lunes, 14 de marzo de 2011

Amargo Despertar

Bill:
Me tenía tan preocupado... no nos dijo a dónde había ido ni por qué había tardado tanto... siempre mantenía esa sonrisa en sus labios, ocultándome algo... escondiendo algo de todos nosotros... y que sólo su hermana parecía adivinar.
Pasaron los días y ella se mantenía activa, sonriente... y de buen humor... o eso aparentaba, pero su mirada permanecía melancólica.
No me atrevía a preguntarle la razón.Ésta vez decidí seguir el consejo de Yos y esperar que ella me dijera todo.
No tuve que esperar mucho.
Una tarde, Tom decidió llevar a Cami a conocer la ciudad... bajo la amenaza de que si la llevaba a algún hotel o la seducía o siquiera intentaba liguarsela, mi chica lo haría arrepentirse de por vida.
-Ya, Cris: no hagas drama. Sólo será un paseo.
-Más te vale, Tom.
-¿No crees que la proteges mucho?
-Cállate, Tomi.- le silenció con una sonrisa y se fueron.
-Eres toda una hermana sobreprotectora- la abracé.
-Lo sé. ¿Qié quieres que haga? Pata mí aún es mi bebé... mi pequeña princesa.- suspiró. alzó la mirada directamente a mi rostro. -Bill...
-¿Qué pasa?
-¿Sabías que te amo?- sonreí.
-¿Sabías que yo te amo mucho más?- la hice sonreir conmigo. Se veía hermoza sonriendo a la escasa luz del recinto.
-Bill...
-¿Qué?
-Ya llevamos dos meses...
-Casi tres.- le interrumpí besándola dulcemente.
-Casi tres...- completó sonriendo. -...y no hemos celebrado nada.
-¿Quieres celebrar los meses atrasados?
-Sería lindo.- ambos reímos un poco.
-¿Quieres salir a cenar?- pasé mis dedos por su rostro.
-Mejor que sea algo más... íntimo. ¿Sí?- mi sonrisa se amplió.
-¿Qué tienes en mente, amor?- supongo que mi mirada la intimidó, porque se puso un poco roja y bajó el rostro.
-Vamos, Bill, no me veas así que quizás no sea lo que estás pensando.
-Yo no he pensado nada. En éstos momentos tengo la mente ocupada...
-¿Ocupada por qué?- regresó su mirada a mi rostro.
-Porque tu imagen lo ocupa todo en mí.- sus ojos se cirstalizaron.
-Bill... eres un amor... ¿sabías?- me besó. -Esperaba que pudiéramos pasar la noche juntos... aprovechando que mi hermana y Tom llegarán tarde.
Le sonreí a manera de respuesta. La tomé de la mano y fuimos a nuestra habitación... la que se había convertido en nuestra habitación desde hacía algunos días.
La besé una vez más y bajé a la cocina, esperando que las botellas de champagne que había escondido de mi hermano sigvuieran en su lugar... afortunadamente seguían en su lugar.
Tomé una junto con un par de copas y regresé a la habitación. Cristal estaba de espaldas a mí, viendo la luna creciente con las manos entrelazadas sobre su pecho. Parecía como una doncella medieval encerrada en una torre... sobre todo por su cabello suelto a la altura de la espalda y ese vestido ligero color azul que se había puesto. O parecía eso o yo, en medio del amor que le tenía, ya estaba enloqueciendo y la veía como algo irreal... como mi ángel personal...
-¿Amor?- dejó la vista nocturna y volteó a verme con una sonrisa que iluminó su rostro. Alcé las copas y le invité a sentarce en el borde de la cama. Abrí la botella y serví un poco a ambos.
Me senté a sus pies, sobre un cojín en el suelo, bebiendo y admirando su rostro: parecía tan sereno...
-Amor... ¿sabes? Te agradezco todo.- me dijo jugueteando con la orilla de la copa. -No eres impaciente como el resto de los chicos...-  la miré atento. -...podemos pasar la noche sólo abrazados, como hasta ahora... sin nada de más.
-No haré nada que no quieras, nena.
-Lo sé. Eres especial.- se agachó, para besarnos, dejando de lado las copas. -Es por eso que ésta noche quiero que sea diferente.- nos levantamos sin separar nuestros labios.
La tomé de la cintura y caímos delicadamente en la cama. -¿Estás egura?- dije colocando las manos a sus costados, viéndola fijamente: estaba un poco roja y se veía muy dulce.
-Quiero que ésta noche sea especial, amor.- sonrió.
Ya seguro de que era lo que quería, seguimos entre besos y caricias, hasta que la ropa empezó a desvanecerse en algún lugar de la habitación. Me detuve un momento para admirarla: se veía sumamente inocente y frágil, así que dentro de mí algo me hizo sentir culpable y con un poco de remordimiento. ¿quién era yo para invadir su cuerpo y violar su intimidad?
Ya tenía su consentimiento, sí; era lo que los dos deceábamos más que nada en el momento, pero aún así me sentía sin poder hacerlo.
-Amor.- se puso en cuclillas, acercándoce a mí. -¿Qué pasa?
-Yo... no sé.
Me besó, poniendo las manos sobre mi pecho. -No pasa nada... serás el primero en mi intimidad; el primero... y el único. ¿A qué le temes? Si tienes miedo de hacerme daño, ten por seguro que no lo harás. El amor nunca ha dañado a alguien cuando es correspondido.- poco a poco fue colocando sus manos en mi nuca, profundizando los besos; imponiéndome su ritmo y animándome a seguir.
¿Quién era yo para resistirme a ello? Era un simple muñeco de trapo ante sus caricias: me dejaba hacer... dejaba que ella me dejara bien claro lo que quería que hiciéramos... y fue hasta que cayó encima de mí que reaccioné y comencé a poner de mi parte, colocándola a ella, ahora, entre mis manos, bajo mis caricias y mis besos.
La noche pasó así: ambos envueltos en un ambiente de pasión; de amor... de deseos.
Ni siquiera nos dimos cuenta de a qué hora habían llegado los chicos.
La luz del sol nos despertó al cubrir nuestros rostros, pues habíamos olvidado cerrar las cortinas.
Giré a verla: estaba acostada muy cerca de mi pecho, con sus manos aferrando las sábanas y mirada triste.
-Buen día, amor.- traté de hacerla sonreír, pero fue inútil.
-Bill, tenemos que hablar.
-¿Qué pasa?
-¿Sabes por qué hicimos lo de anoche?- me quedé en silencio.
-Hay algo que...
-Te arrepientes de haberlo hecho.- dije decaído. -Sabía que no debí seguir...
-No es eso, tonto. Es otra cosa.
-Te escucho.
-Te amo, lo sabes, ¿verdad?- asentí. -Es que... es el acto mayor cuando amas a alguien... o eso creo. A parte de dar la vida por aquella persona que se convirtió en tu mundo.
-Me asustas, nena. ¿Qué pasa?- todo quedó en silencio unos momentos. -Si quieres regresar a casa, verémos qué podemos hacer. Si quieres que traigamos a Abii y a Yos, las traerémos; si hay algo que te haga falta... lo conseguiré. Aún si lo que quieres es el sol o la luna... veré al manera de conseguirlos sólo para tí... pero ya no estés triste.
-Bill...
-Si hay algo que te molesta, lo cambiaré. Si existe algo que te robe la alegría, lo terminaré con tal de verte sonrreir...
-Bill, escucha...
-Si lo que quieres es tiempo... aunque me duela, trataré de comprenderlo y te lo daré.
-...estoy muriendo.- sus manos apretaron aún más las sábanas al tiempo que mi cuerpo se erizaba.
-¿Qué?
-Muero, Bill... y es algo que no se puede evitar.- sentí una lágrima suya sobre mí.
-Deebs estar bromeando, nena.- dije nervioso  y tenso.
-Ese día que llegué tarde... fui al médico.- alzó su rostro. -Llevaba un tiempo sintiéndome mal y too empeoró con la muerte de mi padre. Me hice unos estudios que enviaron aquella tarde por correo; fui a recogerlos y a ver a un doctor aquí para que los leyera y...- su voz comenzó a temblar, impidiéndole seguir.
-¿Cuánto tiempo?- me dolía enormemente, pero logré preguntarle.
-Poco. Lo siento.- Las lágirmas comenaron a salir de sus ojos mientras regresaba su cabeza a mi pecho. Yo traté de aguantar el llanto... pero un par d elágrimas rodaron por mi rostro.
Ya no dijimos nada. Sólo la abracé en el silencio de la habitación...

1 comentario:

Génesis Moyeda dijo...

Hermosoo siguela no pares esto fue muy maravilloso pero tengo una pregunta, ¿poruqe matas a cristal? que bill no deberia de tener felicidad? bueno es tu novela son tus capitulos juegalos como quieras solo no pares de escribir tus fans esperan mas yo soy tu fan y te admiro muschisimo siguelaa....:)