lunes, 13 de diciembre de 2010

Mi Novio

Cristal:
Los días pasaban. En compañía de Yos, ibamos a la pequeña cabaña escondida a las afueras de la ciudad. Cami y Abii habían salido de vacaciones, así que las llevábamos con nosotras... no sólo porque les gustaba psar el tiempo con los chicos,sino que así el padre de Abii no pagaba niñera, ya que Tom servía igual.
Mi padre no sabía nada de ésto, sólo que salíamos a pasear después del trabajo. Creía que sólo era por motivos de amistad con las chicas... jamás sospechó nada, pero no podíamos tenerlo en secreto por siempre.
-¿En qué piensas, amor?- Era un día lluvioso, igual a cuando estuvimos por primera vez aquí.
-En mi padre...
-De nuevo.
-Sí... de nuevo.- Estábamos sentados en los escalones. Bill me abrazaba por detrás, cubriéndome con una frasada. Tom estaba dentro, con las demás... sólo escuchábamos las risas. -Sabes que él aún no...
-Tenemos que decirle entonces.
-¿Y si reacciona mal?
-¿Siempre tienes malos presentimientos de tu padre?
-Es que es muy distante.Casi no pasa tiempo con nosotras desde que nuestra madre murió... hace ya como 7... quizás 8 o 9 años... perdí la cuenta.
-Cuánto lo siento.
-No deberías. A ella casi no la conocimos. Se la vivía de viaje en viaje. Siempre trabajando. Se puede decir que crecimos solas.
-Ahora ya no tendrán que estar más solas.- me aferró más a él. -Porque ni Tom ni yo dejaremos que esten solas de nuevo.
-Gracias, mi vida.- Nos quedamos en silencio, viéndo la lluvia caer.

En cuanto regresamos a casa, papá ya nos esperaba en la sala, sentado en su sillón, con la televisión encendida, como siempre. -Pensé que ya no llegarían a dormir.
-Hola, papá.- Cami se acercó a él y besó su mejilla a manera de saludo. Yo me limité a saludarlo desde la entrada. -Hola.
-Hola, pequeñas. ¿Qué tal la lluvia?
-Hermosa.- Me disponía a retirarme a mi habitación.
-Cristal... tenemos que hablar.- Regresé sobre mis pasos, situándome a su lado. -Cami, ¿podrías dejarnos solos?- Ella no puso peros. Se fue a la cocina.
-Dime.
-La verdad: Ya van tres días...
-Cuatro.
-...Cuatro días que salen después del trabajo. Me han dicho que las han visto afuera de la ciudad.- una descarga de nerviosismo recorrió mi espalda. -Y que se pierden después por varias horas... y, guiándome por supociciones... no vas a diverirte con tus amigas... ¿cierto?
-Yo... nosotras...
-Sabes que puedes decírmelo, muñeca.- Mi hermana y yo eramos sus muñecas y, como tales, éramos sus más grandes tesoros... según no shabía dicho una vez, pero hace ya mucho de eso.
-Bueno, nosotras...
-Ella tiene novio, papá.- Dijo mi querida hermanita desde la cocina. -Y es lindo, y caballeroso y amable y talentoso y...
-¿Y puedo saber cómo se llama?- djo en una sonrisa. parecía que lo iba a tomar mejor de lo que me imaginé.
-Él... bueno...- empecé a retorcer mis manos. -...él... él es...- Volteé a ver a Cami, pidiéndole ayuda. Ella me sacaba muy a menudo de los problemas y sabía que podía decírselo sin problemas.
-Es Bill.- y,como esperaba, no me falló.
-Bill... ¿Tiene apellido ese tal Bill, muñeca?
-Es Bill Kaulitz, papá.- la vió interrogante. -Sí, Bill... el Bill que canta en Tokio Hotel. El vocalista de la banda alemana...
-¿Ese chico? ¿Es en serio?- giró a verme.
-Sí.
-¿Cuánto llevan?
-Unos días.
-¿Y cuándo podré conocerlo?
-Mañana iremos de nuevo. Sólo se quedarán una semana y queremos aprovecharlos.- Aunque también me metía en problemas muy seguido.
-Mañana entonces.- sonrió una vez más y volvió a su programa.
Subimos a mi habitación. -¿Por qué tenías que sugerirle ir mañana?
-Es mejor que lo conozca cuanto antes.
-Pero... ¿cómo le avisaré a Bill? No quiero que sea sorpresa...
-Será una sorpresa linda.- Nos quedamos un rato más sentadas en el balcón, viendo las estrellas, hasta quedarnos dormidas, cerca de las 2 de la madrugada.

Al día siguiente, papá no fue a trabajar. -Me gustaría...- dijo poniéndoce su abrigo, ya que estaba baja la temperatura. -...que no fueras a trabajar hoy, Cris.
-¿Puedo preguntar a qué se debe eso?
-Ya hablé con Yos y está de aacuerdo.- Tomó las llaves de su auto y llamó a Cami, que estaba en la cocina.
-Eso está bien, pero dime por qué.
-Ya después nos alcanzará junto con esa niña a la que tanto afecto le tienen.- Ynos pidió que subiéramos al vehículo.
-Papá, ¿tenemos que ir tan pronto?- ella subió al frente, con él.
-Sí, sí tenemos qué.
-¿Que nadie piensa decirmelo que traman?- nadie respondió. Me concentré en mirar através de la ventana, hasta que comencé a reconocer el camino.
-No es cierto...- Nos estábamos desviando a la cabañuela. -No podemos llegar así.
-¿Por qué no?
-Tal vez sigan dormidos.
-Ese pretexto no es válido, hermanita. Ya son las 12.
-Sí, pero Tom duerme a veces hasta más tarde.
-Ya, ya. Nada vale ahora.- Mi padre estaba sonriendo ampliamente. Tal vez por nerviosismo, tal vez por tratar de ocultar lo que en verdad sentía... o quizás, sólo quizás... estaba contento.
Llegamos a la cabañita. Bill estaba afuera, sentado en la barda, con un cuadernillo sobre las piernas. En cuanto se detuvo el auto, bajé y corrí a su lado.
-¡Hola, amor!- me besó a manera de saludo. -No te esperaba ahora.
-Es que... es que.
-¿Es que qué?
-Mi padre ha venido a verte.

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