tanto trabajo pendiente en casa que no sabía si en verdad íbamos a volver antes de dos meses.
-Verás que ni tiempo les daremos de extrañarnos.- ambos trataron de sonreír.
-Bill, las cosas saldrán bien.- Cami trataba de hacerme sonreir también, pero algo me hacía sentir enormemente triste. -Todo estará bien y ustedes volverán y todo será genial.- En esos momentos envidiaba la fortaleza de ella: su mirada estaba ensombrecida, y aún así sonreía.
-Volveremos pronto. Dile a tu hermana que la amo.
-Te despediste de ella en el hospital. ¿No te bastó con los besos, los abrazos y toda la miel que derramaron?- Tom se hacía el gracioso, haciéndome dibujar una media sonrisa.
Un par de minutos más y subimos al avión, dejándolas atrás.
Apenas llegamos, no aguanté las ganas de llamarlas. Esperaba que la llamada fuera larga, pero sólo escuché un "todo está bien." y la conexión se cortó. -No te preocupes, todo saldrá bien.- Tom intentaba calmarme, pero algo me decía que las cosas se iban a poner mal.
Los días pasaban; mis nervios crecían demasiado, haciéndome equivocar en las letras, retrasando las grabaciones... y preocupando a los chicos y a David y Nathaly.
-¿Cómo no preocuparme? ¡No he sabido nada de ellas en semanas!
-¿No las has llamado?- preguntaba Gustav desde el sillón.
-Las llamadas se cortan y no responden los mensajes, ni los correos, ni mis cartas.- dije con aire triste. -¿Y si pasó algo?- volteé a ver a Georg: meido en los mensajes con su novia. Cómo le envidiaba el que él sí pudiese estar en contacto con la persona que amaba.
-Déjate de pesimismos, Bill.- Aunque estaba de meloso con ella, se daba tiempo de escucharnos. -Estan bien, confía.
-Pero...
-El que no te contesten no significa que algo ande mal.
-Hagen tiene razón, hermanito. Anda, ven. Tenemos que llegar a dormir.- bostezó.
Nos despedimos y fuimos a casa. Me encargué de encender las luces mientras Tom se dejaba caer en el sofá... como siempre. -¿No saldrás hoy?- preguntémientras me acercaba a la mesilla, donde había dejado el periódico de la mañana.
-Estoy cansado. Aunque...- sacó el celular de su chaqueta e iba a marcar. -¿Quieres salir? Puedo conseguir compañía extra.- dijo guiñándome. Estaba por responderle cuando abrí la sección de en medio y el encabezado me heló la sangre.
-No puede ser...
-¿Qué pasa?
-No es cierto. Ésto... ésto no...
-Bill, ¿qué pasa?- no contesté. Tomé mi chaqueta, arrojando el periódico a sus pies y salí de ahí. Subí a mi auto y me alejé de casa, ignorando los gritos de mi hermano.
Sabía que algo andaba mal.... que las cosas no estarían bien, pero, ¿por qué demonios me tenía que enterar de esa manera?
viernes, 28 de enero de 2011
Diagnóstico
Cristal:
Dos paros cardiacos... le habían dado dos paros cardiacos en la ambulancia. Dios, ¿por qué ahora que parecía estar tan bien?
La sala de emergencias estaba llena de gente, peor afortunadamente lo atendieron de inmediato.
Cami y yo esperamos en los pasillos, abrazándonos la una a la otra. Los chicos llegaron una hora después, acompañados de Yos y Abii. -¿Ya pudieron verlo?
-No.- mi voz se quebraba. -Está en el quirófano.- Bill se acercó, rodeándome con sus brazos. Tom hizo lo mismo con mi pequeña hermana. -Ya verán que saldrá bien.
Las chicas tomaron asiento, tratando de tranquilizarnos, pero no podíamos estar en paz: sabíamos que lo que seguía no iba a ser nada alentador.
Ya habíamos pasado por algo parecido antes; un par de semanas después de la muerte de nuestra madre, pero ahora era diferente. Algo nos decía que ésta vez iba a ser diferente.
La noche la pasamos en el pasillo: Abii llamó a su padre y en un lapso cosrto de tiempo estuvo a nuestro lado, apoyándonos... y, al igual que el resto, diciéndonos que todo iba a estar bien.
Pasaron las horas: todos nos quedamos ahí, velando a mi padre... esperando no tener que escuchar una mala noticia.
El doctor se acercó, por fin, con gesto serio. -¿Familiares del señor Richard?
-Sí, nosotras.- nos apartó del resto.
-Les seré franco: el estado de su padre es delicado. Tiene que quedarce unos días.
-¿Qué tan grave es?- dudó al decirnos. Como yo no tenía el valor suficiente para repetirle la pregunta, mi hermana lo hizo.
-Les diré que está muy delicado. Ahora, si quieren pasar a verlo...- no esperamos a que nos dijera más, fuimos directamente a su habitación, con los gemelos siguiéndonos, pues la pequeña acababa de dormirce sobre el regazo de su padre y Yos ya tenía que irse.
Entramos en silencio. Al escucharnos, giró su rostro a vernos, tratando de sonreir. -Lamento haberles arruinado el día.- apenas si se oía su voz.
-Por favor, papá, no hables, ¿quieres? Te harás daño.- dibujó una media sonrisa. Ya sabía yo que no me iba a hacer caso, pues rara vez lo hacía.
-¿Ya estás mejor?- Cami se acercó y pasó su mano por su rostro. Él sonrió aún más.
-¿Quieres que las dejemos solas?- preguntó Bill. Le pedí que no; necesitábamos de ellos en éstos momentos.
-Chicos... ¿puedo hablar con ustedes?- nos hicimos a un lado, dándoles espacio. Por el gesto de seriedad de los tres, pudimos darnos cuenta que no era algo alentador.
-Cristal...- mi hermana se aferró a mi brazo. -...papá se pondrá bien, ¿verdad?
-Claro que sí, ya verás.- mentía tratando que no se diera cuenta; haciéndome la fuerte frente a la adversidad... -Se pondrá bien y los tres volveremos a casa. Siempre pasa eso, ¿no? Siempre se arreglan las cosas.
Quizás se había dado cuenta de que mentía... después de todo, ella era muy sencible en cuanto a eso. Si lo hizo, no dijo nada. Tal vez ella también buscaba consuelo en las mentiras...
-Cris, Cami.- Tom nos llamó y nos tomó de la mano. -Escuchen, si quieren...
-En dos días tenemos que regresar.- interrumpió Bill, dejando caer sus manos sobre nuestros hombros. -Si quieren, podemos alargar nuestra estancia.
-Podríamos decirle a David y a los chicos que tenemos cosas que atender aqui y así...
-David no querrá eso.- ví a papá ahí recostado, viéndonos fijamente. -Tienen que regresar.
-Pero...
-El trabajo los espera.- traté de sonreir.
-Pero...
-Ella tiene razón: tienen que regresar.- ya no dijeron nada. Se quedaron ahí, con nosotros, velando el sueño de nuestro padre, hasta la tarde siguiente.
Les pedimos que nos dejatan solas, así servía que podrían ir a dormir un poco. Y aunque al principio no quisieron, terminaron por irse, al igual que Abii y su padre.
-Niñas...- alargó sus manos para que las tomáramos. -..tienen que prometerme que estarán juntas, siempre.
-Sabes que eso no nos lo tienes que pedir.- tratamos de detener las lágrimas y de no mostrarnos tristez. Le pedí a mi hermana que saliera un momento, usando de pretexto que le haría bien un poco de aire.
Nos dejó con desgano. -Papá, te pondrás bien, ya verás. Regresaremos a casa y prepararé esa pasta que tanto te gusta.
-Cristal... muñequita, escucha: tú y yo sabemos que esta vez no será así.
-Siempre terminas por reponerte, ¿por qué esta vez tendría que ser diferente?
-Sabes que me he escapado de ésto muchas veces... esta vez no podré hacerlo.
-Papá...
-Esos chicos las quieren... les he pedido que las cuiden.- sonrió.
El doctor entró, interrumpiendo la conversación. -Señor, me temo que el pronóstico no es alentador.- ambos cerramos los ojos fuertemente.
-¿Cuánto?- preguntó él.
-Poco. Un mes a lo mucho.- sentí un tremendo golpe en el pecho. Las lágrimas se agolparon en mi garganta... ¿por qué ahora? -Si hubiese guardado completo reposo en el tiempo señalad, tal vez hubiera podido conseguir más tiempo.
-De haberlo hecho me hubiera perdido gran parte de la vida.- sonrió.
Cami entró de pronto, enontrándonos serios, menos a nuestro padre. Richar estaba tranquilo, como si nada malo pasara.
Le pidió que se acercara a él; besó su mano y le dijo que todo iba a estar bien...
Dos paros cardiacos... le habían dado dos paros cardiacos en la ambulancia. Dios, ¿por qué ahora que parecía estar tan bien?
La sala de emergencias estaba llena de gente, peor afortunadamente lo atendieron de inmediato.
Cami y yo esperamos en los pasillos, abrazándonos la una a la otra. Los chicos llegaron una hora después, acompañados de Yos y Abii. -¿Ya pudieron verlo?
-No.- mi voz se quebraba. -Está en el quirófano.- Bill se acercó, rodeándome con sus brazos. Tom hizo lo mismo con mi pequeña hermana. -Ya verán que saldrá bien.
Las chicas tomaron asiento, tratando de tranquilizarnos, pero no podíamos estar en paz: sabíamos que lo que seguía no iba a ser nada alentador.
Ya habíamos pasado por algo parecido antes; un par de semanas después de la muerte de nuestra madre, pero ahora era diferente. Algo nos decía que ésta vez iba a ser diferente.
La noche la pasamos en el pasillo: Abii llamó a su padre y en un lapso cosrto de tiempo estuvo a nuestro lado, apoyándonos... y, al igual que el resto, diciéndonos que todo iba a estar bien.
Pasaron las horas: todos nos quedamos ahí, velando a mi padre... esperando no tener que escuchar una mala noticia.
El doctor se acercó, por fin, con gesto serio. -¿Familiares del señor Richard?
-Sí, nosotras.- nos apartó del resto.
-Les seré franco: el estado de su padre es delicado. Tiene que quedarce unos días.
-¿Qué tan grave es?- dudó al decirnos. Como yo no tenía el valor suficiente para repetirle la pregunta, mi hermana lo hizo.
-Les diré que está muy delicado. Ahora, si quieren pasar a verlo...- no esperamos a que nos dijera más, fuimos directamente a su habitación, con los gemelos siguiéndonos, pues la pequeña acababa de dormirce sobre el regazo de su padre y Yos ya tenía que irse.
Entramos en silencio. Al escucharnos, giró su rostro a vernos, tratando de sonreir. -Lamento haberles arruinado el día.- apenas si se oía su voz.
-Por favor, papá, no hables, ¿quieres? Te harás daño.- dibujó una media sonrisa. Ya sabía yo que no me iba a hacer caso, pues rara vez lo hacía.
-¿Ya estás mejor?- Cami se acercó y pasó su mano por su rostro. Él sonrió aún más.
-¿Quieres que las dejemos solas?- preguntó Bill. Le pedí que no; necesitábamos de ellos en éstos momentos.
-Chicos... ¿puedo hablar con ustedes?- nos hicimos a un lado, dándoles espacio. Por el gesto de seriedad de los tres, pudimos darnos cuenta que no era algo alentador.
-Cristal...- mi hermana se aferró a mi brazo. -...papá se pondrá bien, ¿verdad?
-Claro que sí, ya verás.- mentía tratando que no se diera cuenta; haciéndome la fuerte frente a la adversidad... -Se pondrá bien y los tres volveremos a casa. Siempre pasa eso, ¿no? Siempre se arreglan las cosas.
Quizás se había dado cuenta de que mentía... después de todo, ella era muy sencible en cuanto a eso. Si lo hizo, no dijo nada. Tal vez ella también buscaba consuelo en las mentiras...
-Cris, Cami.- Tom nos llamó y nos tomó de la mano. -Escuchen, si quieren...
-En dos días tenemos que regresar.- interrumpió Bill, dejando caer sus manos sobre nuestros hombros. -Si quieren, podemos alargar nuestra estancia.
-Podríamos decirle a David y a los chicos que tenemos cosas que atender aqui y así...
-David no querrá eso.- ví a papá ahí recostado, viéndonos fijamente. -Tienen que regresar.
-Pero...
-El trabajo los espera.- traté de sonreir.
-Pero...
-Ella tiene razón: tienen que regresar.- ya no dijeron nada. Se quedaron ahí, con nosotros, velando el sueño de nuestro padre, hasta la tarde siguiente.
Les pedimos que nos dejatan solas, así servía que podrían ir a dormir un poco. Y aunque al principio no quisieron, terminaron por irse, al igual que Abii y su padre.
-Niñas...- alargó sus manos para que las tomáramos. -..tienen que prometerme que estarán juntas, siempre.
-Sabes que eso no nos lo tienes que pedir.- tratamos de detener las lágrimas y de no mostrarnos tristez. Le pedí a mi hermana que saliera un momento, usando de pretexto que le haría bien un poco de aire.
Nos dejó con desgano. -Papá, te pondrás bien, ya verás. Regresaremos a casa y prepararé esa pasta que tanto te gusta.
-Cristal... muñequita, escucha: tú y yo sabemos que esta vez no será así.
-Siempre terminas por reponerte, ¿por qué esta vez tendría que ser diferente?
-Sabes que me he escapado de ésto muchas veces... esta vez no podré hacerlo.
-Papá...
-Esos chicos las quieren... les he pedido que las cuiden.- sonrió.
El doctor entró, interrumpiendo la conversación. -Señor, me temo que el pronóstico no es alentador.- ambos cerramos los ojos fuertemente.
-¿Cuánto?- preguntó él.
-Poco. Un mes a lo mucho.- sentí un tremendo golpe en el pecho. Las lágrimas se agolparon en mi garganta... ¿por qué ahora? -Si hubiese guardado completo reposo en el tiempo señalad, tal vez hubiera podido conseguir más tiempo.
-De haberlo hecho me hubiera perdido gran parte de la vida.- sonrió.
Cami entró de pronto, enontrándonos serios, menos a nuestro padre. Richar estaba tranquilo, como si nada malo pasara.
Le pidió que se acercara a él; besó su mano y le dijo que todo iba a estar bien...
martes, 11 de enero de 2011
Cuídalas
(Bill)
Todo parecía ir bien; sin nada fuera de lo normal: mi hermano y yo nos estábamos llevando de maravilla con Richard, el padre de las chicas.
-La semana está por terminar, chicos.- nos dijo él serio. -¿A dónde irán?
-Tenemos que regresar a Alemania a atender unos asuntos pendientes.
-Espero que no se les ocurra llevarse a mis niñas... ni dejarlas abandonadas por mucho tiempo...
-Papá, por favor...
-No podríamos olvidarnos de ellas, señor.- Tom se separó un poco de nuestra conversación para ir a ducharse y arreglarce un poco... buena falta que le hacía... y que le sigue haciendo. -Nos gustaría que nos acompañaran, pero no podemos llevarlas si vamos a estar todo el tiempo trabajando...
-Y aún si pudieran llevarlas con ustedes, no los dejaría. Ellas son mi todo, no puedo vivir con ellas lejos.
La plática se llevaba a cabo sin ningún problema: Cami se encontraba sentada a un lado de su padre, mientras Cristal estaba a un lado de mí, dejando que mis manos rodearan su cintura.
De pronto, la vista de Richard parecía perderce y su cuerpo comenzaba a perder fuerza. Cami, alarmada, trató de que se sostuviera, pero fue inútil: cayó pesadamente al suelo. Las chicas le llamabanen vano.
Llamé a gritos a Tom, haciéndolo salir malhumorado y con una toalla anudada a la cintura. -¿Qué demonios quieres ahora, Bill? ¿No puedes esperar a que...?- se calló al verlo en el suelo.
-¡No te quedes ahí parado como un idiota! ¡Llama a una ambulancia!
-¡¿Y cómo se supone que lo haré, imbécil?! ¿Crees que tengan un traductor?- ya tenía el celular a la mano y me desesperaban sus palabras... pero tenía razón.
-¡Dame acá!- Cristal marcó y llamó a urgencias, mientras su hermana permanecía al lado de su padre.
La ambulancia llegó, al mismo tiempo que Abii y Yos.
Mi chica lloraba a la par de su hermana. Ambas subieron al lado de él, dejándonos en la cabañuela, diciéndoles que las alcanzaríamos luego.
-No es la primera vez que pasa.- Me dijo Yos en voz baja.
-¿Qué?
-Bill: tienes que cuidarlas mucho. A partir de hoy no sabemos qué pasará con él y no quiero verlas sufrir mucho.
Todo parecía ir bien; sin nada fuera de lo normal: mi hermano y yo nos estábamos llevando de maravilla con Richard, el padre de las chicas.
-La semana está por terminar, chicos.- nos dijo él serio. -¿A dónde irán?
-Tenemos que regresar a Alemania a atender unos asuntos pendientes.
-Espero que no se les ocurra llevarse a mis niñas... ni dejarlas abandonadas por mucho tiempo...
-Papá, por favor...
-No podríamos olvidarnos de ellas, señor.- Tom se separó un poco de nuestra conversación para ir a ducharse y arreglarce un poco... buena falta que le hacía... y que le sigue haciendo. -Nos gustaría que nos acompañaran, pero no podemos llevarlas si vamos a estar todo el tiempo trabajando...
-Y aún si pudieran llevarlas con ustedes, no los dejaría. Ellas son mi todo, no puedo vivir con ellas lejos.
La plática se llevaba a cabo sin ningún problema: Cami se encontraba sentada a un lado de su padre, mientras Cristal estaba a un lado de mí, dejando que mis manos rodearan su cintura.
De pronto, la vista de Richard parecía perderce y su cuerpo comenzaba a perder fuerza. Cami, alarmada, trató de que se sostuviera, pero fue inútil: cayó pesadamente al suelo. Las chicas le llamabanen vano.
Llamé a gritos a Tom, haciéndolo salir malhumorado y con una toalla anudada a la cintura. -¿Qué demonios quieres ahora, Bill? ¿No puedes esperar a que...?- se calló al verlo en el suelo.
-¡No te quedes ahí parado como un idiota! ¡Llama a una ambulancia!
-¡¿Y cómo se supone que lo haré, imbécil?! ¿Crees que tengan un traductor?- ya tenía el celular a la mano y me desesperaban sus palabras... pero tenía razón.
-¡Dame acá!- Cristal marcó y llamó a urgencias, mientras su hermana permanecía al lado de su padre.
La ambulancia llegó, al mismo tiempo que Abii y Yos.
Mi chica lloraba a la par de su hermana. Ambas subieron al lado de él, dejándonos en la cabañuela, diciéndoles que las alcanzaríamos luego.
-No es la primera vez que pasa.- Me dijo Yos en voz baja.
-¿Qué?
-Bill: tienes que cuidarlas mucho. A partir de hoy no sabemos qué pasará con él y no quiero verlas sufrir mucho.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Mucho Gusto
Bill:
-Mi padre ha venido a verte.- me dijo aún con la respiración agitada. Me puse nervioso... y un poco preocupado. Ni siquiera me daba tiempo de cambiarme o ponerme un poco más presentable.
La tomé de la mano, diciéndole que todo estaría bien y que me moría de ganas de conocerlo. Lo dije tratando de calmarla... tal vez para calmarme más a mí que a ella.
Desvié la mirada a sus espaladas, viendo a su hermana y a un hombre de mediana edad, dentro de un abrigo café. Por su gesto de nerviosismo, supuse era su padre. No se veía a como lo pintaba Cristal: parecía buen hombre, bastante alegre.
-Buenos días, señor.- me presenté con un apretón de manos. -Soy...
-Bill Kaulitz, lo sé. El chico que me robó el corazón de mi hija.- sonrió.
-Papá...- Cristal quiso detener la plática... o así me dió la impresión, pero antes que dijera algo más,le pedí que le dejara continuar.
-El mismo, señor. Lo siento.- les ofrecí sentarce en la bardilla. Hacía frío y lo mejor era pasar a la salilla, pero Tom se había quedado dormido, como siempre,en el sofá y cuando uno lo despierta se pone de mal humor.
-Dime algo, Bill, ¿en verdad quieres a mi muñeca?- abrazó fuertemente a mi chica... a su hija, como temiendo perderla para siempre.
-Con mi vida, señor.
-Llámame Richard.
-Richard.- repetí en una sonrisa. Parecía que me lo estaba ganando. -La quiero con toda el alma. Ja más le haría daño...
-¿Cómo estoy seguro que lo que dices es real?
-Yo daría mi vida por ella, si fuera necesario... sin pensarlo dos veces. Ella ya es dueña de mi corazón...
-Y él del mío, papá.- le dijo firmemente. -Lo quiero...
-La amo.- los tres sonrieron. -En verdad la amo. Jamás... tenga por seguro que jamás la lastimaré ni le harán daño mientras esté conmigo.
Se quedó un momento en silencio. La dejó ir lentamente hacia mí; su hermana nos observaba con dulzura.
-Confiaré en tí, muchacho.- se acercó, poniendo su mano en mi hombro. -Quiero que sepas que ellas son lo más preciado para mí... que son mi todo y me mataría el saber que les han hecho daño.
-Sé exactamente lo que quiere decir. No se preocupe, cuidaré bien de las dos.
-¿Qué acaso piensas quedarte con mis dos niñas?- dijo en una carcajada.
-No, pero puesto que Cami es hermana de mi novia, pasa a ser parte de mi familia también. Algo asi como...
-Como su hermana menor.- completó ella.
-¡Bill!- mi hermano gritó desde dentro de la cabaña. -¡Bill!
Me disculpé y entré a prisa. -Maldita sea... ¡Bill!
-¿Qué pasa? ¿Por qué gritas así? ¿Qué no sabes que tenemos visitas?
-¿Se te olvida que no debes tocar mi guitarra?- estaba sosteniendo su instrumento.
-No se me olvida. La moví un poco, nada más.
-¿Y se puede saber para qué?
-Estaba sobre mis cosas. ¿Por qué tanto alboroto?
-Se cayó.- hay, por Dios, ¿así o más dramático? -¿Entiendes ahora por qué no me gusta que la muevas?- había olvidado lo sensible que era en cuanto a su guitarra.
-Ya, ya... lo siento.
-¿Y si se hubiera roto? ¿Eh?
-Ya dije que lo siento.
-Buenos días, Tom.- Cami entró a la habitación sonriente, haciéndole dejar de lado su instrumento y relajarlo.
-Buen día, Cami.
-¿Por qué tanto alboroto?
-Mi querido hermano movió mi guitarra.
-Ah, ya. Tom: ¿no es mucho exagerar?
-Eso creo.- sonrió. Sí, claro: con los demás es más tranquilo, pero conmigo es todo una molestia.
Cristal y su padre entraron detrás de ella, saludándolo. -Tú debes ser Tom, ¿cierto? Las chicas me han hablado de tí un poco.
Tom pasó una de sus manos por su cabeza y con la otra le saludó. -Mucho gusto señor...
-Ah, por favor: díganme Richard. Eso de señor... como que no me agrada mucho.
Las cosas estaban de maravilla... iban de maravilla, hasta que algo en el aire cambió el ambiente.
-Mi padre ha venido a verte.- me dijo aún con la respiración agitada. Me puse nervioso... y un poco preocupado. Ni siquiera me daba tiempo de cambiarme o ponerme un poco más presentable.
La tomé de la mano, diciéndole que todo estaría bien y que me moría de ganas de conocerlo. Lo dije tratando de calmarla... tal vez para calmarme más a mí que a ella.
Desvié la mirada a sus espaladas, viendo a su hermana y a un hombre de mediana edad, dentro de un abrigo café. Por su gesto de nerviosismo, supuse era su padre. No se veía a como lo pintaba Cristal: parecía buen hombre, bastante alegre.
-Buenos días, señor.- me presenté con un apretón de manos. -Soy...
-Bill Kaulitz, lo sé. El chico que me robó el corazón de mi hija.- sonrió.
-Papá...- Cristal quiso detener la plática... o así me dió la impresión, pero antes que dijera algo más,le pedí que le dejara continuar.
-El mismo, señor. Lo siento.- les ofrecí sentarce en la bardilla. Hacía frío y lo mejor era pasar a la salilla, pero Tom se había quedado dormido, como siempre,en el sofá y cuando uno lo despierta se pone de mal humor.
-Dime algo, Bill, ¿en verdad quieres a mi muñeca?- abrazó fuertemente a mi chica... a su hija, como temiendo perderla para siempre.
-Con mi vida, señor.
-Llámame Richard.
-Richard.- repetí en una sonrisa. Parecía que me lo estaba ganando. -La quiero con toda el alma. Ja más le haría daño...
-¿Cómo estoy seguro que lo que dices es real?
-Yo daría mi vida por ella, si fuera necesario... sin pensarlo dos veces. Ella ya es dueña de mi corazón...
-Y él del mío, papá.- le dijo firmemente. -Lo quiero...
-La amo.- los tres sonrieron. -En verdad la amo. Jamás... tenga por seguro que jamás la lastimaré ni le harán daño mientras esté conmigo.
Se quedó un momento en silencio. La dejó ir lentamente hacia mí; su hermana nos observaba con dulzura.
-Confiaré en tí, muchacho.- se acercó, poniendo su mano en mi hombro. -Quiero que sepas que ellas son lo más preciado para mí... que son mi todo y me mataría el saber que les han hecho daño.
-Sé exactamente lo que quiere decir. No se preocupe, cuidaré bien de las dos.
-¿Qué acaso piensas quedarte con mis dos niñas?- dijo en una carcajada.
-No, pero puesto que Cami es hermana de mi novia, pasa a ser parte de mi familia también. Algo asi como...
-Como su hermana menor.- completó ella.
-¡Bill!- mi hermano gritó desde dentro de la cabaña. -¡Bill!
Me disculpé y entré a prisa. -Maldita sea... ¡Bill!
-¿Qué pasa? ¿Por qué gritas así? ¿Qué no sabes que tenemos visitas?
-¿Se te olvida que no debes tocar mi guitarra?- estaba sosteniendo su instrumento.
-No se me olvida. La moví un poco, nada más.
-¿Y se puede saber para qué?
-Estaba sobre mis cosas. ¿Por qué tanto alboroto?
-Se cayó.- hay, por Dios, ¿así o más dramático? -¿Entiendes ahora por qué no me gusta que la muevas?- había olvidado lo sensible que era en cuanto a su guitarra.
-Ya, ya... lo siento.
-¿Y si se hubiera roto? ¿Eh?
-Ya dije que lo siento.
-Buenos días, Tom.- Cami entró a la habitación sonriente, haciéndole dejar de lado su instrumento y relajarlo.
-Buen día, Cami.
-¿Por qué tanto alboroto?
-Mi querido hermano movió mi guitarra.
-Ah, ya. Tom: ¿no es mucho exagerar?
-Eso creo.- sonrió. Sí, claro: con los demás es más tranquilo, pero conmigo es todo una molestia.
Cristal y su padre entraron detrás de ella, saludándolo. -Tú debes ser Tom, ¿cierto? Las chicas me han hablado de tí un poco.
Tom pasó una de sus manos por su cabeza y con la otra le saludó. -Mucho gusto señor...
-Ah, por favor: díganme Richard. Eso de señor... como que no me agrada mucho.
Las cosas estaban de maravilla... iban de maravilla, hasta que algo en el aire cambió el ambiente.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Mi Novio
Cristal:
Los días pasaban. En compañía de Yos, ibamos a la pequeña cabaña escondida a las afueras de la ciudad. Cami y Abii habían salido de vacaciones, así que las llevábamos con nosotras... no sólo porque les gustaba psar el tiempo con los chicos,sino que así el padre de Abii no pagaba niñera, ya que Tom servía igual.
Mi padre no sabía nada de ésto, sólo que salíamos a pasear después del trabajo. Creía que sólo era por motivos de amistad con las chicas... jamás sospechó nada, pero no podíamos tenerlo en secreto por siempre.
-¿En qué piensas, amor?- Era un día lluvioso, igual a cuando estuvimos por primera vez aquí.
-En mi padre...
-De nuevo.
-Sí... de nuevo.- Estábamos sentados en los escalones. Bill me abrazaba por detrás, cubriéndome con una frasada. Tom estaba dentro, con las demás... sólo escuchábamos las risas. -Sabes que él aún no...
-Tenemos que decirle entonces.
-¿Y si reacciona mal?
-¿Siempre tienes malos presentimientos de tu padre?
-Es que es muy distante.Casi no pasa tiempo con nosotras desde que nuestra madre murió... hace ya como 7... quizás 8 o 9 años... perdí la cuenta.
-Cuánto lo siento.
-No deberías. A ella casi no la conocimos. Se la vivía de viaje en viaje. Siempre trabajando. Se puede decir que crecimos solas.
-Ahora ya no tendrán que estar más solas.- me aferró más a él. -Porque ni Tom ni yo dejaremos que esten solas de nuevo.
-Gracias, mi vida.- Nos quedamos en silencio, viéndo la lluvia caer.
En cuanto regresamos a casa, papá ya nos esperaba en la sala, sentado en su sillón, con la televisión encendida, como siempre. -Pensé que ya no llegarían a dormir.
-Hola, papá.- Cami se acercó a él y besó su mejilla a manera de saludo. Yo me limité a saludarlo desde la entrada. -Hola.
-Hola, pequeñas. ¿Qué tal la lluvia?
-Hermosa.- Me disponía a retirarme a mi habitación.
-Cristal... tenemos que hablar.- Regresé sobre mis pasos, situándome a su lado. -Cami, ¿podrías dejarnos solos?- Ella no puso peros. Se fue a la cocina.
-Dime.
-La verdad: Ya van tres días...
-Cuatro.
-...Cuatro días que salen después del trabajo. Me han dicho que las han visto afuera de la ciudad.- una descarga de nerviosismo recorrió mi espalda. -Y que se pierden después por varias horas... y, guiándome por supociciones... no vas a diverirte con tus amigas... ¿cierto?
-Yo... nosotras...
-Sabes que puedes decírmelo, muñeca.- Mi hermana y yo eramos sus muñecas y, como tales, éramos sus más grandes tesoros... según no shabía dicho una vez, pero hace ya mucho de eso.
-Bueno, nosotras...
-Ella tiene novio, papá.- Dijo mi querida hermanita desde la cocina. -Y es lindo, y caballeroso y amable y talentoso y...
-¿Y puedo saber cómo se llama?- djo en una sonrisa. parecía que lo iba a tomar mejor de lo que me imaginé.
-Él... bueno...- empecé a retorcer mis manos. -...él... él es...- Volteé a ver a Cami, pidiéndole ayuda. Ella me sacaba muy a menudo de los problemas y sabía que podía decírselo sin problemas.
-Es Bill.- y,como esperaba, no me falló.
-Bill... ¿Tiene apellido ese tal Bill, muñeca?
-Es Bill Kaulitz, papá.- la vió interrogante. -Sí, Bill... el Bill que canta en Tokio Hotel. El vocalista de la banda alemana...
-¿Ese chico? ¿Es en serio?- giró a verme.
-Sí.
-¿Cuánto llevan?
-Unos días.
-¿Y cuándo podré conocerlo?
-Mañana iremos de nuevo. Sólo se quedarán una semana y queremos aprovecharlos.- Aunque también me metía en problemas muy seguido.
-Mañana entonces.- sonrió una vez más y volvió a su programa.
Subimos a mi habitación. -¿Por qué tenías que sugerirle ir mañana?
-Es mejor que lo conozca cuanto antes.
-Pero... ¿cómo le avisaré a Bill? No quiero que sea sorpresa...
-Será una sorpresa linda.- Nos quedamos un rato más sentadas en el balcón, viendo las estrellas, hasta quedarnos dormidas, cerca de las 2 de la madrugada.
Al día siguiente, papá no fue a trabajar. -Me gustaría...- dijo poniéndoce su abrigo, ya que estaba baja la temperatura. -...que no fueras a trabajar hoy, Cris.
-¿Puedo preguntar a qué se debe eso?
-Ya hablé con Yos y está de aacuerdo.- Tomó las llaves de su auto y llamó a Cami, que estaba en la cocina.
-Eso está bien, pero dime por qué.
-Ya después nos alcanzará junto con esa niña a la que tanto afecto le tienen.- Ynos pidió que subiéramos al vehículo.
-Papá, ¿tenemos que ir tan pronto?- ella subió al frente, con él.
-Sí, sí tenemos qué.
-¿Que nadie piensa decirmelo que traman?- nadie respondió. Me concentré en mirar através de la ventana, hasta que comencé a reconocer el camino.
-No es cierto...- Nos estábamos desviando a la cabañuela. -No podemos llegar así.
-¿Por qué no?
-Tal vez sigan dormidos.
-Ese pretexto no es válido, hermanita. Ya son las 12.
-Sí, pero Tom duerme a veces hasta más tarde.
-Ya, ya. Nada vale ahora.- Mi padre estaba sonriendo ampliamente. Tal vez por nerviosismo, tal vez por tratar de ocultar lo que en verdad sentía... o quizás, sólo quizás... estaba contento.
Llegamos a la cabañita. Bill estaba afuera, sentado en la barda, con un cuadernillo sobre las piernas. En cuanto se detuvo el auto, bajé y corrí a su lado.
-¡Hola, amor!- me besó a manera de saludo. -No te esperaba ahora.
-Es que... es que.
-¿Es que qué?
-Mi padre ha venido a verte.
Los días pasaban. En compañía de Yos, ibamos a la pequeña cabaña escondida a las afueras de la ciudad. Cami y Abii habían salido de vacaciones, así que las llevábamos con nosotras... no sólo porque les gustaba psar el tiempo con los chicos,sino que así el padre de Abii no pagaba niñera, ya que Tom servía igual.
Mi padre no sabía nada de ésto, sólo que salíamos a pasear después del trabajo. Creía que sólo era por motivos de amistad con las chicas... jamás sospechó nada, pero no podíamos tenerlo en secreto por siempre.
-¿En qué piensas, amor?- Era un día lluvioso, igual a cuando estuvimos por primera vez aquí.
-En mi padre...
-De nuevo.
-Sí... de nuevo.- Estábamos sentados en los escalones. Bill me abrazaba por detrás, cubriéndome con una frasada. Tom estaba dentro, con las demás... sólo escuchábamos las risas. -Sabes que él aún no...
-Tenemos que decirle entonces.
-¿Y si reacciona mal?
-¿Siempre tienes malos presentimientos de tu padre?
-Es que es muy distante.Casi no pasa tiempo con nosotras desde que nuestra madre murió... hace ya como 7... quizás 8 o 9 años... perdí la cuenta.
-Cuánto lo siento.
-No deberías. A ella casi no la conocimos. Se la vivía de viaje en viaje. Siempre trabajando. Se puede decir que crecimos solas.
-Ahora ya no tendrán que estar más solas.- me aferró más a él. -Porque ni Tom ni yo dejaremos que esten solas de nuevo.
-Gracias, mi vida.- Nos quedamos en silencio, viéndo la lluvia caer.
En cuanto regresamos a casa, papá ya nos esperaba en la sala, sentado en su sillón, con la televisión encendida, como siempre. -Pensé que ya no llegarían a dormir.
-Hola, papá.- Cami se acercó a él y besó su mejilla a manera de saludo. Yo me limité a saludarlo desde la entrada. -Hola.
-Hola, pequeñas. ¿Qué tal la lluvia?
-Hermosa.- Me disponía a retirarme a mi habitación.
-Cristal... tenemos que hablar.- Regresé sobre mis pasos, situándome a su lado. -Cami, ¿podrías dejarnos solos?- Ella no puso peros. Se fue a la cocina.
-Dime.
-La verdad: Ya van tres días...
-Cuatro.
-...Cuatro días que salen después del trabajo. Me han dicho que las han visto afuera de la ciudad.- una descarga de nerviosismo recorrió mi espalda. -Y que se pierden después por varias horas... y, guiándome por supociciones... no vas a diverirte con tus amigas... ¿cierto?
-Yo... nosotras...
-Sabes que puedes decírmelo, muñeca.- Mi hermana y yo eramos sus muñecas y, como tales, éramos sus más grandes tesoros... según no shabía dicho una vez, pero hace ya mucho de eso.
-Bueno, nosotras...
-Ella tiene novio, papá.- Dijo mi querida hermanita desde la cocina. -Y es lindo, y caballeroso y amable y talentoso y...
-¿Y puedo saber cómo se llama?- djo en una sonrisa. parecía que lo iba a tomar mejor de lo que me imaginé.
-Él... bueno...- empecé a retorcer mis manos. -...él... él es...- Volteé a ver a Cami, pidiéndole ayuda. Ella me sacaba muy a menudo de los problemas y sabía que podía decírselo sin problemas.
-Es Bill.- y,como esperaba, no me falló.
-Bill... ¿Tiene apellido ese tal Bill, muñeca?
-Es Bill Kaulitz, papá.- la vió interrogante. -Sí, Bill... el Bill que canta en Tokio Hotel. El vocalista de la banda alemana...
-¿Ese chico? ¿Es en serio?- giró a verme.
-Sí.
-¿Cuánto llevan?
-Unos días.
-¿Y cuándo podré conocerlo?
-Mañana iremos de nuevo. Sólo se quedarán una semana y queremos aprovecharlos.- Aunque también me metía en problemas muy seguido.
-Mañana entonces.- sonrió una vez más y volvió a su programa.
Subimos a mi habitación. -¿Por qué tenías que sugerirle ir mañana?
-Es mejor que lo conozca cuanto antes.
-Pero... ¿cómo le avisaré a Bill? No quiero que sea sorpresa...
-Será una sorpresa linda.- Nos quedamos un rato más sentadas en el balcón, viendo las estrellas, hasta quedarnos dormidas, cerca de las 2 de la madrugada.
Al día siguiente, papá no fue a trabajar. -Me gustaría...- dijo poniéndoce su abrigo, ya que estaba baja la temperatura. -...que no fueras a trabajar hoy, Cris.
-¿Puedo preguntar a qué se debe eso?
-Ya hablé con Yos y está de aacuerdo.- Tomó las llaves de su auto y llamó a Cami, que estaba en la cocina.
-Eso está bien, pero dime por qué.
-Ya después nos alcanzará junto con esa niña a la que tanto afecto le tienen.- Ynos pidió que subiéramos al vehículo.
-Papá, ¿tenemos que ir tan pronto?- ella subió al frente, con él.
-Sí, sí tenemos qué.
-¿Que nadie piensa decirmelo que traman?- nadie respondió. Me concentré en mirar através de la ventana, hasta que comencé a reconocer el camino.
-No es cierto...- Nos estábamos desviando a la cabañuela. -No podemos llegar así.
-¿Por qué no?
-Tal vez sigan dormidos.
-Ese pretexto no es válido, hermanita. Ya son las 12.
-Sí, pero Tom duerme a veces hasta más tarde.
-Ya, ya. Nada vale ahora.- Mi padre estaba sonriendo ampliamente. Tal vez por nerviosismo, tal vez por tratar de ocultar lo que en verdad sentía... o quizás, sólo quizás... estaba contento.
Llegamos a la cabañita. Bill estaba afuera, sentado en la barda, con un cuadernillo sobre las piernas. En cuanto se detuvo el auto, bajé y corrí a su lado.
-¡Hola, amor!- me besó a manera de saludo. -No te esperaba ahora.
-Es que... es que.
-¿Es que qué?
-Mi padre ha venido a verte.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Regresando al Principio
Bill:
Tenía que disculparme, pero no era muy bueno en eso. -Cristal, escucha... yo...- ella me miraba atenta, sin decir nada. -...yo... ayer...
-Bill.- Por fin habló. Puso un dedo sobre mis labios para callarme. -Ayer me dejaste en silencio. No supe qué pensar más que ya no te importaba... que no estabas seguro de lo que sentías... y pensé que tus besos eran falsos.- Sus palabras me hicieron sentirme aún más miserable. -Dime que estoy equivocada... dime que todavía te importo.- Pensé que me diría que ya no le importaba nada de ésto; que ya no queria verme, porque sentí que lo que había hecho había sido gravísimo y, en cuanto me dijo eso, me sentí aliviado.
-Me importas... y mucho.- me relajé un poco al tiempo que ella sonreía. -Lamento el haber actuado así ayer, pero estaba...
-Nervioso. Lo sé. Cami supo verlo mejor que yo.
-¿Entonces qué piensas ahora?
-Mmm...- se quedó pensando un buen rato. -Que aún quiero que te quedes conmigo para siempre.
Me llenó de felicidad el escucharla. Me acerqué a ella, dispuesto a besarla, pero alguien se interpuso en mi camino.
-¡Hey! ¿Se les olvida que están en público?- Cami caminaba por delante de los demás. -Además, que yo sepa, todavía no son novios.
-En eso tiene razón, Bill.- Tom parecía niñera con Abii de la mano. Se veía... no sé... tierno.
-¿Ya arreglaron sus cosas?- preguntó inocentemente la pequeña.
-Sí, ya está todo mejor.
-Entonces podemos irnos.
-¿Por qué la prisa?
-A Abii le gustó la cabaña y quiere ir lo más pronto posible.
Regresamos al hotel, después de haber conocido al padre de la pequeña y pedirle permiso para que se quedara con nosotros un poco más y nos ayudara a acomodarnos en nuestro hogar provisional.
"Parecen buenos chicos" nos había dicho. "Si, soy el mejor de todos, señor." y eso le había respondido mi hermano, haciéndolo reír. Mr. Ego no se podía resistir a sus comentarios...
David y Nathaly nos ayudaron a empacar y llegar.
La camioeta iba seguida del auto del padre de Abii... creo que aún no nos tenía la confianza suficiente como para dejarlas solas con nosotros de nuevo.
-Llegamos.- David bajó por delante, revisando el lugar con la mirada. -¿Seguros que estarán bien?
-Por centésima vez: sí, David, estaremos bien.- Tom hizo gesto de fastidio. Yo me dediqué a caminar hasta el vehículo y ayudar a bajar a las chicas.
-Eres todo un caballero, Bill.- dijo el señor. -Eso es admirable en un chico de hoy.
-Gracias.- le agradecí en una sonrisa.
Terminaron de bajar y entramos. David y Nathaly se quedaron hablando cosas de seguridad y eso... éramos como un par de niños con niñera... nada agradable.
-Bill...- Cristal tomó mi mano y me apartó un poco del resto. -¿Tienes tiempo?
-Para tí todo el del mundo.- sonrió.
-Creo que es hora de que aclaremos las cosas entre nosotros. ¿No?
-¿Aclarar?
-Sí. Es que...- salimos y nos sentamos en una pequeña barda del frente. -...¿qué somos? ¿conocidos, amigos o qué?
Tomé aire y le respondí muy seguro ya de lo que quería. -Yo a tí ya te concideraba una gran amiga desde antes de conocerte...- tomé sus manos entre las mías. -... pero ahora...- cerró los ojos. -...ahora...- no me pude resistir al ver su carita toda dulce y tierna. Me acerqué a ella, aprovechando que tenía cerrados los ojos, la besé. -Ahora quiero que seas mi novia...
Abrió los ojos y clavó su mirada en la mía. -¿No... novia?
-Sí. ¿Qué dices?
-Que es... maravilloso.- casi lo dijo en un susurro. -Y muy pronto, ¿no crees? A penas me conoces... ¿cómo sabes si soy la indicada o no?
-Sólo lo sé.- la volví a besar.
Abii y el resto salieron de la cabaña. -¡Hey! ¿Qué piensan que hacen?
-Hemanita, te presento a tu cuñado.- dijo cerradno un ojo. -¿Qué te parece?
-¿Es en serio?
-Sip.
-¡Genial!- Cami se echó en mis brazos. El resto le imitó e,incluso el padre de Abii, nos felicitó.
Ahora sí, todo está en orden y bien en mi vida...
Tenía que disculparme, pero no era muy bueno en eso. -Cristal, escucha... yo...- ella me miraba atenta, sin decir nada. -...yo... ayer...
-Bill.- Por fin habló. Puso un dedo sobre mis labios para callarme. -Ayer me dejaste en silencio. No supe qué pensar más que ya no te importaba... que no estabas seguro de lo que sentías... y pensé que tus besos eran falsos.- Sus palabras me hicieron sentirme aún más miserable. -Dime que estoy equivocada... dime que todavía te importo.- Pensé que me diría que ya no le importaba nada de ésto; que ya no queria verme, porque sentí que lo que había hecho había sido gravísimo y, en cuanto me dijo eso, me sentí aliviado.
-Me importas... y mucho.- me relajé un poco al tiempo que ella sonreía. -Lamento el haber actuado así ayer, pero estaba...
-Nervioso. Lo sé. Cami supo verlo mejor que yo.
-¿Entonces qué piensas ahora?
-Mmm...- se quedó pensando un buen rato. -Que aún quiero que te quedes conmigo para siempre.
Me llenó de felicidad el escucharla. Me acerqué a ella, dispuesto a besarla, pero alguien se interpuso en mi camino.
-¡Hey! ¿Se les olvida que están en público?- Cami caminaba por delante de los demás. -Además, que yo sepa, todavía no son novios.
-En eso tiene razón, Bill.- Tom parecía niñera con Abii de la mano. Se veía... no sé... tierno.
-¿Ya arreglaron sus cosas?- preguntó inocentemente la pequeña.
-Sí, ya está todo mejor.
-Entonces podemos irnos.
-¿Por qué la prisa?
-A Abii le gustó la cabaña y quiere ir lo más pronto posible.
Regresamos al hotel, después de haber conocido al padre de la pequeña y pedirle permiso para que se quedara con nosotros un poco más y nos ayudara a acomodarnos en nuestro hogar provisional.
"Parecen buenos chicos" nos había dicho. "Si, soy el mejor de todos, señor." y eso le había respondido mi hermano, haciéndolo reír. Mr. Ego no se podía resistir a sus comentarios...
David y Nathaly nos ayudaron a empacar y llegar.
La camioeta iba seguida del auto del padre de Abii... creo que aún no nos tenía la confianza suficiente como para dejarlas solas con nosotros de nuevo.
-Llegamos.- David bajó por delante, revisando el lugar con la mirada. -¿Seguros que estarán bien?
-Por centésima vez: sí, David, estaremos bien.- Tom hizo gesto de fastidio. Yo me dediqué a caminar hasta el vehículo y ayudar a bajar a las chicas.
-Eres todo un caballero, Bill.- dijo el señor. -Eso es admirable en un chico de hoy.
-Gracias.- le agradecí en una sonrisa.
Terminaron de bajar y entramos. David y Nathaly se quedaron hablando cosas de seguridad y eso... éramos como un par de niños con niñera... nada agradable.
-Bill...- Cristal tomó mi mano y me apartó un poco del resto. -¿Tienes tiempo?
-Para tí todo el del mundo.- sonrió.
-Creo que es hora de que aclaremos las cosas entre nosotros. ¿No?
-¿Aclarar?
-Sí. Es que...- salimos y nos sentamos en una pequeña barda del frente. -...¿qué somos? ¿conocidos, amigos o qué?
Tomé aire y le respondí muy seguro ya de lo que quería. -Yo a tí ya te concideraba una gran amiga desde antes de conocerte...- tomé sus manos entre las mías. -... pero ahora...- cerró los ojos. -...ahora...- no me pude resistir al ver su carita toda dulce y tierna. Me acerqué a ella, aprovechando que tenía cerrados los ojos, la besé. -Ahora quiero que seas mi novia...
Abrió los ojos y clavó su mirada en la mía. -¿No... novia?
-Sí. ¿Qué dices?
-Que es... maravilloso.- casi lo dijo en un susurro. -Y muy pronto, ¿no crees? A penas me conoces... ¿cómo sabes si soy la indicada o no?
-Sólo lo sé.- la volví a besar.
Abii y el resto salieron de la cabaña. -¡Hey! ¿Qué piensan que hacen?
-Hemanita, te presento a tu cuñado.- dijo cerradno un ojo. -¿Qué te parece?
-¿Es en serio?
-Sip.
-¡Genial!- Cami se echó en mis brazos. El resto le imitó e,incluso el padre de Abii, nos felicitó.
Ahora sí, todo está en orden y bien en mi vida...
lunes, 6 de diciembre de 2010
"Vamos a Verlos."
Bill:
Todos se fueron a dormir, menos yo. Me acosté en la cama, con la vista clavada en el techo, repasando mil veces el rostro de Cristal mientras se alejaban del hotel.
-Tonto... Idiota...- me recriminaba a mí mismo. ¿Cómo demonios no pude ni siquiera abrazarla? -Estúpido...- Ni siquiera pude despedirla con una sonrisa... Maldición. -...Tarado...
-Farsante... cabeza hueca...- Tom apareció en la puerta, completando con más insultos. Ni siquiera me dí cuenta de cuando entró. -No creas que no es divertido decirte tus verdades pero, ¿no es algo tarde para estar haciéndolo?- ni siquiera me molesté en contestar. Seguí acostado, con la mirada en él. -¿Qué pasa?
-Nada.- Por suerte, no podíamos ocultarnos nada y no hacían falta palabras para saber lo que pasaba.
-Parecía triste cuando se fue.
-Lo sé.- Se acercó y se sentó a mi lado, clavando su mirada en mí.
-Dijimos que nos quedaríamos una semana...- y no se le ocurría decir nada de lo que me había pasado. -...Quizá mañana las véamos después de dejar a los chicos en el aeropuerto.
-¿Por qué, Tom?
-Porque tienen que regresar a Alemania.
-Eso no, tonto. ¿Por qué no pude hacer nada?
-Si hiciste algo.
-¿Sí?
-Sí: te quedaste parado como tonto, sin hablar, sin nada... Vaya:ni siquiera agitaste la mano.
-Eres un idiota.- le dije molesto, dándole la espalda. Escuché com una risa pequeña escapa de su boca. Le encantaba molestarme.
-Tal vez mi hermanito es demasiado tímido con las mujeres...- posó su mano en mi hombro. -...o eres pésimo para las despedidas.- y se rió de nuevo.
-No séqué me pasó. No pude hacer nada... ni siquiera pude acercármele... es... ¡ah!- me desesperaba el recordar la escena. -Tom...
-¿Sí?
-Soy un idiota.
-Ya era hora que lo reconocieras.- Y el muy maldito seguía riéndo
-¿Esperas que me sienta mejor con tus bromas de mal gustoo qué?
-No es para que te enojes, Bill. Mira: mañana de seguro vendrán a vernos por la tarde y ya podrás arreglar las cosas.
-¿Y si me pasa lo mismo?
-Entonces eso quiere decir que ya no tienes remedio.- Se levantó y salió de la habitación sin agregar nada más.
Cristal:
La noche pasó sin más contratiempos. Pude dormir como una hora... si no es que menos... no me importaría de no ser por el trabajo... tenemos que llegar temprano o perderemos la clientela.
Yos me llamó temprano. Maldición... y tengo que llevar a Cami al colegio, porque a nuestro padre se le ocurrió aceptar horas extra.
-¡¡¡Cristaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaal!!!- mi hermana entró gritando a mi habitación y saltó sobre la cama... se estaba haciéndo tarde y tenía que levantarme a como diera lugar.
-¡Ya, ya!- Dibujé una sonrisa, tratando de borrar la cara de indiferencia de Bill en nuestra despedida. -Ya voy, ¿sí? En cinco minutos me levanto.
-¡No, no y no! Eso decías cuando ibas en la escuela y siempre llegabas tarde.
-¿Y tú cómo sabes?
-La maestra Luz me lo dijo.
-Ok, ya. Déjame visto y en seguida bajo, ¿de acuerdo?
-Esta bien.- salió sin decir nada más... raro en ella. Normalmente me insiste de más y terminamos con un aguerra de almohadas.
Me estiré y me dirigí al clóset. Saqué una faldilla negra y una blusa blanca. Al verme en el espejo mientras me abrochaba la blusa,pude ver claramente el rostro de Bill,con esa hermosa sonrisa y su mirada tan dulce... que se rompió al recodar su frialdad al término de nuestra estancia con ellos.
-¡Cristal!
-Ya voy, ya voy.
Bajé a prisa y fuimos a su colegio. Los parques me recordaban tanto a él:esa tranquilidad... esa magia que nos había rodeado por unas horas... todo me lo traía a la mente.
-Hoy iremos a verlos, ¿verdad?
-¿Qué?
-Hoy Gus y Geo se van. Tom me dijo que podíamos ir si queráimos despedirnos.
-¿Yos y Abii lo saben?
-La única que no lo sabía eras tú.
-Les diré que si pueden llevarte.- Le decía como si estuviera ausente.
-¿Tú no irás?- Se paró en seco,a unos pasos detrás de mí y a unas calles de llegar.
-Tengo mucho trabajo, Cami.
-Pero ellos querrán que te despidas...
-Deseales un buen viaje de mi parte,¿si?
-No quieres ver a Bill.- Sus palabras me hicieron voltear a verla. -Me dí cuenta que ni siquiera te dijo adiós.- y clavé mi mirada en la de ella. -Pero no fue porque no le imprtaras. Se puso nervioso.- Tal vez tenía razón... siempre tenía razón a pesar de ser más pequeña que yo.
-Si voy, ¿quién me asegura que actuará como cuando nos conocimos?- aún así no quería darle mucho crédito.
-Tienes que confiar.
-Trataré.
Ya con ella en el colegio y yo en la tienda en compañía de Yos, me detuve a pensar mejor las cosas. -¿Irás, Cristal?
-No sé. Quizás.
-Anda,vamos.- Abii había salido temprano del colegio. -A Bill y a los G's les dará gusto verte de nuevo.
-¿Y qué hay de Tom?
-Y también a Tomi.- dibujó una amplia sonrisa.
-¡Buenos días!- el padre de la pequeña apareció en la entrada. -Abii, pensé que no halabas en serio cuando me dijiste que pasarías directamente con ellas.
-Hola, papá. Es que tenemos que ir a despedirnos de unos amigos al aeropuerto.
-Entonces llego justo a tiempo. Vamos, las llevo.
-Pero mi hermana...
-¡Presente!
-¿Qué haces en el auto del señor...?
-Salí temprano. Me encontró a unas calles.- Fantástico: ahora no tenía pretexto para quedarme. Subimos y el camino al aeropuerto fue de los más tortuoso.
Bill:
Geo y Gustav estaban con sus maletas, esperando la salidade su vuelo. - No creo que lleguen.
-Llegarán, no te desesperes.
-Si no llegan tendrán una buena excusa, ya verás, Gus.- mientras Gustav se desesperaba por ver una vez más a Yos, o me mantenía en silencio.
-¡Hey, chicos!- cuando los gritos animados de Yos y Cami robaron mi atención. Todas ellas venáin en una comitiva de despedida, con Cristal detrás.
Se dirigió directamente a saludar a los chicos, haciéndome a un lado.
Platicaron durante un bun rato, hasta que llegó el momento de que partieran. comenzaron por despedirce de las chicas; siguieron con Tom, Davbvid, Nathaly y el resto que se quedaría un poco más, como nosotros,para terminar onmigo.
-Si no quieres perderla, será mejor que hables con ella ahora que puedes.-Me susurró Geo, seguido de un "hasta pronto".
-No cometas otra tontería como la de ayer de quedarte callado,Bill.- Incluso Gustav me echaba en cara mi error, seguido también de un "nos vemos luego".
Estuvimos algún tiempo viendo cómo cruzaban el pasillo para abordar el vuelo. -¿Qué les parece si comemos algo?- Nos quedamos juntos hasta que mi hermano las invitó a ir a la cafetería, lo que aceptarón de inmediato, dejándonos solos.
-Cristal...- me sentía tan tonto aún... ni siquiera podía hablar bien: sólo podía susurrar. -Cristal...- y como no me esuchaba, tuve que tomarla del brazo. Ella volteó a verme sin alterarse. -Tengo que hablarte.
-Esta bien.
Ahora sólo faltaba disculparme por haber sido tan "frío" ayer y pedirle que fuera mi novia formalmente.
Todos se fueron a dormir, menos yo. Me acosté en la cama, con la vista clavada en el techo, repasando mil veces el rostro de Cristal mientras se alejaban del hotel.
-Tonto... Idiota...- me recriminaba a mí mismo. ¿Cómo demonios no pude ni siquiera abrazarla? -Estúpido...- Ni siquiera pude despedirla con una sonrisa... Maldición. -...Tarado...
-Farsante... cabeza hueca...- Tom apareció en la puerta, completando con más insultos. Ni siquiera me dí cuenta de cuando entró. -No creas que no es divertido decirte tus verdades pero, ¿no es algo tarde para estar haciéndolo?- ni siquiera me molesté en contestar. Seguí acostado, con la mirada en él. -¿Qué pasa?
-Nada.- Por suerte, no podíamos ocultarnos nada y no hacían falta palabras para saber lo que pasaba.
-Parecía triste cuando se fue.
-Lo sé.- Se acercó y se sentó a mi lado, clavando su mirada en mí.
-Dijimos que nos quedaríamos una semana...- y no se le ocurría decir nada de lo que me había pasado. -...Quizá mañana las véamos después de dejar a los chicos en el aeropuerto.
-¿Por qué, Tom?
-Porque tienen que regresar a Alemania.
-Eso no, tonto. ¿Por qué no pude hacer nada?
-Si hiciste algo.
-¿Sí?
-Sí: te quedaste parado como tonto, sin hablar, sin nada... Vaya:ni siquiera agitaste la mano.
-Eres un idiota.- le dije molesto, dándole la espalda. Escuché com una risa pequeña escapa de su boca. Le encantaba molestarme.
-Tal vez mi hermanito es demasiado tímido con las mujeres...- posó su mano en mi hombro. -...o eres pésimo para las despedidas.- y se rió de nuevo.
-No séqué me pasó. No pude hacer nada... ni siquiera pude acercármele... es... ¡ah!- me desesperaba el recordar la escena. -Tom...
-¿Sí?
-Soy un idiota.
-Ya era hora que lo reconocieras.- Y el muy maldito seguía riéndo
-¿Esperas que me sienta mejor con tus bromas de mal gustoo qué?
-No es para que te enojes, Bill. Mira: mañana de seguro vendrán a vernos por la tarde y ya podrás arreglar las cosas.
-¿Y si me pasa lo mismo?
-Entonces eso quiere decir que ya no tienes remedio.- Se levantó y salió de la habitación sin agregar nada más.
Cristal:
La noche pasó sin más contratiempos. Pude dormir como una hora... si no es que menos... no me importaría de no ser por el trabajo... tenemos que llegar temprano o perderemos la clientela.
Yos me llamó temprano. Maldición... y tengo que llevar a Cami al colegio, porque a nuestro padre se le ocurrió aceptar horas extra.
-¡¡¡Cristaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaal!!!- mi hermana entró gritando a mi habitación y saltó sobre la cama... se estaba haciéndo tarde y tenía que levantarme a como diera lugar.
-¡Ya, ya!- Dibujé una sonrisa, tratando de borrar la cara de indiferencia de Bill en nuestra despedida. -Ya voy, ¿sí? En cinco minutos me levanto.
-¡No, no y no! Eso decías cuando ibas en la escuela y siempre llegabas tarde.
-¿Y tú cómo sabes?
-La maestra Luz me lo dijo.
-Ok, ya. Déjame visto y en seguida bajo, ¿de acuerdo?
-Esta bien.- salió sin decir nada más... raro en ella. Normalmente me insiste de más y terminamos con un aguerra de almohadas.
Me estiré y me dirigí al clóset. Saqué una faldilla negra y una blusa blanca. Al verme en el espejo mientras me abrochaba la blusa,pude ver claramente el rostro de Bill,con esa hermosa sonrisa y su mirada tan dulce... que se rompió al recodar su frialdad al término de nuestra estancia con ellos.
-¡Cristal!
-Ya voy, ya voy.
Bajé a prisa y fuimos a su colegio. Los parques me recordaban tanto a él:esa tranquilidad... esa magia que nos había rodeado por unas horas... todo me lo traía a la mente.
-Hoy iremos a verlos, ¿verdad?
-¿Qué?
-Hoy Gus y Geo se van. Tom me dijo que podíamos ir si queráimos despedirnos.
-¿Yos y Abii lo saben?
-La única que no lo sabía eras tú.
-Les diré que si pueden llevarte.- Le decía como si estuviera ausente.
-¿Tú no irás?- Se paró en seco,a unos pasos detrás de mí y a unas calles de llegar.
-Tengo mucho trabajo, Cami.
-Pero ellos querrán que te despidas...
-Deseales un buen viaje de mi parte,¿si?
-No quieres ver a Bill.- Sus palabras me hicieron voltear a verla. -Me dí cuenta que ni siquiera te dijo adiós.- y clavé mi mirada en la de ella. -Pero no fue porque no le imprtaras. Se puso nervioso.- Tal vez tenía razón... siempre tenía razón a pesar de ser más pequeña que yo.
-Si voy, ¿quién me asegura que actuará como cuando nos conocimos?- aún así no quería darle mucho crédito.
-Tienes que confiar.
-Trataré.
Ya con ella en el colegio y yo en la tienda en compañía de Yos, me detuve a pensar mejor las cosas. -¿Irás, Cristal?
-No sé. Quizás.
-Anda,vamos.- Abii había salido temprano del colegio. -A Bill y a los G's les dará gusto verte de nuevo.
-¿Y qué hay de Tom?
-Y también a Tomi.- dibujó una amplia sonrisa.
-¡Buenos días!- el padre de la pequeña apareció en la entrada. -Abii, pensé que no halabas en serio cuando me dijiste que pasarías directamente con ellas.
-Hola, papá. Es que tenemos que ir a despedirnos de unos amigos al aeropuerto.
-Entonces llego justo a tiempo. Vamos, las llevo.
-Pero mi hermana...
-¡Presente!
-¿Qué haces en el auto del señor...?
-Salí temprano. Me encontró a unas calles.- Fantástico: ahora no tenía pretexto para quedarme. Subimos y el camino al aeropuerto fue de los más tortuoso.
Bill:
Geo y Gustav estaban con sus maletas, esperando la salidade su vuelo. - No creo que lleguen.
-Llegarán, no te desesperes.
-Si no llegan tendrán una buena excusa, ya verás, Gus.- mientras Gustav se desesperaba por ver una vez más a Yos, o me mantenía en silencio.
-¡Hey, chicos!- cuando los gritos animados de Yos y Cami robaron mi atención. Todas ellas venáin en una comitiva de despedida, con Cristal detrás.
Se dirigió directamente a saludar a los chicos, haciéndome a un lado.
Platicaron durante un bun rato, hasta que llegó el momento de que partieran. comenzaron por despedirce de las chicas; siguieron con Tom, Davbvid, Nathaly y el resto que se quedaría un poco más, como nosotros,para terminar onmigo.
-Si no quieres perderla, será mejor que hables con ella ahora que puedes.-Me susurró Geo, seguido de un "hasta pronto".
-No cometas otra tontería como la de ayer de quedarte callado,Bill.- Incluso Gustav me echaba en cara mi error, seguido también de un "nos vemos luego".
Estuvimos algún tiempo viendo cómo cruzaban el pasillo para abordar el vuelo. -¿Qué les parece si comemos algo?- Nos quedamos juntos hasta que mi hermano las invitó a ir a la cafetería, lo que aceptarón de inmediato, dejándonos solos.
-Cristal...- me sentía tan tonto aún... ni siquiera podía hablar bien: sólo podía susurrar. -Cristal...- y como no me esuchaba, tuve que tomarla del brazo. Ella volteó a verme sin alterarse. -Tengo que hablarte.
-Esta bien.
Ahora sólo faltaba disculparme por haber sido tan "frío" ayer y pedirle que fuera mi novia formalmente.
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